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La estatua de Mazinger Z en Cabra del Camp

La estatua de Mazinger Z en Cabra del CampWikimedia

Go Nagai, creador de ‘Mazinger Z’, desata la locura en Italia entre fans nostálgicos del mítico anime

Cientos de fans, muchos de ellos cincuentones y sesentones, hacen cola en Lucca (Italia) para conocer al creador japonés de ‘Mazinger Z’ y ‘Goldrake’, cuyos robots marcaron a toda una generación y siguen alimentando la nostalgia décadas después.

Alessandro, de Italia, resume la pasión que ha llevado a cientos de seguidores a hacer cola en Lucca, en el centro de Italia, para conocer a Go Nagai, el dibujante japonés que revolucionó el manga y el anime con sus robots gigantes: «Tengo 60 años y todavía me encuentro siguiendo al gran maestro».

En el festival Lucca Comics & Games, que celebra su 60 aniversario, los disfraces de los jóvenes aficionados al ‘cosplay’ conviven con camisetas y recuerdos de quienes crecieron viendo sus series en televisión.

«Básicamente es una pasión infantil y las ganas de volver a tenerla cerca de adulto», explica también Gianpiero, que compra figuras para compartir su afición con su hijo.

Aunque ‘Mazinger Z’ conquistó las pantallas españolas en los años setenta, en Italia el fenómeno de ‘UFO Robot Goldrake’, conocido como ‘Grendizer’, fue especialmente intenso tras su llegada a la televisión en 1978.

Afrodita A y Mazinger Z, viejas figuras de los años 70

Afrodita A y Mazinger Z, viejas figuras de los años 70LVC

«Tenía 11 años cuando Goldrake se emitió por primera vez en Italia y fue todo un acontecimiento, lo cambió todo», recuerda Antonio.

La obra de Nagai, nacido en 1945, va más allá de los robots. Sus historias también hablan de la violencia y la naturaleza humana. El autor ha advertido recientemente de que la realidad se acerca a algunas de sus fantasías, donde las armas robóticas y la inteligencia artificial cobran protagonismo.

Su vínculo con Italia nació en la infancia, cuando descubrió la ‘Divina Comedia’ de Dante ilustrada por Gustave Doré, una influencia decisiva en su imaginación.

Para Gaia, la visita tiene un significado especial: conserva un libro de ‘Mazinger Z’ con el que aprendió a leer. «De niña dormía con el cromo de Goldrake porque era mi héroe, así que he venido a conocer al ‘sensei’», cuenta.

Décadas después, los robots de Nagai siguen convocando a varias generaciones que buscan algo más que figuras de colección: reencontrarse con la imaginación de su infancia.

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