Cubierta de Jim
'James': el otro punto de vista
Novela que versiona Las aventuras de Huckelberry Finn con el centro narrativo en el esclavo Jim, que toma la palabra y escribe la historia
La última novela de Percival Everett, ganadora del National Award Prize 2024 y finalista del Booker, propone un sorprendente diálogo con Las aventuras de Huckelberry Finn. El escritor norteamericano ha publicado una treintena de obras desde comienzos de los años 80. Su novela Cancelado (Erasure, 2001), publicada también por De Conatus, fue adaptada a la pantalla en la película American Fiction (2023) de Cord Jefferson. Steven Spielberg adquirió recientemente los derechos de James y será el productor ejecutivo de su versión cinematográfica.

traducción de Javier Calvo
de Conatus (2024). 344 páginas
James
«Yo puedo deciros que soy un hombre que conoce su mundo, que tiene familia, que ama las familias y que ha sido arrancado de la suya; un hombre que sabe leer y escribir, un hombre que no quiere que su historia sea narrada por él mismo, sino escrita por él mismo».
James recupera el viaje emprendido por Huck y Jim en la conocida obra de Mark Twain (publicada en 1884). Sin embargo, frente a la narración de origen, Everett sitúa al esclavo en la dirección del relato. Aunque James ha sido definida recurrentemente como una reescritura, reinvención, revisión o respuesta a la novela de Twain, Everett prefiere hablar de una conversación entre ambas obras, en lo que considera un acto de justicia ante quienes quedaron mudos en la primera. En palabras del escritor, con la experiencia del esclavo Jim se consigue que el viaje sea realmente compartido por ambos personajes.
Al igual que la narración primigenia, James es una novela de aventuras que adquiere vértigo, especialmente en la parte final, en la que los conflictos se suceden en un emocionante in crescendo. A pesar de que las andanzas de ambos protagonistas resultarán familiares para los lectores de la pieza de Twain, la obra de Everett se desvía de ésta en varias ocasiones. Unas veces, como consecuencia lógica del cambio de narrador. En otras, mediante licencias del escritor para lanzar consideraciones sustanciales sobre la sociedad norteamericana (como el acercamiento temporal de los hechos a la Guerra de Secesión).
En el epicentro de estas reflexiones, que se introducen habitualmente a través de los sueños del protagonista, se sitúa la esclavitud. En ellos, Jim dialoga (la idea de conversación, una vez más) con nombres como John Locke, creador de la Constitución del estado de Carolina, o Cunégonde, personaje de la novela Cándido de Voltaire. Mediante estos diálogos Everett lanza perturbadoras visiones de la barbarie desde nuevas aristas, como cuando Cunégonde manifiesta que el esclavismo esconde esencialmente intereses económicos: «Estás hipotecado, Jim, como una granja, como una casa»; para afirmar a continuación que, como consecuencia de ello, algún día podrá dejar de ser esclavo, pero nunca alcanzará la libertad. O cuando el propio Jim se refiere a la hipocresía tras ciertas posiciones frente a la esclavitud asegurando que los intentos de abolición en realidad no esconden más que miedo y sentimiento de culpa de los blancos y no un verdadero intento de restablecer la justicia. Frente a la atrocidad, James encuentra el contrapeso para recuperar la dignidad y el honor en los vínculos familiares y la amistad, a pesar de que incluso estos suponen un escollo más en la consecución de la ansiada libertad.
Sin desdeñar en absoluto todos estos logros, James sobresale como apasionante reflexión sobre el poder del lenguaje. La novela ofrece entusiastas reflexiones sobre el placer de la lectura («en aquel momento se me hizo real y evidente el poder de la lectura. Mientras tuviera delante las palabras, nadie podría controlarlas ni controlar lo que yo obtuviera de ellas») o de la escritura («con el lápiz, me convertí en alguien»). En el relato, a pesar de su dominio de la lengua, los esclavos emplean el dialecto negro de Misuri como protección y mecanismo de supervivencia ante sus dueños. En ese camino hacia la libertad de Jim a la largo del Misisipi, el lenguaje se revela (y rebela) como una de las herramientas más poderosas. Como afirma tras advertir en la cara atemorizada de un hombre blanco, «lo que lo perturbaba y aterraba no era sólo la pistola, sino también mi lenguaje, el hecho de que no me ajustara a sus expectativas, de que pudiera leer». Una lucha a través de las palabras que se reafirma en algo tan simbólico y sustancial como el nombre del protagonista, cuando reivindica el de James (del título) frente al Jim que todos emplean en la narración.
Finalmente, la revisión del texto original inglés y su adaptación al castellano plantea una apasionante pregunta relacionada también con el lenguaje: ¿cómo debería abordarse la traducción a otra lengua de una novela como James ante las evidentes dificultades de interpretación de un lenguaje codificado como el que emplean los personajes de la obra y que se concreta en diálogos cargados de incorrecciones gramaticales, alteraciones fonéticas o la omisión de sonidos mediante contracciones inexistentes en la lengua normativa?