Detalle de cubierta de 'Monterrosso mon amour'
Una elegía a la vida en clave literaria: ‘Monterosso mon amour’
Cuando el pasado regresa disfrazado de ficción y el autor decide habitar su propia historia
Ilja Leonard Pfeijffer (1968, Países Bajos) es un prolífico y premiado escritor neerlandés, conocido por su poesía, teatro, literatura de viajes y novelas, y aclamado por su dominio del lenguaje, sus narraciones ricas y su humor irónico, a menudo sarcástico. Estudió lenguas clásicas y enseñó griego en la universidad antes de debutar como poeta en 1998 con Del hombre cuadrado. Su novela La Superba (2013) ganó el prestigioso premio Libris en los Países Bajos, el galardón literario más importante de su país. Pfeijffer es también reconocido por su capacidad para explorar temas complejos como la migración y la decadencia europea a través de una prosa cristalina, rabelesiana y ágil.

Traducido por Gonzalo Fernández Gómez
Acantilado (2025). 112 páginas
Monterosso mon amour
Con Monterosso mon amour, Ilja Leonard Pfeijffer vuelve a demostrar su capacidad de transitar, con elegante ligereza, las zonas más profundas de la condición humana. Esta novela breve —publicada en neerlandés y ya disponible en español (traducción de Gonzalo Fernández Gómez) y catalán (Maria Rosich)— se inscribe dentro del corpus más delicado y autorreflexivo del autor, mostrando que la densidad narrativa no depende del volumen, sino del oficio literario.
Frente al monumental Grand Hotel Europa (2018), novela de más de seiscientas páginas que le valió un amplio reconocimiento internacional, Monterosso mon amour ofrece una miniatura de apenas 111 páginas. Pero, lejos de resultar menor, esta filigrana literaria se presenta como una muestra de virtuosismo concentrado, donde cada palabra sirve a una arquitectura narrativa sutil y precisa. Con una prosa irónica y cargada de humor, Pfeijffer explora la nostalgia, la soledad y el papel de la ficción en nuestras vidas, articulando una historia aparentemente sencilla que adquiere resonancia universal.
El argumento gira en torno a Carmen, una bibliotecaria holandesa que, tras una vida de renuncias junto a su marido diplomático, emprende un viaje en solitario a Monterosso, un pequeño pueblo de la Riviera italiana. El detonante de esta decisión es el recuerdo de un amor juvenil: el primer beso, dado bajo el agua, durante unas vacaciones de adolescencia. La elección de ese retorno no es solo física, sino también simbólica: Carmen busca en el pasado una explicación para su presente y, en la ficción, una justificación para la vida misma.
En Monterosso mon amour, Ilja Leonard Pfeijffer construye una sofisticada autoficción en la que se introduce a sí mismo como personaje, utilizando esta estrategia narrativa para satirizar los excesos del ego autoral. Esta autorrepresentación no es solo un guiño metanarrativo, sino un gesto consciente de parodia que desarticula la solemnidad del escritor consagrado, convirtiéndolo en objeto de humor y reflexión. El personaje de Carmen —antigua compañera de escuela y lectora ferviente— actúa como contrapunto, subrayando las distancias y malentendidos entre autor y lector, pero también evidenciando el modo en que la literatura deja huellas personales y subjetivas. La aparición del «autor» en la biblioteca, catalizando el retorno emocional de Carmen a Monterosso, activa una cadena de recuerdos y deseos que trascienden lo anecdótico para explorar la tensión entre ficción, memoria e identidad, y para cuestionar la relación entre vida y literatura.
Pfeijffer convierte su novela en un juego de espejos donde el lector, atrapado entre lo real y lo ficticio, se ve interpelado de forma directa. La riqueza sensorial del lenguaje, junto con un estilo que alterna entre lo lírico y lo irónico, permite una experiencia de lectura envolvente y, al mismo tiempo, provocadora. En este sentido, Monterosso mon amour no solo se erige como una sátira del narcisismo literario, sino también como una celebración jubilosa de la ficción como forma de vida, como espacio de libertad y como vehículo de exploración emocional. Al insertar su figura dentro del texto, Pfeijffer no se limita a guiar la historia: la habita, la deforma y la ilumina, haciendo de la literatura un acto vital que funde juego, crítica y revelación.
La novela se sitúa, además, en un contexto reciente y reconocible: el estallido de la pandemia de COVID-19 en Italia. Este trasfondo, más que servir como eje dramático, acentúa el aislamiento de la protagonista y refuerza la sensación de tiempo suspendido. Como en La montaña mágica o La muerte en Venecia, aquí también la enfermedad tiene un valor simbólico: representa el quiebre de la realidad tal como la conocíamos y la necesidad de replantear el sentido de nuestra existencia.
Entre los temas centrales de Monterosso mon amour destacan la insatisfacción vital, el peso del recuerdo, el escapismo literario y la redención a través de los pequeños placeres. Carmen, en su aparente marginalidad, encarna una figura profundamente humana: alguien que, aun reconociendo la banalidad de sus ilusiones, insiste en la posibilidad de volver a sentir, de vivir fuera de los márgenes de lo previsible.
El estilo de Pfeijffer es hereje y culto, festivo y melancólico. Su humor convive con observaciones filosóficas de una hondura inesperada. El sarcasmo, las metáforas fulminantes y los diálogos llenos de viveza otorgan a la novela un dinamismo que contrasta con la pasividad de la protagonista, generando así una tensión narrativa sutil, pero efectiva.
Monterosso mon amour no busca epatar ni reinventar el género. Su mérito reside en su equilibrio: una estructura cerrada, armoniosa, que acompaña al lector con la misma ligereza con la que interpela. Es una obra que celebra la ficción como única forma de supervivencia emocional, que nos recuerda que leemos —y escribimos— no solo para entender el mundo, sino para darle sentido. Carmen no encuentra en Monterosso lo que fue, pero, en el intento de buscarlo, descubre una forma renovada de mirar.
En un tiempo donde lo literario parece demandar o la espectacularidad o la miseria, Pfeijffer entrega una novela serena, que apuesta por lo íntimo, lo irónico y lo bello. Monterosso mon amour es, en definitiva, una celebración de la literatura como forma de resistencia ante el tedio y la pérdida, y confirma a Pfeijffer como una de las voces más lúcidas de la narrativa europea contemporánea.