Detalle de cubierta de Solos
'Solos (13-18)': cuando los jóvenes han de madurar a marchas forzadas
La relativa placidez en la que vive Sam junto a su familia salta por los aires. Y los chicos y las chicas que están en la franja de edad que va desde los 13 a los 18 han de tomar el control de sus vidas…
En los últimos tiempos me he percatado de cierta tendencia hacia la distopía en la narrativa, posiblemente influida por la pandemia del COVID-19, que sumió a todo el planeta en una crisis sociosanitaria como no se había visto desde la gripe española del 18. Esta circunstancia, que por un lado ha estrechado los límites de lo que en la narrativa podría considerarse hasta hace poco ciencia ficción, mientras que ahora es poco menos que realismo, puede que esté creando tendencia también en la novela juvenil. Ahí está de ejemplo el Premio Edebé de Literatura Juvenil 2024, Reyes de la montaña, de Daniel Hernández Chambers –que reseñé en este diario–, que aborda las circunstancias de unos jóvenes que, tras un retiro en las montañas, descubren que un virus ha aniquilado a la población mundial.

Loqueleo (2024), 320 páginas
Solos (13-18)
Esos elementos narrativos (chavales jóvenes, pandemia, reseteo vital en un paradigma desolador y la lucha denodada por la supervivencia) los hallamos igualmente en Solos (13-18), de Rafael Salmerón, una novela editada por Loqueleo (un proyecto de literatura juvenil e infantil de Santillana). El planteamiento es de lo más sombrío: el grueso de la población muere, primero los niños, que enferman y pierden la vida, y luego los adultos, muchos de los cuales directamente se dejan morir.
Esto obliga a los jóvenes supervivientes a deambular en un mundo nuevo, aterrador, sin reglas, donde el más fuerte impone su ley. Y accedemos a los hechos desde el punto de vista de Sam Moure, un chico de diecisiete años que se ha mudado con su familia desde Chicago a la ciudad de Asheville, en el oeste de Carolina del Norte, en un valle de la cadena de los Apalaches. Recién llegado desde el norte, el joven trata de adaptarse a duras penas al entorno, aunque, como bien leemos, tampoco en Chicago se encontraba en su salsa. «Así que supongo que el cambio no había sido tan drástico. Había pasado de estar absolutamente perdido en Chicago, Illinois, a estar absolutamente perdido en Asheville, Carolina del Norte».
Lo que no suponía Sam es que la relativa placidez en la que vivía junto a su familia y en el instituto saltaría por los aires. Los chicos y las chicas que están en la franja de edad que va desde los 13 a los 18 tendrán que tomar el control de sus vidas…
En la novela se intercalan momentos del pasado con el presente, y podemos pasar de una huida a la desesperada, que es como comienza el libro, con situaciones apacibles entre Sam y su hermano pequeño… antes de que este muriera por estar por debajo de los trece años.
Por suerte para Sam, inmerso en un escenario de violencia y drama en el que no sabe moverse, le acompaña su amigo Bobby, un chaval que atesora ciertas virtudes que lo hacen destacar en el lugar que han elegido para huir: el campo. (Pero ¿huir de qué?). Listo y con determinación, Bobby no duda en hacerse con el arma de un vecino: una Remington 870 que le vendrá muy bien ahora que los antes apacibles jóvenes del lugar se han consolidado en bandas armadas.
Sam, Bobby, la jovencita Madeleine (13 años), Sara, Claire, el atrabiliario Kirkman y otros jóvenes se ven inmersos en una trepidante sucesión de aventuras –o más bien malaventuras– que les depara a cada uno de ellos diversos finales.
La novela nos ofrece una estampa de lo que, en otras circunstancias, sería una ventaja para muchos jóvenes: administrarse a su antojo, sin la tutela de sus mayores. En Solos (13-18), sin embargo, esa emancipación anticipada los obliga a vivir desde cero: buscar comida, planear la huida, sortear los enfrentamientos con bandas rivales… Hay también, cómo no, espacio para las relaciones humanas: el compañerismo, el primer amor, la amistad en los momentos más duros, la falta de apoyo de los mayores…
En las últimas páginas, el libro da un giro, del que nada contaré para no hacer spoiler, con nota crítica a esta sociedad en que vivimos incluida.
Solos (13-18) es el retrato de una generación que está sola, en el sentido más estricto de la palabra, sin la ayuda de sus padres y de las infraestructuras habituales en una sociedad normalizada.
Chicos y chicas, en definitiva, que se ven obligados a madurar antes de tiempo, una madurez que, bien mirado, parece ir emparejada a los lectores de estos libros nada complacientes que nos presentan las peores circunstancias posibles.
Solos [13-18] es una buena novela para una franja de lectores que diría, en mi opinión, de los quince a los dieciocho años.