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El editor Álex Rosal en El Debate

El editor Álex Rosal en El DebateEl Debate

Entrevista al editor Álex Rosal

Álex Rosal: «Una de las funciones del editor es provocar dolor al autor cuando recibe el manuscrito corregido»

El editor Álex Rosal publica ‘Código Editorial’ (LibrosLibres) donde desvela algunas claves del funcionamiento de la industria editorial

En el país de los 90.000 libros publicados al año (son datos del Ministerio de Cultura) y de la explosión sin precedentes de la vocación de escritor, muchos autores noveles se encuentran con que, al final, acceder a una editorial y ver su libro en las estanterías de la librería del barrio es una tarea titánica, casi imposible.

La frustración se acumula rechazo tras rechazo en un peregrinar de una editorial a otra que termina, habitualmente, con el original olvidado en un cajón y el fin de alguna que otra prometedora carrera literaria.

El editor Álex Rosal, con más de 30 años en el mundo de la edición, y 25 años al frente de la editorial LibrosLibres ha decidido compartir con los lectores las claves para suscitar el interés de los editores y evitar que el manuscrito termine ignorado.

El Debate ha conversado con él sobre su libro Código Editorial (LibrosLibres) donde plantea 40 preguntas que todo escritor quiere hacer a un editor.

–Reúne 40 preguntas que todo escritor quiere hacer a un editor. ¿Cuáles serían, en su opinión, las tres esenciales que debería hacerle?

–Una fundamental tendría que ser el contrato. Porque, en contra de lo que se pueda pensar, en el momento en que un autor novel recibe la buena noticia del editor de que le va a editar su manuscrito, es precisamente ese instante cuando llega el momento crítico, un momento crítico del que el autor no es muy consciente.

Cubierta del libro

Cubierta del libroLibrosLibres

Lo que me he encontrado es un perfil de autor entusiasta que al ver ya conseguido el objetivo, las cuestiones jurídicas prácticamente dejan de interesarle. Es un punto crítico porque, muchas veces, según qué editoriales blindan de tal manera el contrato que esclavizan al autor novel. En ese sentido, el autor tiene que poner un poco más de atención en lo que firma y no firma. Ese sería un punto.

Otra pregunta importante es «cuánto voy a ganar yo del libro», porque los autores se hacen a veces unas cuentas de la vieja un poco curiosas. Piensan que en el mundo editorial si vendes un poquito el editor va a conseguir un gran beneficio a costa del autor. El autor tiene que tomar conciencia de cuál es el marco económico del libro cuando se vende.

Saber que, por ejemplo, un libro que cuesta en torno a 20 euros, cierto que hay que descontar el 4 % del IVA, pero para hacerlo más práctico, si a los 20 euros le descontamos la suma de lo que se lleva la librería y el distribuidor, de esos 20 euros ya se quedan en 9 euros.

Si a esos 9 euros le quitamos lo que el autor se lleva, considerando que ha firmado por el 10 %, por lo tanto 2 euros, el editor se queda con siete euros.

Si le quitamos en torno a 3 euros, o 3 euros y medio, de lo que viene a significar el coste de la imprenta y del papel, ya el editor se queda en 4 euros.

Y ahí tiene que amortizar la inversión que ha hecho en la maqueta, en la corrección de estilo, la portada y los gastos de estructura. Con lo cual, el panorama económico ya queda mucho más diluido ante lo que puede tener en la cabeza el autor si vende unos cuantos miles de ejemplares.

Y, por último, quizás el autor debería preguntarle al editor cómo va a ser el proceso de edición. Es decir, el proceso donde el editor va a tener que meterse de lleno para corregir el libro.

Yo siempre digo que una de las funciones del editor es provocar dolor, que es lo que siente el autor cuando recibe el manuscrito corregido. Ese manuscrito, que le ha dedicado tanto tiempo, meses, incluso años, que lo considera ya un hijo literario, que lo quiere acunar y lo quiere cuidar, resulta que una vez que pasa por las manos del editor, prácticamente, en muchos casos, viene destrozado, porque el editor le ha sugerido que recorte ciertos capítulos, que amplíe en otros, que cambie el título, o que incluso pueda mutar la voz narrativa si es una novela…, y otras muchas cuestiones.

Entonces, el entendimiento entre el autor y el editor en ese proceso es fundamental. Si el autor no está dispuesto a acoger constructivamente y razonablemente algunas indicaciones que le dé el editor, casi es mejor que no firme ese contrato, porque no se van a entender.

–Pongamos que escribo una novela. No soy particularmente conocido ni activo en redes sociales. Invierto, no sé, un año, dos…, cuatro o los que sean de trabajo. La novela es objetivamente buena, pero me encuentro con un rechazo tras otro en todas las editoriales a las que acudo, los agentes literarios o me rechazan o ni me contestan y en todos los premios literarios a los que presento la novela, salgo con las manos vacías. Obviamente, la novela termina en un cajón. ¿Qué ha pasado?

–Lo que ha pasado es que nos hemos aproximado a la industria editorial con una mentalidad de pensar que las editoriales son entidades caritativas, casi una ONG de aspecto literario donde me tienen que hacer el favor de publicar el libro.

En ese sentido, hay que cambiar completamente la mentalidad. Cuando un autor novel ofrece a una editorial su manuscrito, su texto, su original, tiene que ofrecer más que una novela, un proyecto. Un proyecto que sea asumible por el editor, que al final es el que va a hacer la inversión.

Un editor cuando lee, una novela, un ensayo, lo lee de forma diferente a un lector normal. Indudablemente, intenta descubrir si esa novela tiene talento, si está bien escrita, si tiene una solidez, si tiene una tensión narrativa… Pero tiene un tercer ojo que le está indicando si realmente esa novela se puede convertir en un proyecto editorial al que se le pueda invertir dinero y que el editor tenga un legítimo retorno económico.

Eso realmente es lo que cambia que un libro pueda ser publicable, que realmente se convierta en ese proyecto que pueda ser comercialmente viable y que tenga una difusión.

Al final, una editorial es una entidad curiosa, porque tiene que satisfacer el interés del lector, y tiene que satisfacer que el lector tenga ese placer para leer un texto literario, o, si es un ensayo, que pueda tener una influencia legítima sobre él, pero junto a esa rentabilidad tiene que haber otra que es la económica. Si un editor sólo se fija en la primera rentabilidad, y se equivoca dos, tres o cuatro veces, al final, si está al frente de una editorial pequeña o mediana, acabará quebrándola, y si está en un departamento de una gran editorial, lo acabarán echando.

El editor tiene que buscar un equilibrio entre satisfacer al lector con un libro que le pueda edificar y le pueda dar un placer desde el punto de vista intelectual, y que a su vez pueda encontrar un retorno económico lo suficientemente interesante como para poder invertir en otros libros.

Esa diferencia entre buscar que me publiquen mi libro a intentar convencer a la industria editorial de que yo estoy ofreciendo un proyecto interesante donde todos vamos a ganar, eso es lo que cambia todo.

–En definitiva, ¿cuál es ese motivo oculto por el que las editoriales rechazan el 99 % de los manuscritos?

–Hay varios motivos. Hay un motivo que no se suele comentar en la industria editorial, pero que es bastante común, y es que las editoriales, da igual el tamaño que tenga, prestan poca atención a los manuscritos no solicitados. Y como tienen equipos reducidos, prácticamente es la última labor a la que se dedica un editor.

Antes, cuando la gente mandaba manuscritos en papel, se solían amontonar en un rincón, y cada quince días, a lo mejor, un editor o dos dedicaban un tiempo para leer en forma de cata, si esos manuscritos podían tener algún tipo de interés.

Hoy en día se reciben, prácticamente la totalidad, el 100 %, por e-mail, y, muchas veces, por la falta de tiempo, o se leen rápido o no se leen. Con lo cual, hay un porcentaje altísimo de manuscritos que se rechazan sin haberles prestado la atención adecuada.

Eso, por una parte. Luego, hay otro fenómeno bastante común, y es que el autor novel, cuando tiene su novela, no hace una determinada investigación de mercado para ver dónde puede encajar adecuadamente. Entonces, de forma natural, empieza a disparar a todas a aquellas editoriales que se le ponen por medio, y no discierne que hay editoriales que tienen una serie de géneros y otras, otros.

Por ejemplo, yo he recibido a lo largo de estos 30 o 35 años de vida de editor, mucha poesía, cuando yo no editaba poesía. Otros colegas, que solo publican ficción, reciben, sin embargo, textos académicos o textos técnicos. Esto es lo común, no adecuar el género a la editorial.

Luego, hay otro factor, y es la cosmovisión de la editorial. Hay editoriales que son conservadoras y que reciben manuscritos de loas al marxismo, o viceversa. O hay editoriales que son religiosas y reciben textos que son una defensa del ateísmo.

Entonces, hay una descompensación. No quiere decir que esos libros sean malos, pero el escritor lo manda al sitio equivocado. Eso podría ser otra explicación del por qué se rechazan los libros.

Luego hay otro porcentaje de libros que son rechazados por la presentación. La mayoría de las presentaciones que se mandan por correo electrónico empiezan por cuna motivación personal del escritor, de lo que ha disfrutado escribiendo el libro, de lo bueno que es mi libro, pero sin venderse. Y al no haber un proyecto concreto, también lo rechazas.

Hay otro porcentaje formado por aquellos que, a la hora de presentar un manuscrito, lo hacen de una forma ilegible, con una letra pequeñísima, una tipografía que no es la adecuada para leer, unas líneas de texto enormes… Entonces, de entrada, se hace tan complicada la lectura que el editor lo rechaza.

Se podría hablar de otros muchos motivos, pero al final son una amalgama de motivos que hacen que el editor, que tiene muy poco tiempo para atender esos manuscritos no solicitados, considere que ahí no hay un proyecto verdaderamente interesante como para poder invertir su tiempo y su dinero.

–La democratización de la escritura y la multiplicación de las editoriales ha tenido como efecto colateral una explosión de la vocación de escritor. Todo el mundo se ha puesto de repente a escribir. ¿Qué consejo daría a quien desee ser escritor?

–Lo primero, que lean mucho. Para escribir bien hay que leer mucho. Es el secreto que todos los grandes escritores suelen dar. Lo segundo, el escribir es una vocación muy solitaria que requiere dedicar un tiempo de calidad donde haya una cierta tranquilidad. El escritor que se aproxima a unos folios tiene que buscar dentro de su casa, o de otro ámbito, un sitio donde tenga cierta tranquilidad y un cierto tiempo por delante para poder desarrollar esas ideas.

Hay que pensar que, seguramente, en muchos momentos de ese proceso, las ideas no te vienen, y está la tentación de abandonar o de pensar que las grandes ideas vienen por arte de las musas o de otro tipo de asuntos. Y no, realmente hay que seguir intentando, una y otra vez, insistir, porque cuando estás en una labor creativa, neuronalmente, el cerebro se activa de tal manera que, en un momento determinado, puedes dejar de lado esa labor creativa, pero el cerebro sigue componiendo y sigue creando sobre lo que ha estado trabajando.

Muchas veces, puedes estar trabajando una hora o dos horas, a lo mejor no has tenido un gran desarrollo, o no has tenido una gran rentabilidad en la escritura, te vas a dormir, el cerebro sigue trabajando y, por la mañana, por esos misterios, te vienen esas ideas que el cerebro ha ido poniendo sobre lo que previamente se había trabajado y que no había tenido mucho fruto.

Hay que insistir, y es muy importante que el escritor, en esa labor solitaria, suele recibir a un fiscal acusador que permanente mente le dice que qué hace perdiendo el tiempo, que eso no va a tener ningún tipo de final feliz y que nadie se lo va a publicar.

Hay que luchar contra ese fiscal acusador que permanentemente te está tirando abajo esa ilusión y ese trabajo. Es importante contraponerlo con un abogado defensor que, de alguna manera, con argumentos ya prefijados, pueda bloquear esas críticas que, al final, te va afectando.

–A lo largo de su carrera ha publicado más de 600 títulos y rechazado más de 1.000 manuscritos. ¿Qué tenían en común todos esos manuscritos rechazados?

–Calculo que un 25 % era por haberse equivocado en el género o cosmovisión de la editorial, enviarlo a la editorial equivocada. Otro 25 % por haberlos despachado con poco tiempo, y podríamos decir que había un 15 o un 20 % que eran manuscritos ilegibles, otro 10 % donde la presentación de la carta echaba para atrás, y el resto eran proyectos o textos adecuados pero que, a lo mejor en ese momento, no tenía la capacidad económica para ampliar el plan editorial y los tenía que rechazar, que eso es también algo común.

–Luego están los manuscritos que consiguen superar los filtros de las editoriales, se publican, llegan a librerías…, y venden unas pocas decenas de ejemplares. Ese es el destino de la mayoría de títulos. ¿Por qué sucede eso y cómo evitarlo?

–Ahí se pueden dar varios factores. El mundo del libro es un mundo imprevisible, no es una ciencia exacta. A lo mejor has tenido un gran éxito con el libro de un autor, le publicas un segundo y fracasa estrepitosamente. No guarda relación entre el éxito de uno y el fracaso de otro.

O, a lo mejor, apuestas por un autor desconocido donde prácticamente no inviertes dinero en la promoción y tiene un éxito enorme. En cambio, en otro autor que sí que intuyes que va a tener una gran difusión, implicas tiempo y recursos, y fracasa.

El mundo editorial es muy volátil y muy subjetivo. Nadie puede decir que tiene capacidad para crear un bestseller, porque ningún editor tenemos esa varita mágica. Otra cosa es que tengamos un cierto olfato para poder mejorar un manuscrito y convertirlo en un proyecto viable.

Ahora, para que se convierta en un éxito, hay muchos factores. Si es un ensayo, pues a lo mejor, si es un ensayo de actualidad, puede tener un mayor éxito si justo en ese momento la actualidad se coordina la salida del libro. También es muy importante la implicación del autor en la promoción. Hay autores que se implican enormemente y gran parte del éxito hay que ponérselo a él.

Luego, también, la propia edición del libro, y que haya un equilibrio entre el precio de venta al público y el libro en sí. Porque hay libros que son excesivamente caros para lo que estás vendiendo como edición.

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