Cubierta de 'Demasiado ayer'
'Demasiado ayer': un álbum familiar, social y humano ambientado en la posguerra
Una «ficción contrafactual» sobre un personaje desconocido que nos cuenta no lo que ocurrió, sino lo que podría haber ocurrido
Soraya Romero Hernández es una de esas autoras que encuentra su mayor caudal narrativo en el seno de la familia. Ya lo hizo en su exitosa primera novela Las semillas del silencio (Kailas Editorial, 2023), fruto de la investigación que había realizado sobre su bisabuela, Gerónima López de la Cruz, que creció en una inclusa madrileña a finales del siglo XIX.

Kailas (2025). 200 páginas
Demasiado ayer
Retoma el trabajo de investigación en su segunda novela, Demasiado ayer (Kailas, 2025), para indagar en la vida de su bisabuelo Nicomedes Romero Martín, que murió fusilado en el segundo año de la guerra civil española, y lo hace, como ella misma explica en el epílogo, con la intención de «ofrecerle a Nicomedes la posibilidad de vivir una vida que no tuvo, aunque no fuera la propia». Estamos, pues, ante una «ficción contrafactual» sobre un personaje desconocido que nos cuenta no lo que ocurrió, sino lo que podría haber ocurrido.
Demasiado ayer parte de una escena dura, el fusilamiento (malogrado en la ficción) de Nicomedes, que, unas veces presente y otras ausente, ocupa el centro de la narración. Una historia de idas y venidas que se va ramificando en el tiempo (1937, 1975, 1978, 1959, 1998, 1984, 2016…) y en diversas geografías (la población ovetense El Repilado, Valencia, Madrid, México…), componiendo así una suerte de álbum fotográfico narrativo sobre la sociedad de la época.
Nicomedes hace una parada en Portugal para recalar luego en México, donde se queda a vivir como exiliado. En cierto modo, ese aroma a exilio se percibe también en el resto de los personajes aunque no abandonaran el país, pues el desarraigo no está sujeto solo a las fronteras geográficas.
En su huida hacia adelante, Nicomedes va dejando una estela narrativa en la que entran y salen su hijo, sus dos esposas (una en vida y otra cuando ya es declarado formalmente muerto, con la identidad de Julio Ayer), sus suegros mexicanos, sus nietos, un compañero del colegio Los Salesianos… La novela no respeta, como ya he insinuado, el orden cronológico habitual, sino que va saltando en el tiempo mediante la técnica de la analepsis para desarrollar la circunstancia de estos personajes que transitan sin demasiada fortuna por estas 200 páginas.
No es este un libro sobre la guerra civil, sino más bien sobre el trauma generacional que se consolidó en la población, por eso de que todas las guerras duran siempre mucho menos que sus secuelas. Una sociedad determinista sin tantas oportunidades como hay ahora que veía en los premios de lotería casi la única forma de prosperar, tal como le ocurre a una de las protagonistas.
Aunque está ambientada en otra época, sentimos esta narración muy cercana, tal vez porque si hiciéramos una investigación sobre nuestros antepasados, fueran de un bando u otro —o de ninguno, que también los había, y no pocos—, encontraríamos personas con circunstancias similares, marcadas por el dolor y la culpa, que tratan de abrirse paso ante la adversidad.
Demasiado ayer es un relato íntimo a la vez que documentalista. Su estructura fragmentaria le da alas a la narración, pero al mismo tiempo exige mucho del lector, que ha de enfrentarse a cada capítulo casi a oscuras, sin saber quiénes son los nuevos personajes ni qué ficha les toca en el puzle (en el que al final acaban encajando todas las piezas).
Esta es, en definitiva, una novela que nos invita a mirar hacia atrás con la lucidez de quien sabe que el inquieto pasado nos visita una y otra vez.