Alfonso XIII con uniforme de mariscal de campo del Reino Unido, 1928
'La guerra del rey', la neutralidad como arma moral
Un episodio olvidado que devuelve a la historia su dimensión humana
En 1914, España no podía ir a la guerra. No se jugaba nada en aquel conflicto europeo, puesto que no estaba en disputa ninguno de sus intereses vitales; pero, además, tenía muy poco que ofrecer como potencia aliada, más allá de una estratégica posición geográfica.
La Esfera de los Libros (2025). 428 páginas
La guerra del rey. La labor humanitaria de Alfonso XIII durante la I Guerra Mundial
Sin embargo, disponía de una importante red de embajadas y consulados repartidos por el mundo en guerra, de las de mayor tradición en Europa y en constante aumento tanto en el Viejo Continente como en América y aún en Asia y África. Embajadas y consulados que, desde el estallido de la guerra y hasta bastante tiempo después de su final, resultaron esenciales, dado su carácter neutral: hacia ellas dirigieron sus súplicas cientos de miles de familias cuyos pueblos pasaron a ser protegidos por la diplomacia española. Nuestro país llegó a hacerse cargo de más de cincuenta mandatos de protección, mediante los que defendía los intereses de naciones beligerantes ante algunos de sus enemigos –como, por ejemplo, los de los franceses, belgas o rusos en Alemania–.
El primer interesado en ese papel internacional y, especialmente, en el ingente despliegue humanitario que se derivaba de aquellas responsabilidades adquiridas –atención a los prisioneros de guerra, abastecimiento con alimentos a la población de territorios ocupados, localización de soldados desaparecidos, comunicación entre familias separadas…– fue el rey Alfonso XIII, ansioso por devolverle a España algo del prestigio internacional de sus antepasados. Apoyó resueltamente las iniciativas de sus Gobiernos e intervino directamente en su marcha, ejerció una fructífera mediación tanto en casos individuales como colectivos y, además, puso en marcha un departamento especializado en el Palacio Real de Madrid –la Oficina de la Guerra Europea–, desde el que atender gran parte de aquellas labores humanitarias.
Episodio indudablemente admirable de la historia de España, que es, no obstante, muy poco conocido por la sociedad de nuestro país. Dados a recrearnos en nuestros errores y en los episodios más oscuros de nuestro pasado, en este siglo largo que ha transcurrido desde la Gran Guerra ningún historiador profesional se había tomado la molestia de explorarlo a fondo, limitándose las pocas publicaciones existentes a visiones o bien fragmentarias o bien de escasa proyección o valor científico.
Ese es, pues, el primer mérito del libro La guerra del rey. La labor humanitaria de Alfonso XIII durante la Primera Guerra Mundial, que el historiador y profesor universitario Zorann Petrovici ha publicado con La Esfera de los Libros: rescatar para el gran público ese fragmento de nuestra historia contemporánea en el que España, haciendo de la necesidad virtud, pudo y supo insertarse de forma positiva en la historia universal.
El reto ha sido enorme teniendo en cuenta la escasa atención académica y el profundo desconocimiento social: había que hacer avanzar el conocimiento científico y escribir un libro destinado a un público no especializado. Dando la vuelta a la sentencia orteguiana, había que hacer ciencia sin renunciar a hacer literatura. El autor no ha perdido en ningún momento de vista este doble carácter de su trabajo y ha conseguido engarzarlos ambos a la perfección, demostrando que son perfectamente compatibles. El libro es, en efecto, el fruto de una meticulosa investigación en los archivos, donde ha trabajado con miles de documentos –la mayoría inéditos o muy poco explorados– y cuyos resultados ha sabido transmitir de manera amena, en un texto muy bien escrito y con un excelente pulso narrativo.
El resultado es una historia profundamente humana, construida a partir de cientos de historias particulares que provienen de 180.000 peticiones que llegaron al Palacio Real de Madrid, pero también de las personas que hicieron posible aquel proyecto humanitario, los «soldados» de esta particular «guerra del rey»: las cerca de cincuenta personas que trabajaron en Palacio, los oficiales del Ejército y de la Armada españoles que recorrieron campos de prisioneros o se embarcaron en los buques-hospitales en peligro, o el personal diplomático que aumentó exponencialmente su carga de trabajo en aquellos años duros de conflicto mundial.
Una historia en la que el lector va recorriendo los distintos escenarios creados por la contienda y sobre los que actuó la España humanitaria. Desde el propio campo de combate hasta las familias que buscaban angustiadas a sus militares desaparecidos o que no podían ponerse en contacto con sus seres queridos atrapados en las regiones ocupadas por el enemigo; desde los campamentos de prisioneros invadidos por la desesperación y las necesidades físicas hasta los buques hospitales británicos, franceses o italianos que eran presa de la guerra submarina alemana…
Otro de los méritos de este libro es, en definitiva, ofrecer una visión global de aquella labor humanitaria y mostrar que durante la Guerra del 14 la España de Alfonso XIII hizo mucho más que buscar soldados desaparecidos. De hecho, como demuestra Petrovici, sus esfuerzos pudieron ser más fructíferos en otros ámbitos que hasta ahora habían permanecido prácticamente en el olvido.