Los guiris se piden a Falla
En su despedida de la ONE, el director David Afkham llevará al conjunto a debutar en los Proms londinenses, donde exigen que interprete música española
David Afkham dirige a la Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional
El espigado maestro de Friburgo invitó a comer esta semana. Pagaba la Orquesta Nacional. A los críticos les encantan este tipo de reuniones con viandas y alguna botella de vino. Sus magros ingresos no les suelen permitir frecuentar restaurantes, salvo cuando invita alguna institución.
Por eso acudieron los más relevantes y a David Afkham no le importunaron con demasiadas preguntas. Solo un par. Pudo adornarse con lo que ya traía escrito en unos apuntes leídos con discreción, sin que se notara demasiado, en el decente español que ha aprendido en estos últimos doce años en la capital, mientras el resto se ocupaba de las croquetas, la ensaladilla y lo mal que está todo, aunque Sánchez no tenga la culpa, solo Trump: la cultura, ya se sabe, le pertenece a la izquierda por incomparecencia del rival.
El cierto desencanto de Afkham
Entre lo interesante que el hasta ahora director titular de la ONE deslizó mientras se sorteaban tacos de merluza, hubo algún comentario enormemente revelador. Como en el acto se aprovechó para obsequiarnos a los presentes con la grabación de la «Sexta» de Mahler realizada durante pasados conciertos de la orquesta española, Afkham confesó un cierto, nada disimulado desencanto.
A él, como a sus músicos, según confesó, les gustaría que cada vez que el conjunto se presentara en alguna plaza extranjera, como Viena no hace mucho, o Londres dentro de unas semanas, con ese concierto programado en los míticos Proms, les permitieran interpretar a los grandes sinfonistas consagrados: el propio Mahler, Bruckner y por ahí. Para que se note que aquí también podemos.
Por contra, los promotores de estas giras, obligados siempre a complacer a su exigente clientela (caso que puede parecer extraño, pero más habitual de lo que se piensa en lugares donde se mira por el último céntimo de la taquilla, para que las cuentas cuadren), se plantan y reclaman siempre repertorio español, sin concesiones.
Cosa rara, como la ópera de Martín y Soler, estos guiris creen que las obras de Falla, Albéniz, Chueca o David del Puerto constituyen el repertorio más habitual, y en el que mejor logran lucir las agrupaciones locales. Si ni nosotros no creemos en lo nuestro, en fin.
«El Réquiem de Guerra», este fin de semana
No vamos a reprocharle ahora a Afkham, que este fin de semana acaba de ofrecer otro concierto glorioso en una temporada iniciada con el reto de «Wozzeck», el mayor logro lírico de estos últimos meses en España, que prefiera exhibirse antes con el «Réquiem de guerra» de Britten, como hoy, en lugar de ofrecer «El Pesebre» de Casals.
El director alemán tiene claros los esenciales objetivos de una carrera internacional, pero no deja de sorprender cómo van pasando los años y los propios españoles seguimos más empeñados en convencer al «padre» de que somos capaces de hacer las mismas cosas, igual de bien, que nuestros hermanos mayores, en lugar de sacar a relucir sin complejos, poniéndolas justamente en valor, las propias virtudes.
Por eso mismo en tantas ocasiones han sido los británicos quienes nos han «descubierto» la grandeza de Guerrero o Victoria (como ocurre con fragmentos destacados de nuestra historia sociopolítica), de igual modo que estos días un director de escena alemán, Cristof Loy, se ha propuesto llevar la zarzuela al corazón centroeuropeo; lo que en su día ya ensayó Plácido Domingo con grandes elencos. En el caso presente, pretendiendo lavarle un poco la cara al género para despojarlo de esos elementos típicos, folclóricos, que son precisamente los que más han arraigado en la imaginación del público extranjero.
Ese mismo que cada vez que viaja a España, si conoce a una mujer del lugar, lo primero que hace es intentar adivinar el inquietante relieve de una faca bajo la falda porque en el fondo todas ellas son Carmen.
Nuevo disco para Manuel García
Sería injusto no añadir que en el almuerzo para la despedida de Afkham, que no tiene cerrada aún ninguna contratación con otra orquesta (debería llegarle alguna titularidad jugosa donde abunda tanto joven bailarín con mucho menos talento para acercarse al núcleo de las obras y servirlas sin adornos), también se aprovechó para regalarnos un disco más. Se trata del reciente registro de dos sinfonías («primera» y «quinta») más la opereta «Quien porfía mucho alcanza» del grandísimo Manuel García, esos sí, aquí encomendadas a la batuta gala de Cristophe Rousset, como para otorgarle mayor empaque al esfuerzo.
Está muy bien que la ONE se fije en una de las mayores personalidades de la música que España le ha dado al mundo, el inabarcable García, compositor, cantante, maestro… pero no estaría de más ocuparse de situarlo en su justa dimensión y divulgar su obra de una manera más ambiciosa, constante y efectiva.
En las grandes plazas musicales europeas a nadie le preocupa cómo se interpreta a Bruckner en Albacete, Córdoba o San Sebastián. Para eso ya están la Filarmónica de Viena y otras. Pero, en cambio, si en España el Teatro Real o el de la Zarzuela se encargaran de ofrecer como es menester grandes producciones de las obras de García (lo de «El gitano por amor» fue un intento insuficiente), quizá podría despertarse el interés por programarlo, también allí.
Así se podría comprobar que no todo va a ser «El concierto de Aranjuez», una obra maestra que próximamente volverá a sonar en el Royal Albert Hall con la ONE. Pero hay muchas más aún por reivindicar, primero, entre nosotros.