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Cubierta de 'El día que Nils Vik murió'

Cubierta de 'El día que Nils Vik murió'Anagrama

'El último viaje de Nils Vik de Frode Grytten': cuando lo cotidiano se vuelve revelación

Un canto a la bondad que sostiene el mundo

Frode Grytten, nacido en Bergen en 1960 y formado en la ciudad industrial de Odda, ha construido una obra marcada por la intensidad emocional y la sobriedad poética. Su producción literaria, diversa y polifacética, abarca desde la poesía y los cuentos hasta la novela negra y la literatura infantil, con predominio del nynorsk, una de las variantes del idioma noruego. Aunque ha transitado distintos géneros, se ha destacado especialmente en la novela corta, que él mismo define como una «intensa aventura amorosa». Esa concepción revela su inclinación por la concisión, la emoción contenida y la economía expresiva, rasgos que alcanzan una madurez notable en El día que murió Nils Vik (Den dagen Nils Vik døde, 2023), su primera novela en una década. La obra, distinguida con el Premio Brage –uno de los más prestigiosos de Noruega–, ha sido celebrada como su gran regreso y consolida a Grytten como una voz esencial de la narrativa contemporánea.

Cubierta de 'El día que Nils Vik murió'

Traducción de Mariana Windingland
​Anagrama (2025). 192 páginas

El día que murió Nils Vik

Frode Grytten

La novela se centra en Nils Vik, un barquero cuya existencia ha transcurrido entre la rutina de cruzar el fiordo y los recuerdos de una vida modesta. Todo ocurre durante su última jornada: un lluvioso día de noviembre en el que, consciente de su inminente final, realiza por última vez las tareas que marcaron su oficio y emprende un viaje simbólico que resume su experiencia entera. La obra se abre con un gesto de poderosa carga simbólica: Nils quema su viejo colchón, depositario de los vestigios de su historia con Marta, su esposa fallecida. Este acto, aparentemente trivial, se transforma en un ritual de purificación, una despedida silenciosa que anuncia el tránsito hacia su destino.

El recorrido de Nils por el fiordo constituye el eje narrativo y permite explorar, al mismo tiempo, lo temporal y lo eterno. Durante esa travesía, el barquero se encuentra con antiguos pasajeros que regresan fugazmente, como si la memoria y la muerte se confundieran o la vida y la muerte se estrecharan la mano o fluyeran como corrientes de un mismo cauce. La estructura lineal de la jornada final se entreteje con evocaciones y apariciones que dotan al texto de un ritmo oscilante.

La descripción del paisaje noruego –el fiordo, la lluvia, la niebla– no se limita a lo ambiental, sino que refleja los estados del alma y simboliza el tránsito hacia la muerte, además de mostrar la profunda unión de Nils con su entorno. Cada detalle –la rivalidad con el puente que le arrebató pasajeros o la historia de su amigo y Marta– refuerza la sensación de cercanía y autenticidad. La contención expresiva permite que los elementos fantásticos se integren con naturalidad, sin romper la claridad narrativa ni caer en artificios.

El día que murió Nils Vik es un himno a la quietud del alma y a la hondura de lo cotidiano. En sus páginas, la vida se mece como un barco sobre el fiordo: silenciosa, constante, pero llena de matices que sólo la mirada paciente de Nils es capaz de reconocer. Cada frase parece iluminada por esa luz que llega al fiordo «de una manera nueva cada día», recordándonos que incluso en la repetición hay misterio, y en la rutina, una forma secreta de belleza.

«Un nombre es el primero de los poemas», dice el texto, y en efecto, todo el libro está tejido con una poesía discreta, transparente, que no busca deslumbrar sino tocar lo esencial. La novela celebra la ternura de lo simple: el amor que se demuestra haciendo, la fidelidad al paisaje, la calma que surge de habitar plenamente un lugar y su ritmo. En ella, la naturaleza no es una idea abstracta, sino una presencia viva –rocas, montañas, ríos, fiordos– que acompañan al hombre como viejos amigos.

El estilo de Grytten une sobriedad y lirismo. El día que murió Nils Vik combina la precisión de la novela breve con la ambición de una gran obra. Su prosa poética, concisa y luminosa, invita a mirar la existencia con atención y ternura, mostrando que incluso una vida modesta puede contener la profundidad de una epopeya.

El día que murió Nils Vik confirma la madurez literaria de Frode Grytten y se erige como una lectura imprescindible para comprender tanto su trayectoria como la riqueza espiritual y estética de la narrativa noruega contemporánea. Es una obra de belleza serena e inagotable: un canto a la vida, a la bondad y a los vínculos que nos sostienen incluso en la más callada de las rutinas. Adentrarse en sus páginas es aceptar que la belleza habita en la sencillez y que, con frecuencia, basta quedarse un momento más para comprenderlo.

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