Paloma Sánchez-Garnica en Nueva York, escenario de su novela 'Un hombre de honor'
Entrevista a la ganadora y finalista del Premio Planeta
Paloma Sánchez-Garnica: «El periodismo tiene que ser incómodo y más con adelanto electoral. Si no, algo falla»
Tras las peripecias que le pasan a la protagonista del libro, periodista, con su nueva novela, 'Un hombre de honor', la autora traslada esta vez al lector a la convulsa Manhattan de 1968 para intentar descubrir, entre otras, quién mató a Robert F. Kennedy
El periodismo, la lucha por el poder, la mafia y la corrupción se mezclan en la nueva novela de la reconocida autora Paloma Sánchez Garnica, Un hombre de honor (Planeta), que esta vez se traslada al Nueva York de 1968 para demostrar una vez más que el pasado no se va del todo, que el ser humano no aprende y sigue cometiendo los mismos errores pues sufrimos los mismos problemas que antaño, pero con otros protagonistas. El Debate habla con la ganadora del Premio Planeta 2024 por Victoria sobre la importancia de conocer el pasado y comprender el presente, marcado en España por el adelanto electoral.
-La novela transcurre en 1968 en EE.UU. ¿Por qué eligió ese escenario?
-1968 fue un año convulso, magnético... en el que hay una violencia política y social evidente, con las potencias de la guerra de Irán, la lucha por los derechos civiles de la población negra, los asesinatos de Martin Luther King, de Robert F. Kennedy. Además, no solamente fue convulso en Nueva York, o Estados Unidos, sino también en el resto del mundo, en México, en Europa... Y Nueva York es una ciudad que es un escenario perfecto para una novela, porque es muy visual, tiene muchos contrastes sociales y era el espacio perfecto.
-¿Hay que regresar al pasado para entender el presente?
-Totalmente. Tenemos que conocer el pasado para no cometer los mismos errores. Tenemos que entender, a través de lo que otros vivieron en circunstancias similares y cómo actuaron, para no cometer los mismos errores, para tener más instrumentos para aplicar en el futuro. Si no conocemos el pasado estamos abocados a cometer errores exactamente iguales. Además, si ignoramos el pasado no sabemos cómo nos hemos formado como sociedad. Es imprescindible entender el pasado. Y eso se hace a través de algo supermegarevolucionario que es el libro: con la ficción, las novelas de la literatura... La lectura es fundamental para crear una sociedad con pensamiento crítico, que no se deje manipular.
-El libro trata muchos temas: la mafia, la corrupción, el periodismo, la búsqueda de la verdad... ¿Qué paralelismos encuentra entre aquel clima convulso con el actual?
-El paralelismo es evidente porque hay cuestiones de actualidad que se podían plantear en 1968 y que nos podemos plantear ahora mismo: ¿quién tiene el poder? ¿Quién controla la información? ¿Qué límites tiene el Estado? ¿Qué consecuencias tiene la corrupción? La corrupción existe y sigue existiendo. Y sobre todo hay un tema que es fundamental que es la desconfianza de la población hacia las instituciones. Si damos la espalda a la política, que es el instrumento que nos organiza como sociedad democrática, que establece las leyes, los derechos, las obligaciones, el Estado de Derecho, las normas de convivencia... si damos la espalda a esa política, dejamos el terreno para que entren los asaltadores de la patria.
-¿Hasta qué punto nuestras convicciones ideológicas condicionan nuestra capacidad para reconocer ciertos hechos?
-Esa es una responsabilidad que tenemos como ciudadanos. Por una parte, está el periodismo que es fundamental, la libertad de prensa es fundamental para que la democracia funcione. El periodismo tiene que ser incómodo, tiene que sacar a la luz lo que se intenta ocultar y tiene que ser incómodo sobre todo para el poder. Pero también los ciudadanos tienen que tener otra responsabilidad: la de analizar la información que nos viene y de no quedarnos con lo que nos encaja mejor. Cada uno tenemos nuestro espacio de responsabilidad de no dejarnos manipular, de ser conscientes de que la información que nos llega no toda es verdad absoluta.
-¿Y en España cómo ve el periodismo? ¿Considera que la libertad de prensa está amenazada hoy en día?
-Siempre está amenazada la libertad de prensa cuando hay conflicto. Actualmente estamos en un periodo de confrontación constante y, más ahora, que estamos en un período un poco complicado hasta las navidades por el adelanto electoral. La libertad de prensa siempre está amenazada porque es incómoda para el poder y si la prensa se acomoda al relato de la institución oficial no es un periodismo que informa, que es lo que ocurría un poco en Estados Unidos hasta prácticamente 1970 con el Watergate. La responsabilidad está en el periodismo y amenazados estáis siempre, porque debéis de ser incómodos. El periodismo tiene que ser incómodo. Si es cómodo, algo falla.
-Ahora que ha sacado el tema del adelanto electoral,¿cómo lo está viviendo usted?
-Como todo español. Nos quedan ahora unas semanas y unos meses de más confrontación aún si cabe, y pues a aguantar y a seguir adelante y a votar el día 29 de noviembre y ya está. ¡Es es el juego de la democracia! Estaremos pendientes de la actualidad.
Aquí no hay una mafia napolitina, pero sí hay corrupción en todos los ámbitos: en la política y en nuestras instituciones
-El tema del honor es capital en el libro visto desde dos perspectivas. ¿Cuál de esas dos formas cree que está más presente hoy en nuestra sociedad?
-Las dos. Hay un concepto de honor que es el de cumplir unas normas que no se cuestionan, aceptar cosas que no nos parecen bien pero las aceptamos por creencia, empatía o porque no somos capaces de ser críticos ni siquiera con nosotros mismos. Y hay otra forma de honor que habla de que la justicia no puede depender de los políticos y de las convenencias personales. Son las dos caras de la moneda del honor y aquí no hay una mafia napolitina, pero sí hay corrupción en todos los ámbitos: en la política y en nuestras instituciones, hay delincuencia... Seguimos siendo una sociedad de seres humanos con defectos y con virtudes.
Como escritora todavía tengo que sufrir esta sensación de que escribo para mujeres cuando nunca se ha planteado que un hombre escriba para hombres
-La protagonista se mueve en un mundo profesional dominado por hombres. ¿Tienen hoy las mujeres seguir demostrando que valen mucho más que un hombre en un trabajo?
-Creo que todavía en algunos aspectos sí que tenemos que seguir demostrando un poquito más. Todavía hay prejuicios. Yo lo sé porque como escritora todavía tengo que sufrir esta sensación de que escribo para mujeres cuando nunca se ha planteado que un hombre escriba para hombres. Todavía hay, aunque cada vez menos. El problema de las mujeres ahora en el ámbito laboral es que sigue habiendo un problema en el tema de la maternidad, la conciliación, y el de los cuidados. Aunque los hombres han aceptado y se han integrado en la paternidad todavía no somos capaces de resolver el tema de la conciliación, de poder desarrollar una vida profesional y además ser madre plenamente. Todavía hay un desajuste.
Portada del libro 'Un hombre de honor' con Nueva York de fondo
-El asesinato del senador Robert F. Kennedy sigue generando preguntas y teorías alternativas. ¿Qué encontró durante su investigación que le sorprendió más?
-¿Quién mató a Robert Kennedy realmente? POrque aunque sufrió avrios disparos, la bala que le mata se introduce detrás de la oreja derecha cuando según todos los testigos el que le disparó está de frente a él. Ahora se cuestiona si fue Sirhan el que disparó la bala fatal o hubo otro tirador. La versión oficial es que hubo un único tirador, pero hay otras pruebas que determinan que no, que hubo un segundo tirador.
-¿Qué es lo que ha disfrutado más a la hora de escribir este libro?
-Mucho la investigación porque ha sido fascinante y apasionante. Además, me ha enriquecido mucho. Y en la escritura no disfruté tanto porque he tenido que hacer unos equilibrios muy complicados porque soy muy mala para la intriga y para el suspense ya que lo cuento todo. Y he tenido que hacer un equilibrio que para mí fue un reto ¡aunque estuve a punto de tirar la toalla en alguna ocasión! Así que un orgullo cuando acabé la novela.