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Panoramica desde el peñon de Peñarroya

Panorámica desde el peñón de PeñarroyaBenito José Castellano. Fickr

La última batalla de la Guerra Civil Española: Peñarroya-Valsequillo, un libro maldito

El estudio que desvela la última gran batalla de la Guerra Civil fue premiado y censurado: la historia militar frente a la memoria política

Un libro maldito. Maldito por tratar sobre la última gran batalla de nuestra Guerra Civil. Maldito porque estudia con detalle, en la mejor línea de la historia militar, una batalla sin sentido. El Frente Popular ya había perdido la guerra y se lanzó a un combate que no podía cambiar la suerte del conflicto. En un pasquín lanzado por la aviación nacional sobre los combatientes republicanos se podía leer:

¡¡ESCLAVOS DE NEGRÍN!! Atacasteis en Brunete y Belchite y perdisteis íntegro el Norte de España.

Atacasteis en Teruel y os partimos en dos la España «leal» arrebatándoos, de paso, varias provincias completas.

Cruzasteis el Ebro y, después de repasarlo con el rabo entre las piernas, estáis perdiendo Cataluña.

¿Qué perderéis después del estúpido ataque que habéis desencadenado en Extremadura?

Cubierta de 'La última batalla'

GallandBooks (2025). 332 páginas

La Última Batalla de la Guerra Civil Española. Peñarroya-Valsequillo

Patricio Hidalgo Luque

Una investigación maldita que, a pesar de haber ganado en buena liza el Premio Ejército de Investigación de 2025, le fue hurtado a su autor por tratar un tema tan «escabroso», tan políticamente incorrecto, como una batalla de la Guerra Civil que, para mayor pecado, encima ganaron los nacionales.

Después de su derrota en el Ebro, la República estaba sentenciada. Era cuestión de días que los nacionales liberasen Barcelona y llegasen a la frontera hispano-francesa de los Pirineos por Cataluña. Los mandos republicanos, en su huida hacia adelante, recuperaron el Plan P, diseñado por el general Vicente Rojo, con la esperanza de ganar tiempo para que estallase una nueva guerra mundial que sirviese para evitar la derrota total del Frente Popular español.

El jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular, Vicente Rojo, llevaba largo tiempo, desde 1937, sopesando una operación militar de gran envergadura conocida como Plan P, consistente en intentar cortar en dos la España nacional mediante una ofensiva terrestre sobre el frente de Extremadura, complementada por un desembarco en Motril, al sur de la provincia de Granada, en la retaguardia franquista, que quitase la iniciativa a los nacionales y les obligase a llevar fuerzas a su retaguardia, a unas zonas del frente muy alejadas de su punto de máxima presión sobre el enemigo, para distraer la ofensiva de Cataluña, al igual que la República lo había intentado en las batallas de Brunete o del Ebro. Vicente Rojo soñaba con alcanzar la frontera con Portugal e incluso con tomar Córdoba o Sevilla.

El coronel Hidalgo Luque es un reputado historiador especializado, muy especializado, en la Guerra Civil en el frente de Andalucía. En este su último trabajo ha realizado una perfecta monografía sobre los combates de Peñarroya-Valsequillo, una acción de guerra muy poco estudiada. Un trabajo que recuerda a los ya clásicos estudios sobre la guerra de 1936-1939 que publicaba el coronel Martínez Bande en el Servicio Histórico Militar.

El libro del coronel Hidalgo se estructura en dos partes. La primera nos presenta una visión general de los dos ejércitos que se iban a enfrentar: su situación antes de la batalla, así como las vicisitudes que llevaron al Ejército Popular de la República a lanzarse a este canto del cisne de su ya vencido poderío militar. La segunda parte es la batalla en sí misma, con especial atención a su componente aéreo y a las operaciones de distracción desencadenadas por los republicanos.

El autor hace un análisis pormenorizado e informado de los motivos que llevaron, una vez más, a la derrota de los soldados republicanos. Antes de terminar este análisis del libro es necesario señalar que, al comienzo del mismo, el autor incluye el informe jurídico del Ejército de Tierra que, aludiendo a la Ley de Memoria Democrática, sirvió de argumento, de excusa, para robarle el premio al investigador que, según el jurado, había ganado por sus méritos.

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