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Cubierta de 'El rey sabio'

Cubierta de 'El rey sabio'Rialp

La Sabiduría y la realeza antiguas: más allá de Salomón

Alejandro Rodríguez de la Peña acerca al lector a los orígenes de la realeza sapiencial en la tradición de Occidente: ¿por qué era bueno que los reyes fueran sabios y no ineptos?

«Cortad al niño vivo en dos partes y dad mitad a una y mitad a la otra». Esta sentencia no necesita explicación ni presentación. Con un mínimo nivel cultural se puede llegar pronto a la conclusión de que la oración citada pertenece al pasaje bíblico denominado tradicionalmente como el «Sabio juicio de Salomón», en 1 Re 3, 25. El rey de Israel, e hijo de David, Salomón es imagen de la sabiduría real, constantemente imitado a lo largo de los siglos en la cultura judeocristiana. Parece que antes de Salomón no hubo nadie más sabio, ni después otro que pudiera llegar a su altura. Este axioma acerca de una figura tan prominente tiene como consecuencia lógica que otros personajes pasen desapercibidos, haciéndonos un tanto miopes al acercarnos a la relación entre realeza y sabiduría, o lo que es lo mismo, realeza sapiencial. Ciertamente la labor atribuida a Salomón no se circunscribió únicamente a este anecdótico hecho: su reinado al completo, por no hablar de los escritos que se le atribuyeron (entre otros Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares y algunos salmos) se considera el zenit del buen gobierno en Israel, sustentado, y he aquí lo interesante, en la Sabiduría Divina, es decir, el don específico procedente de lo Alto y concedido al monarca porque es tal. Esta idea tiene ya un mayor calado, y para quien desee profundizar en ello deberá acudir a quien tiene un conocimiento sólido sobre el tema.

Cubierta de 'El rey sabio'

Rialp (2026). 690 páginas

El Rey Sabio en la Antigüedad. La realeza sapiencial y los orígenes de la civilización

Alejandro Rodríguez de la Peña

A este respecto hay pocos mejores que Alejandro Rodríguez de la Peña, catedrático de Historia Medieval en la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Su investigación, que ya tuvo un primer y generoso fruto con Los reyes sabios: cultura y poder en la antigüedad tardía y en la alta Edad Media (Actas, 2008), se ha desarrollado profusamente, hasta ver publicado no hace ni un año El poder cultural de la monarquía medieval (Rialp, 2025). La presente obra, sin embargo, abandona el milenio cristiano para retrotraerse hasta sus orígenes. En El Rey Sabio en la Antigüedad. La realeza sapiencial y los orígenes de la civilización (Rialp, 2026) Rodríguez de la Peña se propone «situar en su contexto completo el impacto y el alcance del papel cultural desempeñado por las monarquías antiguas y, a la inversa, examinar el papel político desempeñado por el mecenazgo real de la cultura, así como por la ideología real y la propaganda que concebían los intelectuales de la corte», en sus propias palabras. No sólo va mucho más allá de Salomón, sino más allá de Israel y, en general, del Antiguo Oriente Próximo. Se propone un recorrido exhaustivo de toda la historia antigua desde los orígenes mitológicos en Mesopotamia y Egipto hasta la Roma cristiana de Teodosio el Grande, previo paso, por supuesto, por la cultura y tradición judía, el helenismo y el cristianismo.

Tres son las partes que estructuran las casi 700 páginas del volumen, y temático es el criterio de ordenamiento. Dentro de cada parte, eso sí, el orden que impera es el cronológico. En la parte primera, titulada «El rey sabio. Sabiduría y gobierno en el Antiguo Oriente Próximo», Rodríguez de la Peña expone, apoyándose en los textos mesopotámicos y egipcios, así como en los estudios modernos más sólidos, que el Estado y la gobernación tanto en Mesopotamia como en Egipto hicieron de la sabiduría un pilar sobre los que sostener el orden y la civilización. Buena muestra de ello es la rica literatura sapiencial producida en los contextos de corte, como las Instrucciones de Shuruppak y las Instrucciones de Ur-Ninurta en la Tierra de los Dos Ríos, o las Enseñanzas para Merikare y las Enseñanzas de Amenemhat en la Tierra del Nilo. Mucho podría decirse, por otra parte, de los miembros destacados del círculo real, entre los que destacaban los escribas, si no era el rey él mismo un escriba. Uno destaca aquí por la imagen que ha dado a la posteridad: el rey asirio Asurbanipal, cuyas representaciones con la cuña en la mano, símbolo de su conocimiento del arte de la escritura, lo destaca como rey sabio por excelencia, amén de su imponente biblioteca de Nínive, hallada por Austen Henry Layard bajo la colina de Kuyunjik, en la actual Mosul.

En la parte segunda, que lleva por título «El rey-filósofo. Filosofía y gobierno en la civilización grecorromana», el autor arranca en la realeza homérica, caracterizada por «el poder y el consejo sabio, andreía kaí sophía», de reyes como Néstor, para adentrarse en la figura ideal del rey-filósofo de Platón y ofrecer algunas muestras de tiranos-sabios de las épocas arcaica y clásica; y sin solución de continuidad reyes-filósofos en el periodo helenístico y sabiduría y gobierno en la Roma antigua.

En la tercera parte, titulada «La sabiduría sagrada y la realeza sapiencial en el cristianismo antiguo», el lector podrá ver por qué el presente volumen no tiene una estructura general cronológica, sino temática: el autor, con toda lógica, desgaja la tradición judía de aquella primera parte dedicada al Antiguo Oriente Próximo y la coloca al comienzo de la tercera parte como origen de la tradición sapiencial cristiana, donde se encuentra el estudio de la extraordinaria figura del rey Salomón, seguido del necesario capítulo dedicado a la unión entre paideia griega y cristianismo (no siempre exento de polémica), finalizando con la cristalización de todo lo anterior en el gran edificio sapiencial del Imperio cristiano, que el autor trata hasta la división de facto del Imperio, en 395 d.C. con Teodosio el Grande.

En resumen, se trata de un volumen muy ambicioso, y afortunadamente exitoso. Es verdad que no es un libro para cualquier paladar –aviso a navegantes–, sino más bien para aquellos que busquen empaparse bien de una investigación sólida y profunda sobre el tema, y tengan ya ciertos conocimientos previos. La realidad es que Alejandro Rodríguez de la Peña es el especialista por excelencia en realeza sapiencial, y este libro es un florilegio de su inmensa erudición. No hay banalidad aquí, sólo Historia.

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