La actriz Lola Herrera, durante la representación de la obra de teatro 'Cinco horas con Mario', de Miguel Delibes
Lola Herrera se quita el luto 40 años después: «He sido muy feliz dando vida a Carmen Sotillo»
La actriz ha representado por última vez la obra que estrenó en 1979 y que aupó su carrera: «Ha sido un recorrido muy largo y gratificante, como persona y como actriz»
Emoción contenida en el Teatro Calderón de Valladolid. Contenida y sin contener: familias, parejas, jóvenes y no tan jóvenes, la periodista que escribe... todos refrenábamos las lágrimas mientras se bajaba el telón por última vez para ocultar a Lola Herrera o a Menchu (son ya quizá un poco la misma persona), su escritorio, sus sillas y el ataúd de Mario. Un ataúd literalmente vacío pero metafóricamente lleno, tan lleno de todo lo que Miguel Delibes pudo imaginar, hace 50 años, que una viuda le diría a su recién fallecido marido la noche del velatorio.
La niña que subió al escenario del teatro vallisoletano con 12 años para un concurso de canto se ha bajado con 86 convertida en leyenda. Fue la obra que la encumbró y que ha representado durante 43 años, a pesar de que su amigo Delibes no confiaba en que se pudiera adaptar al teatro. Cinco horas con Mario era un monólogo complejo, irregular, verborreico y pegajoso, políticamente incorrecto en el único momento en que uno tiene permiso para serlo: ante el precipicio de la muerte. Pero Lola le demostró que era posible, y triunfó en el primer montaje producido por José Sámano y dirigido por Josefina Molina, que después llevaría la intrahistoria de la representación teatral al cine con Función de Noche.
Menchu y Lola, Lola y Menchu
Lola Herrera había estrenado hacía unos meses la representación de la obra de Delibes, y la ficción teatral se había adentrado en su terreno personal, en el plano real. Carmen Sotillo era Lola Herrera y Lola Herrera era Carmen Sotillo. Cada palabra que Menchu pronunciaba servía como exorcismo de los traumas pasados de Lola, que había vivido el abandono de su marido, Daniel Dicenta, con quien no hablaba desde hacía 15 años. Entonces Josefina Molina, primera mujer graduada en España en dirección cinematográfica, decidió filmar esa traslación de personajes: rodó representaciones guionizadas de la vida de la actriz, trozos de la representación de la obra y lo mezcló todo con un diálogo improvisado, real, en el interior de un camerino entre Lola y su exmarido que funciona como hilo conductor principal de la película. Sin caretas, sin actuaciones, una desnudez total de dos personas ante cámaras ocultas. Lola Herrera ha repetido hasta la fecha actual que su participación en esta película no es producto del valor, sino de la necesidad.
Cartel de la película 'Función de noche', dirigida por Josefina Molina y protagonizada por Lola Herrera
Una despedida sin marcha atrás
Por lo que ha supuesto para su vida, para su configuración no solo como actriz sino como ser humano, Lola Herrera tuvo tras esta última función palabras especiales para Molina y Samanó, antes incluso que para Delibes: «Quiero dar las gracias a alguien que no conocéis, que para vosotros será una persona anónima: José Samanó, que ya no está con nosotros». La voz quebrada por el llanto, que todavía al lado del ataúd, era ahora verdadero: «Él fue quien apostó por esta obra. Cuando la estrenamos hace 40 años era imposible, pero él no se rindió. Él, Josefina Molina, Miguel Delibes y yo hemos estado juntos en esto a lo largo de toda una vida. Ya solo quedamos Josefina y yo, pero seguimos con la vida llena, con lealtad, amor al trabajo y capacidad de riesgo», continuó la intérprete en su ciudad natal.
«No podía haber un escenario más hermoso para el final», aseguró entre el cariño del público, que se mantuvo en pie durante sus palabras de despedida. «Aquí se cierra un ciclo muy importante. Como sabéis, hoy ha sido la última representación hecha por mí de esta obra. Ha sido un recorrido muy largo y gratificante, como persona y como actriz. Ha sido una obra que han visto miles y miles de personas en distintas épocas a lo largo de tantos años».
Para Delibes tuvo también palabras, lágrimas y elevación de la mirada al cielo. «Eres el autor de la obra que a mí me ha hecho más feliz de toda mi carrera. Me has regalado poder vivir momentos absolutamente maravillosos. ¡Aquí, en Valladolid, en tu tierra, Miguel!», exclamaba antes de romper a llorar de nuevo. «Gracias por todo lo que me has regalado, por tu amistad, por tu labor en la cultura. Por esa generosidad y por todo lo que me has dado, por haberme dado la oportunidad de vivir en un personaje que tú has escrito».
La alegría y la gratitud se mezclaban con la tristeza y la anticipación de un echar de menos que ya planeaba sobre las butacas del teatro. Y entonces, el golpe de emoción final: «Aquí en Valladolid tengo mis raíces y hoy ha venido a verme Jimena, mi sobrina nieta, de 8 años, que ya se sabe el comienzo de Cinco horas con Mario. Ya tengo quien me sustituya». Lola y su Menchu serán insustituibles, pero ahora nos toca a nosotros vestir el luto por su ausencia.