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La Poésie de Alfons Mucha, 1898

La Poésie de Alfons Mucha, 1898Tylwyth Eldar

Años 1920: espacios ibéricos y visiones trasatlánticas

Una década de crisis, modernidad y pulsiones autoritarias

Quién no ha pensado alguna vez que la historia se repite? Seguramente todos. Por eso este libro es tan interesante, porque propone un viaje a unos años apasionantes y mucho más complejos de lo que podría parecer. Si echamos la vista atrás, a esa década de entreguerras que centra las distintas investigaciones del libro, podemos viajar a ese París explosivo, casi libertino, en el que asomaba una vanguardia cultural y artística por cada calle de la capital francesa. Pero también nos podemos transportar a esa América de las independencias ibéricas, en la que comenzaban a germinar partidos y movimientos genuinamente populistas, entre ellos ese líder brasileño, no del todo bien conocido en España, tan carismático en lo personal como camaleónico en lo ideológico, que fue Getúlio Vargas. O lo podemos hacer a esa península ibérica que navegaba entre las aguas turbulentas de una aguda crisis de sus sistemas liberales clásicos, esperando arribar a un puerto que le diera estabilidad y equilibrio.

Cubierta de '1920'

Sílex (2024). 298 páginas

Años 1920: espacios ibéricos y visiones trasatlánticas

VV. AA.

Vamos a detenernos un momento en estos dos países, porque, en el fondo, representaron un momento general de crisis resuelta de forma primero divergente, pero luego claramente coincidente. Una diferencia que se explica por una razón simple: mientras España permaneció neutral en la Primera Guerra Mundial, Portugal combatió en el bando aliado al lado de su eterno apoyo británico. La intervención distorsionó por completo el ya precario sistema político portugués, acelerando la salida del golpe militar triunfante en 1926. En España, la apuesta por la neutralidad dio sus frutos y preservó la monarquía varios años más, aunque, finalmente, tuvo que aceptar la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, cuya caída arrastró también a la propia institución monárquica.

Los distintos capítulos del libro permiten al lector atisbar otro elemento más: la existencia de un espacio ibérico y trasatlántico más conectado e interrelacionado de lo que podría parecer. Un marco cultural amplio que vive emergencias intelectuales y movimientos culturales parecidos, que sufre problemas estructurales también similares y que aspira a vivir de forma mucho más plena esa modernidad de la que parecía apartado. No solo eso, sino que el lector podrá también evaluar la importancia de nuevos actores políticos y nuevos movimientos sociales que van a tener cada vez mayor presencia en esas sociedades.

Precisamente son estos nuevos actores los que caracterizan los años veinte del siglo XX como algo especialmente llamativo. Porque muchos de ellos se afianzan tras el triunfo en Rusia de una inédita revolución socialista, vista en principio como un experimento, pero que acabó consolidando un sistema alternativo enfrentado al tradicional sistema de las democracias liberales occidentales. Sin analizar el profundo impacto de esa revolución de 1917 es imposible entender la razón por la cual las izquierdas occidentales tienden a crear un imaginario revolucionario que, bajo la llamada a la igualdad y a la sociedad sin clases, creó una corriente político-ideológica tendencialmente totalitaria. Pero tampoco es entendible sin ese «1917» la pulsión autoritaria de buena parte de las derechas europeas. Porque acabaron convenciéndose de que ambas, derecha e izquierda, partían de cosmovisiones tan opuestas que no permitían una convivencia pacífica.

En definitiva, cada una de las aportaciones de los investigadores a esta obra conjunta destila una palabra: crisis; crisis material, pero, sobre todo, crisis moral. Una crisis de civilización que muchos creen ver también en los años veinte de este siglo XXI. Esa sensación de crisis puede llevar al posible lector a pensar en una obra pesimista. Sin embargo, esa visión cambia cuando se lee acerca de la infancia. Los niños como metáfora de esa modernidad soñada, de ese cambio que aventuraba un mundo mejor para todos. Porque obligó a la sociedad a pensar en ámbitos como la educación, en la necesaria regeneración para que ellos pudieran vivir mejor y no pasar por las atrocidades que habían vivido sus padres.

En el fondo, en esto sí existe una amplia equivalencia entre los años veinte del siglo XX y los del XXI. Porque seguimos mirando a nuestros hijos y seguimos soñando con que debemos legarles una sociedad mucho mejor que la que nosotros hemos disfrutado. Pero el problema no es pensarlo, que no es poco, sino hacerlo. Y, como muestran las páginas de esta obra, la historia nos puede enseñar lo que se hizo en décadas precedentes y, seguramente, lo que no deberíamos repetir.

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