Cubierta de 'La obra maestra'
'La obra maestra': un best seller elegante con los mejores ingredientes
El nuevo caso del investigador Gabriel Allon nos sumerge en la Italia más refinada, entre secretos del arte y los laberintos del Vaticano
¿Prefiere usted aparecer asesinado en Venecia, o que su cadáver emerja tras un deshielo cerca del círculo polar ártico?
¿Prefiere que le tengan que matar porque usted ha descubierto un Leonardo da Vinci oculto bajo otra pintura, o por lo sórdido por lo que se asesina en un noir escandinavo?
Respondo por usted. Ni Papá Noel elige las segundas opciones que le planteo. Y va a ser Daniel Silva quien le convenza con esta novela de entretenimiento.

Traducido por Victoria Horrillo Ledesma HarperCollins (2026). 400 páginas
La obra maestra
El maestro del suspense nos trae un nuevo caso del investigador Gabriel Allon, ex-agente del Mossad, quien sigue en Venecia con su familia restaurando obras de arte de alto valor.
Su actividad se interrumpe al descubrirse un crimen escalofriante, uno de esos que harían las delicias del mismísimo Thomas De Quincey, y sus asesinatos considerados como una de las más bellas artes.
La víctima es una joven becaria inglesa dotada de un gran talento para la restauración de pintura. Y su cadáver flota en las aguas venecianas.
La muchacha había descubierto en los depósitos de los museos vaticanos un cuadro de Leonardo da Vinci desconocido y oculto bajo una pintura mediocre.
La obra maestra ha desaparecido, Gabriel Allon tiene que encontrarla y, como en novelas anteriores, se activa la eterna lucha entre el Bien y el Mal.
Embelesamiento es lo que se siente ya en este punto de la lectura, al caer en las redes del misterio y el viaje a esa «Italia di buon gusto ed eleganza». Un mundo invisible a la mirada turista, en donde no hay espacio para el pantalón pirata multibolsillo, ni el selfie, la chancleta, o la comida basura.
Gabriel Allon traslada la investigación al Vaticano y, nada más y nada menos que, de la mano del Santo Padre recorremos los laberintos de la finezza o sutileza de la curia romana.
Por similitudes con la realidad, en la narración nos encontramos ante un Santo Padre con vocación de justiciero, y su deseo es que la verdad se imponga, caiga quien caiga.
No quiero resultar aguafiestas, y no voy a desvelarle muchos más datos sobre la trama. Pero sí le voy a dar alguna pista con la esperanza de alimentar su curiosidad y dar mayor placer a cualquier «vaticanisti».
Llegados a la mitad de la novela, lo de menos es ya la pintura de Leonardo.
Quizás, alguien cercano a la Cátedra de San Pedro ha estado haciendo el mangui. O tal vez sean varios, dentro y fuera del Vaticano, los que se dejaron arrastrar por aquello del emperador Vespasiano que pecunia non olet, o «el dinero no huele». Codicia y vanidad, pecado y pasiones humanas ocultas tras el misterio de una conspiración.
Al ser informado, el Santo Padre pregunta cómo es de grave la situación. Un asistente le responde: «Pompeya». No se me ocurre una respuesta más elegante, italiana y contundente.
Todo corre a una velocidad de vértigo hasta el final, y tal vez se desvelen amores prohibidos incluso, para estos tiempos que corren. No es posible el amor verdadero en circunstancias semejantes. No puede ser, porque no debe ser. Me había propuesto no desvelar nada más sobre la trama, pero si me callo esto, reviento.
No olvidemos que la Iglesia no es un museo para santos, es un hospital para almas pecadoras, como bien nos enseñara San Agustín. Y la lucha entre el Bien y el Mal no va a cesar hasta que una fuerza se imponga sobre la otra.
Y desde luego, se agradece el profundo respeto que profesa el autor hacia la institución católica y los creyentes en tiempos de ataques furibundos al cristianismo.
Maestro de la estructura, Daniel Silva lleva veinticinco entregas ya con su protagonista Gabriel Allon. Una por año. Leí en una entrevista al autor que su secreto para alcanzar tal productividad no era otro que trabajar doce horas diarias, seis días a la semana.
Sin lugar a dudas, el autor no solo es un trabajador infatigable, es también un esteta, y desde luego, un gourmet.
Los primeros platos y los segundos que degustan los personajes son una invitación a los amantes de la buena mesa y cocina para buscar las recetas. La carta de vinos mejor me la guardo para permitirle a usted que la descubra y se deleite.
Si la belleza emerge por comparación, es fácil concluir que su antítesis –el noir escandinavo– ha hecho más daño a la humanidad, que todos los diseños juntos de alguna multinacional dedicada a la fabricación de mobiliario en paquete plano.
Por último y de nuevo, Daniel Silva consigue la cuadratura del círculo de fundir best seller, literatura de entretenimiento y esa exclusividad que alimenta el buen gusto y el espíritu, y nada tiene que ver con pertenecer a una determinada clase social.
No se me ocurre mayor elogio, tras leer cuatrocientas páginas del tirón, cerrar el libro y echar una pensadita que, desear una pronta y nueva aventura de Gabriel Allon. Disfrute de la lectura.