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Un marine recuperándose de sus heridas en Huế City, en 1968Wikimedia Commons

Ucrania y Gaza a la luz de la historia militar

El consagrado historiador británico Andrew Roberts y el experimentado general estadounidense David Petraeus se proponen contextualizar en el marco de la historia militar los recientes conflictos de Ucrania y Gaza

Un ejemplo magnífico en buscar respuestas para el presente en el pasado se encuentra en la antigua Roma. Nadie como los romanos veneró en tan alto grado a los antepasados y sus acciones, especialmente en el ámbito castrense. Magistrados con mando militar como Sexto Julio Frontino (s. I d.C.) dejaron escritos con el objetivo de que sirvieran de guía a posteriores generales («para el beneficio de otros, más que por el bien de mi propio nombre») para la buena organización de sus estrategias y tácticas en la dirección del ejército romano. Lo interesante de esto es que Frontino, que en el año 75 fue enviado a la provincia de Britania y comandó tropas contra algunas de las tribus más belicosas de la isla, no dejó reflejadas sus experiencias en su obra Strategemata («hábiles operaciones de los generales que los griegos unifican con este nombre»), sino que consignó ejemplos de hechos famosos y pretéritos de griegos y romanos de todos los tiempos. Para los romanos no había mejor manera de formar a los generales que dotarlos, en palabras de Frontino, de ejemplos exitosos, cuyas empresas ya habían sido probadas. Otro ejemplo de ello es Polieno, un macedonio que en su vejez decidió escribir unos consejos para los emperadores Lucio Vero y Marco Aurelio (s. II d.C.). En su obra Estratagemas, afirmaba: «os ofrezco estas provisiones de la ciencia de la estrategia (cuantas estratagemas realizaron los antiguos); para vosotros mismos, una ampliación de vuestra experiencia con viejas hazañas, y para los que mandan en la guerra [...] una enseñanza de las excelencias y técnicas de los antiguos éxitos».

Ático de los Libros (2025). 672 páginas

Guerra. La evolución del conflicto militar desde 1945 a Gaza

David Petraeus y Andrew Roberts

Recurrir a la experiencia del pasado no es, como vemos, algo nuevo. Sin embargo, sí es algo bueno. Puede que las circunstancias económicas, filosóficas, tecnológicas, territoriales, etc., sean mutables, pero las acciones inherentes al ser humano, que se derivan de su condición de ser social, como la política y la guerra, son inmutables. Por ello obras como la presente, Guerra. La evolución del conflicto militar desde 1945 a Gaza (Ático de los Libros, 2025), tiene como uno de sus principales objetivos «mostrar cómo los ejércitos de todo el mundo han aprendido –o no– de cada guerra del pasado al tratar de diseñar los métodos con los que librar la siguiente» (p. 21), apuntan el general David Petraeus y el historiador Andrew Roberts, en la línea que ya anduvieron Frontino y Polieno. Ahora bien, las formas mediante las que llevar a cabo tanto la política como la guerra sí cambian. Cambiaron desde los tiempos de la Segunda Guerra Púnica hasta la época antonina, y cambiaron desde la Segunda Guerra Mundial hasta la invasión de Ucrania por Rusia, pasando por conflictos importantes como la Guerra de Corea (1950-1953), la Guerra de Vietnam (1964-1975) o la más reciente Guerra de Afganistán (2001-2021). Además, los autores hacen en cada capítulo hincapié en un punto fundamental: «las cualidades personales necesarias para ejercer un liderazgo estratégico exitoso» (p. 21).

Los autores del libro cuentan con multitud de méritos que respaldan la seriedad de este volumen: el reputado historiador británico, y miembro de la Cámara Alta del Reino Unido, Andrew Roberts, cuyas obras La tormenta de la guerra. Nueva historia de la Segunda Guerra Mundial (2009), Napoleón. Una vida (2014), Churchill. La biografía (2018) o El liderazgo en guerra (2019) lo han situado como uno de los principales historiadores militares de la actualidad; y el conocido general estadounidense David Petraeus, que fue figura principal en las guerras de Afganistán e Irak durante la administración Bush, así como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con la administración Obama hasta su dimisión en 2012.

Así pues, el contenido del libro se divide en un introducción y once capítulos, de los que los ocho primeros «relatan cronológicamente cómo ha evolucionado el conflicto desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El noveno analiza la guerra entre Rusia y Ucrania, y destaca aquellas áreas en las que podría ofrecer pistas sobre cómo serán las guerras del futuro», el décimo la recentísima emergencia en Gaza, última actualización del libro tras la invasión de Ucrania en 2022, y, finalmente, el capítulo 11 «extrae lecciones […] de los capítulos anteriores para reflexionar sobre lo que cabe esperar en los conflictos del siglo XXI» (p. 22).

Alguna de las cuestiones que se plantean Roberts y Petraeus al comienzo del libro sitúan al lector en el tono de este: «En un mundo que ha desarrollado con gran esfuerzo y coste armas de precisión y bombas inteligentes, los rusos optaron deliberadamente por volver a un estilo de combate brutal, propio de la Segunda Guerra Mundial […]. ¿Cómo explicar la decisión de Rusia de librar una guerra arcaica, que recuerda a la Gran Guerra Patriótica, solo que esta vez con Rusia como agresora y no como víctima?» (p. 23). Preguntas pertinentes como esta son respondidas con intentos de objetividad que, pese a todo, no deja de ser de una de las partes (británica y estadounidense), siendo una parte de ella, a su vez, protagonista en algunos de los conflictos tratados. De la misma manera que Julio César aportaba valiosísima información en sus Comentarios a la guerra de las Galias aunque de carácter altamente parcial, la narración del general Petraeus debe conocerse y tenerse en cuenta, aunque con las debidas precauciones.

Y cerramos con el aspecto más valioso del libro, del que tanto Roberts como Petraeus pueden decir mucho: el liderazgo. Aportan ejemplos de «cómo, cuando se ejerce bien, el liderazgo estratégico puede transformar incluso las situaciones más desfavorables […], cuando fracasa, puede convertir una victoria probable en una derrota segura. Los líderes […] deben comprender a fondo la situación estratégica general del conflicto y aplicar el enfoque adecuado: en esencia, acertar con las grandes ideas. En segundo lugar, deben comunicar con eficacia esas grandes ideas, la estrategia, a toda la estructura de su organización y al resto de los actores implicados. En tercer lugar, deben supervisar la ejecución de las grandes ideas e impulsar la aplicación del plan de campaña con tenacidad y determinación. Por último, deben saber cómo refinar, adaptar y ampliar esas grandes ideas, de modo que puedan repetir una y otra vez las tres tareas anteriores».