02 de octubre de 2022

Detalle de portada. «Contracorriente... hacia la libertad» de Mariano Fazio

Detalle de portada. «Contracorriente... hacia la libertad» de Mariano Fazio

Ensayo / Pensamiento político

«Y los mejores hijos de Inglaterra resultaron ser católicos»

Un breve y útil ensayo de cómo afrontar las dificultades del tiempo presente: Tomás Moro, Newman, Chesterton y los mártires de la persecución anglicana

Detalle de portada. «Contracorriente... hacia la libertad» de Mariano Fazio

EL BUEY MUDO / 155 PÁGS.

Contracorriente… hacia la libertad

Mariano Fazio

Debo reconocer que la introducción del libro, Contracorriente… hacia la libertad, del sacerdote y profesor Mariano Fazio, me provocó una extraña sensación a medio camino entre la sorpresa esperanzada y una ya acostumbrada prevención a salir defraudado en estas mis pequeñas ilusiones. 
El verdadero personaje de las páginas que se introducían, Inglaterra, ha ocupado desde siempre en mi corazón un lugar muy especial. En este caso, además, aparecía representada por tres de sus más insignes hijos: Tomás Moro, el Cardenal Newman y G.K. Chesterton, arquetipos perfectos de todo lo que de más admirable tiene el carácter de ese extraordinario pueblo.
Encarnación, precisamente, de un modo de ser en el que, no sólo como católicos, sino singularmente como españoles, nos podemos sentir muy reconocidos: la lealtad. En este caso, una lealtad a la verdad que da peso a la vida del hombre y le hace capaz de permanecer, como decía nuestro querido papa sabio, Benedicto XVI, ante los vientos de doctrina que han zarandeado innumerables veces «la pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos». Y debo decir, para gozo del que esto escribe, que esta vez mi pequeña ilusión no quedó en absoluto defraudada, porque este encantador libro es lo que promete, e incluso un poco más.
El profesor Fazio propone un recorrido por la historia católica de la Inglaterra anglicana, desde el origen del cisma en el siglo XVI hasta la actualidad, de la mano de tres personajes que encarnan, como decía antes, lo mejor de ambos mundos: perfectos ingleses, en su caballeresca lealtad a la verdad, y perfectos católicos, en su desmedido amor por la razón. Lo que hizo de ellos, en la época en la que vivieron y para siempre, testigos privilegiados de la libertad.
El otro personaje que recorre el libro, como antagonista, lo ha hecho también en la historia desde unos siglos antes de la ruptura de la Iglesia anglicana con Roma y constituye uno de los centros de interés académico del autor: el proceso de la Modernidad y la secularización, que no sólo secó las fuentes de las que bebía la razón, estrechándola hasta unos límites que sólo ahora empezamos a conocer, sino también, y por lo mismo, la libertad. Los tres dieron testimonio en su vida, de modo muy distinto, de la liberación que se opera por la fe. Una libertad que es inevitable que se manifieste, y eso no es fruto de errores históricos, «a contracorriente» del mundo.

Perfectos ingleses, en su caballeresca lealtad a la verdad, y perfectos católicos, en su desmedido amor por la razón

Ese algo más que el libro ofrece es una clarificadora visión de conjunto de lo que ha sucedido en Inglaterra desde entonces, porque esta edición incorpora, respecto a la publicada en argentina en 2012, un muy interesante capítulo sobre la evolución de la Iglesia católica en Inglaterra hasta nuestros días, con referencia a algunos otros mártires menos conocidos. Y la impresión inequívoca que deja en el lector es que los mejores hijos de Inglaterra resultaron ser católicos.
En todo caso no es un libro de historia, sino al contrario, en su planteamiento y conclusión es de una extraordinaria actualidad, pues como señala el autor, «el drama» que entonces vivieron por amor a la verdad «se repite con frecuencia en las sociedades democráticas de nuestros días». Pero entonces, como ahora, uno querría ser contado militando al lado de Tomás Moro, Edmund Champion o el siempre genial Chesterton.
Escrito con sencillez y perfectamente asequible a todos, este libro es una pequeña gozada por lo que supone de descanso en la confianza de que nada de lo que nos puede suceder en la actualidad es nuevo y de que los católicos hemos sido rescatados de las servidumbres del poder y de las ideologías que atraviesan el tiempo presente para ser introducidos en una Historia más grande que promete, aquí y ahora, la libertad, aunque eso exija ir «a contracorriente». Pero creo que fue el santo cura de Ars el que dijo en una ocasión que si en la vida no te das de bruces en alguna ocasión contra el diablo es señal de que caminas de su mano. 
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