08 de diciembre de 2022

Portada de «Naturaleza sagrada» de Karen Armstrong

Portada de «Naturaleza sagrada» de Karen ArmstrongCrítica

'Naturaleza sagrada': contradicciones, cosmovisiones opuestas y afirmaciones de brocha gorda

La estructura de este ensayo se sostiene sobre la hipótesis de que la modernidad en su totalidad, y la cristiandad en su mayor parte, han de ser revisadas. Como quien no quiere la cosa, se ventila quinientos años de filosofía e historia

No he sabido por dónde coger este libro porque su pensamiento, tan líquido, se me escurría entre los dedos. La mezcla de ideas, pensamientos, filosofías contradictorias, cosmovisiones opuestas y afirmaciones de brocha gorda llevan al lector a un estado de perplejidad. Dudaba si lo mejor para absorber las energías negativas del cosmos sería lanzarme a cultivar marihuana o hacer un curso intensivo de yoga.
Armstrong piensa que el valor del mito es que de él se deduce necesariamente una conducta: «un mito es esencialmente una guía, pues nos indica lo que hemos de hacer para llevar una vida más plena y positiva». Los antiguos jamás hubiesen tratado de deducir geométricamente una ética del mítico. Pero es que, además de ser falso, hace que el libro se convierta en una moralina infantil. Cada capítulo acaba con un mandato para cambiar el mundo del tipo «podemos empezar dando unos pasos muy sencillos, quizá el de sentarnos diez minutos al día en un jardín», «tenemos que ser agradecidos ante los ritmos espontáneos de la naturaleza» o «no podemos seguir subiéndonos a los aviones ni conducir nuestros coches o quemar carón con la misma despreocupación de antes».
La estructura del ensayo se sostiene sobre una hipótesis: hemos abusado del logos y hemos perdido el mito. En la clásica distinción entre el mito antiguo y el logos juánico, la autora piensa que el logos ha acabado con el mito y que hay que volver a la época mítica. Es decir, la modernidad en su totalidad, y la cristiandad en su mayor parte, han de ser revisadas. Así, como quien no quiere la cosa, se ventila quinientos años de filosofía e historia, y dice que “si hemos saqueado la naturaleza, tratándola como un simple recurso, es porque en los últimos quinientos años hemos cultivado una cosmovisión muy distinta a la de nuestros antepasados".
Dice que los cristianos empezaron a considerar a «Dios» como una realidad inherentemente distinta al mundo y que hay que recuperar aquella «sensibilidad» antigua. ¿Cómo? «En primer lugar -dice- alterando nuestra percepción de Dios. En lugar de verlo como un ser masculino y confinado en un remotísimo cielo, debemos entenderlo como una presencia interior, inexpresable pero dinámica, que fluye en todas las cosas». Las afirmaciones imprecisas o erróneas se suceden sin solución de continuidad y a veces llega a extremos sorprendentes, como cuando afirma que «la naturaleza no ocupa un lugar destacado en el judaísmo y el cristianismo, pero en el islam sí». Llegados a este punto lo que no comprendo es cómo pudo merecer el premio Princesa de Asturias en 2017.
Portada de «Naturaleza sagrada» de Karen Armstrong

Crítica / 194 págs.

Naturaleza sagrada

Karen Armstrong

El libro, en realidad, es un fluir de sentimientos y sensaciones inexpresables, con citas de Confucio, el Evangelio, el Tao, Buda, Descartes, «los egipcios», el Corán y Francis Bacon, para llevarnos a una única cuestión, «la gravedad de nuestro apuro medioambiental». Es en lo único que puedo coincidir, pero creo que el refrito new age que propone como solución sólo puede provocar, como ella misma confiesa en el epílogo, que salgamos más tristes.
Si se diese cuenta de que la conciencia que predica de la necesidad del cuidado de la naturaleza es moderna, absolutamente moderna, entonces podría ir más a fondo con su época y apelar a una responsabilidad autoconsciente, en lugar de la fuga mundi a la que invitan sus meditaciones. El espiritualismo descarnado y el moralismo asfixiante son dos caras de la misma moneda, y este ensayo es el enésimo ejemplo de que una cultura que no invite al encuentro entre la razón y la experiencia lleva a rupturas violentas de la vida que se manifiestan en la tristeza y la desconfianza de lo humano.
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