Wall Street
Un libro canónico sobre las finanzas… para leer en un país donde ni se lee ni se invierte
Un clásico absoluto de la cultura financiera vuelve a las librerías con una edición actualizada que recuerda algo incómodo: entender el dinero sigue siendo una asignatura pendiente para muchos lectores
En un país como España, donde los índices de lectura no son nada halagüeños y el desconocimiento del mundo de la inversión es proverbial –y sospecho que no somos los únicos–, reseñar un libro sobre inversiones podría antojarse tan estéril como intentar aplaudir con una sola mano, con la circunstancia agravante de que el reseñista, en este caso yo, procede del ámbito literario, no del económico.

traducción de Alexandre Casanovas. Deusto (2025). 688 páginas
El inversor inteligente
Diré, a modo de justificación, que El inversor inteligente no es cualquier cosa: es nada más ni menos que uno de los grandes pilares culturales del mundo financiero. No estamos hablando de un libro sobre inversión, sino tal vez del libro de inversión. Ese libro icónico, lanzado por primera vez al mercado en 1949, citado hasta la extenuación en el ámbito económico y empresarial, que Benjamin Graham escribió para transmitir la idea de que, a la hora de invertir, es necesario mantener estricta disciplina y distancia emocional. Una obra que en algún momento de la vida podría interesar a cualquier persona con sana curiosidad, incluso aunque la lectura y la inversión no sean sus prioridades (así de positivo me he levantado hoy). No en vano, el texto está salpicado aquí y allá de alusiones a asuntos económicos, de ámbito doméstico, que a todo adulto deberían interesarle (si no quiere morir asfixiado por las deudas), como la inflación, la hipoteca, los seguros de vida o la jubilación…
Hemos mamado desde niños el convencimiento de que es de mala educación hablar de dinero, algo así como no saludar a los vecinos, decir palabrotas o no respetar el turno en la cola de la panadería. Y tanto ha calado esa lección –¡que va en contra de nuestros intereses!– que nos hemos convertido en personas bien educadas… y en unos auténticos ignorantes en cuanto a economía e inversión se refiere. Y mientras el dinero fiat (el euro, la libra, el dólar…) sigue devaluándose, nuestro recurso más habitual es quejarnos de que nuestros ahorros cada vez valen menos. Insisto: somos una generación de personas bien educadas… pero cada vez más pobres. Nos da pudor aprender a gestionar nuestro capital, pero no nos da pudor quejarnos de que cada vez llega para menos.
En caso de querer revertir esa situación y capacitarnos para llevar nuestras finanzas con cierta dignidad, este libro, considerado la Biblia de las finanzas, podría ser de lectura obligada una vez adquiramos una formación básica.
El inversor inteligente no es considerado todo un referente por casualidad. Su temario es tan prolijo como productivo. Aquí aprenderemos –o repasaremos– qué tipo de inversor somos –si acaso somos algún tipo de inversor–, cuánto invertir en acciones y cuánto en renta fija, cuáles son los posibles riesgos de nuestra cartera, cómo valorar una empresa, qué son los fondos de inversión, qué son los dividendos que reparten algunas compañías, cómo redactar una declaración de política de indexación, cómo gestionar el riesgo, etc.
Publicado por primera vez en 1949, El inversor inteligente es todo un best seller en su sector. En la edición original leíamos a un Graham sin concesiones, duro, directo, conservador, algo normal si tenemos en cuenta que la crisis de 1929 de Wall Street aún estaba muy presente. Este gran inversor abogaba entonces por la seguridad del capital, el rechazo de la especulación, el margen de seguridad y por la compra de acciones de compañías a un precio muy por debajo de su valor contable. En posteriores ediciones el autor fue introduciendo cambios importantes e, influido por una deriva positiva de la economía, suavizó su postura cautelosa y dio paso en sus páginas al inversor emprendedor (más atrevido que el conservador).
Si alguien no ha leído esta obra y tiene curiosidad, está de enhorabuena: a finales del pasado año la editorial Deusto puso en el mercado una nueva edición, con traducción de Alexandre Casanovas, que incluye, al final de cada capítulo, los comentarios impagables del periodista financiero Jason Zweig, lo que le da un aire nuevo al libro que no tenían las viejas ediciones. Zweig actualiza con sus opiniones un texto que, como decimos, aparte de solera tiene más de tres cuartos de siglo, y nos lo presenta de acuerdo con las circunstancias del mercado actual. De ahí que el Zweig de 2005 desaconseje, en contra del Graham de 1949, la inversión en un tipo de empresas antaño conocidas como net-nets (empresas «ganga» que valen menos que el dinero que tienen en la caja), muy populares tras la Gran Depresión, pero poco eficientes hoy día.
El inversor inteligente es el libro de cabecera de Warren Buffett, el mejor inversor de todos los tiempos. La escritura de Graham, la recomendación de Buffet y la gran actualización de Zweig hacen de esta edición de Deusto una obra imprescindible para todo inversor (grande y pequeño), y también para esas personas curiosas que estén hartas de que nuestro dinero valga cada vez menos sin otra respuesta por nuestra parte que el lamento improductivo.