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Combate de los treinta caballeros. Compillation des cronicques et ystoires des Bretons (1480)Wikimedia Commons

`Heredar el mérito': usos y costumbres aún aristocráticos

Rafael Atienza traza, con brillante agudeza y sentido del humor, el devenir de una aristocracia que intenta sobrevivir al paso del tiempo, desde el eterno «nobleza obliga» hasta las supuestas virtudes y exquisiteces de la decadencia

¿Quién, al entrar en una casa familiar a la que hacía tanto que no regresaba, o no ha leído una carta o ha encontrado documentos u objetos pertenecientes a un antepasado y no se ha preguntado qué historia guardará o qué nos dirán aquellas manos que pasaron por ellos?

Pre-Textos (2025) 392 páginas

Heredar el mérito. Las aristocracias y el empeño dinástico

Rafael Atienza

La editorial Pre-Textos publica Heredar el mérito. Las aristocracias y el empeño dinástico, un magnífico ensayo divulgativo de Rafael Atienza, marqués de Salvatierra, que nos adentra en el peso de las biografías, los libros de familia y la construcción de la identidad familiar desde el patrimonio, entre otros usos familiares y sociales. ¿Cómo llevaron a cabo esa ventaja social? ¿Cuál era el propósito de exponer estos usos y costumbres? ¿Qué tipo de estrategias utilizaron para conservar sus privilegios durante generaciones? La cuna, la riqueza, la educación y la sangre han sido elementos de estratificación social desde tiempos inmemoriales, leo en Practicar la distinción, crear memoria, de los catedráticos de la Universidad de Murcia Teresa Marín Torres y Francisco Precioso Izquierdo.

Sus espacios domésticos, enseres o el valor de su linaje a través de los legados recibidos por sus antepasados, todo testimoniaba su posición en la sociedad y justificaba su estatus; de ahí la necesidad de conservar y acrecentar sus patrimonios familiares, ya fuera participando en guerras o mediante alianzas matrimoniales. Aunque aparentemente apolilladas, siempre latirán cuestiones eternas como el poder o la ambición. Ya Cervantes ponía en boca de Sancho: «Y soy yo de aquellos `no con quien naces, sino con quien paces', y de los que `a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija'. Yo me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía, y he de ser otro como él». ¿Tan importante es distinguirnos? ¿Y el privilegio? Implica distinción, segrega a un número reducido de personas sobre el común y las señala con una serie de ventajas, acaparando mayores cotas de responsabilidad en la sociedad; de ahí que se buscara también un comportamiento personal ejemplar.

El paso del tiempo está arrasando también en la nobleza, que debe reubicarse en la sociedad del siglo XXI. Atienza señala los cambios sufridos por la aristocracia con un lenguaje ameno, poniendo ejemplos cercanos, no exento en ocasiones de ironía, y expone qué criterios deben defender y a qué problemas se enfrentan en su difícil andadura actual. Algunos la sufren como pesada herencia. Obsérvese cómo ya alquilan propiedades para celebrar bodas, venden productos gourmet, acercan la historia con visitas públicas… Las partes que componen este cuidado volumen giran como variaciones de un mismo tema: analizar y proponer soluciones, desde un punto de vista personal, además de avisar a esta clase social de las vacilaciones derivadas de los cambios, no suficientemente asumidos por sus descendientes. Como hilos de oro que entreveran una delicada y elegante tela bordada, paseamos por su historia, que no es otra que el paso del tiempo y de la vida, que, como la de todos, acoge alegrías y tremendas contrariedades.

La primera parte resume la evolución de la nobleza desde la Alta Edad Media. La segunda repasa algunas facetas concretas de las aristocracias, como la educación de las élites, el linaje o el ejercicio de caballería con las órdenes militares. La excepción la constituye el Reino Unido –la nobleza española no ha preservado la cultura de la vida en el campo ni la tradición familiar de mantener la presencia en el pueblo de origen; sin embargo, el Reino Unido ha conservado la country house como condición de residencia–. Añádanse la voluntad de llevar a cabo actuaciones asistenciales –la caridad y la ayuda a enfermos y necesitados constan en las ordenanzas–, así como las nuevas élites y «el curioso caso» de la aristocracia estadounidense –aquí entran los Kennedy y las hermanas Mitford; su sola presencia ya hace más que imprescindible este libro–. Finalmente, reflexiona sobre plutocracia y meritocracias.

En definitiva, Atienza propone un nuevo discurso de la nobleza, pues la vida de los cuerpos nobiliarios ya no es ni volverá a ser la que era. Hoy todo ha cambiado por las continuas divisiones del patrimonio y la escasa importancia de los títulos, entre otras causas. Además, la meritocracia no obliga, con lo que «los enemigos a batir ya no son la sangre, el poder o el dinero, sino la inteligencia y la capacidad de trabajo». La conducta honorable, el pensamiento riguroso o el respeto se suponen ineludibles para todos; por lo tanto, solo les queda dar ejemplo de virtud.