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El escritor y médico mexicano, Orlando Mondragón (2-d), es el ganador del premio XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, posa con el poeta Luis Antonio Villena (i); el expresidente de la Fundación Loewe, Enrique Loewe, y la presidenta de la Fundación que concede el premio, Sheila Loewe, durante la ceremonia de entrega celebrada este martes en Madrid.

El escritor y médico mexicano, Orlando Mondragón (2-d), es el poeta más joven en recibir el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe.EFE

Orlando Mondragón, Premio Loewe de Poesía 2021

«La poesía forma puentes entre los hombres, es una comunicación íntima e intransferible»

El poemario Cuadernos de patología humana, del joven poeta mexicano Orlando Mondragón, convierte la enfermedad y el dolor en una experiencia poética y extraordinaria.

Orlando Mondragón (Guerrero, México, 1993) es el primer autor menor de 30 años que logra hacerse con el prestigioso Premio Loewe de Poesía, dotado con 25.000 euros, gracias a su obra poética en la que escribe, desde el conocimiento de causa por su profesión de médico, sobre la experiencia del dolor y la enfermedad.

Según el Jurado presidido por Víctor García de la Concha, Cuadernos de patología humana es un poemario capaz de hacernos entender la realidad del dolor, la enfermedad y la muerte, con un léxico científico que no le resta un ápice de sencillez y frescura. Algunos miembros del jurado han incidido en este aspecto para glosar la excepcionalidad de los versos del joven autor mexicano.

La poesía del dolor y la patología

Margo Glantz ha señalado que «la poesía de Orlando Mondragón convierte la patología en algo poético, algo muy extraordinario. A pesar de que por lo general sea un tema algo siniestro, el autor lo maneja de tal manera que se vuelve totalmente poético». Y ahondando en la misma idea, también Jaime Siles ha insistido en que «es un libro personalísimo sobre el dolor, la enfermedad, la muerte y la escritura, la poesía y la resurrección. Escrito en un lenguaje aparentemente sin recursos, pero que tiene la difícil complejidad de la sencillez».

Al acto de entrega del premio XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe han asistido numerosas personalidades del mundo de la cultura.

Al acto de entrega del premio XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe han asistido numerosas personalidades del mundo de la cultura.EFE

El escritor y médico mexicano, Orlando Mondragón, pronuncia su discurso de agradecimiento tras recibir el XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe en una ceremonia celebrada este martes en Madrid.

El escritor y médico mexicano, Orlando Mondragón, pronuncia su discurso de agradecimiento tras recibir el XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación LoeweEFE

En el acto de entrega del premio Sheila Loewe, la presidenta de la Fundación, ha indicado cómo «tras dos años durísimos de pandemia y la enorme tristeza por la guerra en Ucrania, queda el consuelo de la poesía y el poder compartirla». Y el expresidente, Enrique Loewe, ha recordado que estos premios han sido «la gloria más preciada y querida para él», y que aunque se he pasado la vida haciendo bolsos y luchando en el proceloso mundo de la moda, ha «tenido la ilusión de vivir en la poesía».

La llamarada interna de Orlando Mondragón

Para presentar al ganador, Luis Antonio de Villena ha descrito su poesía «como muy eficaz con los mínimos elementos, con los que logra una sobriedad y una suerte de tensión y llamarada interna. Se trata de poemas fríos y cálidos. Por fuera son lo justo, retratan situaciones médicas urgentes, graves, mientras que, al mismo tiempo, reflejan la metáfora de la condición humana para sobreponerse al dolor».

Por supuesto, el propio autor Orlando Mondragón ha querido compartir el esfuerzo para alumbrar este poemario que comenzó a escribir en 2017, y ha señalado que como médico, «siempre tiende a poner una barrera entre él y el paciente», pero que escribir este poemario le ha «abierto los ojos a descubrir que la relación entre ambos es en los dos sentidos», como el descubrimiento de una relación de compasión y de celebración de una humanidad descubierta a través del límite de la enfermedad, y las metáforas que esa circunstancia hacen brotar en el espíritu poético del galardonado.

«Ha muerto unos instantes

después de que mis manos

buscaran despertar su sangre.

Oscuras turbulencias

revolvían su pecho.

Su vida coagulada

detenía el oxígeno.

No funcionó.

Su corazón ya no podía hablar,

tartamudeaba.

Dentro de las costillas

un ritmo incompatible, atropellado,

un código sin traducción.

Le tomo la mano a mi enfermo

sin que los otros miren.

El monitor de pulso

Sigue chillando con su alarma.

Una enfermera lo apaga. Silencio».

El arte abre una nueva perspectiva a la vida

El poeta galardonado también ha querido responder en medio del fragor del día a las preguntas de El Debate.

–¿Qué tipo de consuelo ofrece la poesía en un mundo tan ansioso y desvariado como éste, postpandémico?

–Siempre he pensado que escribo contra todo eso que mencionas. La poesía es el recordatorio de que a pesar de todo dolor, el duelo y la incertidumbre que existe en el mundo, todavía es posible encontrar belleza en él. Aunque también la belleza pueda ser terrible.

–Qué tipo de consuelo te ha dado a ti como persona que escribe.

–El de saberme escuchado. La poesía forma puentes entre los hombres, es una comunicación íntima e intransferible.

–¿Qué significa la realidad para alguien como tú que escribes y que, por tanto, observas y ves, quizá más que otras personas?

–No creo que sea mejor observador que alguien más, es sólo que prefiero usar la palabra escrita para comunicar mi asombro.

–Como psiquiatra, ¿Recomiendas la lectura y la escritura a tus pacientes?

–Claro, pero no sólo literatura, también cine, música, pintura… Creo que el arte tiene una manera única de poner en perspectiva nuestra propia vida.

La compasión de un poemario

En definitiva, es de una compasión descubierta entre enfermo y médico ( un padecimiento acompañado) de donde nació éste poemario, como una especie de «diario médico»; como una llamada a compartir las pequeñas cotidianidades en las que se desvela la humanidad del otro, manifestado a través del sufrimiento y la necesidad de compañía.

En la poesía de Orlando Mondragón también se descubre que la distancia, previamente calculada e impuesta entre nosotros y el mundo puede, afortunadamente, quebrarse al descubrir la realidad doliente del enfermo como signo de una necesidad de consuelo y vínculo verdadero; de anhelo de algo tan sencillo como el hogar humano, que el joven médico-poeta reconoce en el verso «es tan poco lo que hace falta / para ser una casa/ apenas estar lado a lado / tocarse», estar presente como posición humana de apertura ante la vida doliente y, a la vez luminosa, de los otros.

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