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Los jugadores del Covirán Granada Matt Thomas, Jonathan Rousselle y Zach Hankins rodean a Ricky Rubio, durante el partido de la Liga Endesa contra el Joventut de Badalona, este domingo, en el Palacio de los Deportes de GranadaEFE

Baloncesto

Ricky Rubio vuelve al Joventut: el regreso más emotivo del baloncesto español

El baloncesto español recupera una de sus figuras más queridas y carismáticas. Ricky Rubio vuelve a casa. Dieciséis años después de su marcha, el base de El Masnou regresa al Club Joventut Badalona, el equipo que lo vio nacer como jugador y que hoy le abre las puertas para cerrar un círculo vital y deportivo. La Penya ha anunciado su fichaje por una temporada, hasta junio de 2026, en lo que supone mucho más que un movimiento de mercado: es un gesto de amor, identidad y madurez.

Rubio llevaba meses meditando su futuro tras un parón que lo alejó de las canchas y lo acercó a sí mismo. En agosto de 2023, el jugador decidió apartarse del baloncesto profesional para cuidar su salud mental, una decisión valiente que marcó un antes y un después en su carrera y en la conversación pública sobre el bienestar emocional en el deporte.

Durante ese tiempo, se habló poco de él. Ricky eligió el silencio, la introspección y el tiempo en familia. Llegó incluso a pensar en la retirada definitiva. Pero, como en sus mejores asistencias, el baloncesto volvió a encontrarlo. «He ganado mucho en mi carrera, pero ahora vuelvo por ilusión», declaró el base en su presentación.

Badalona, el único destino posible

Cuando la idea del regreso empezó a tomar forma, no hubo dudas. El Joventut no era una opción entre varias: era la opción. Allí debutó con apenas 14 años, allí deslumbró a España, allí entendió por primera vez lo que significaba jugar con el corazón.

Volver a Badalona es, para él, una reconexión con el origen y el sentido del juego. No busca títulos ni titulares, sino reencontrarse con el disfrute, el compañerismo y la comunidad que lo formó. El club, por su parte, lo recibe como lo que es: un símbolo. No solo un jugador de élite, sino un hijo pródigo que regresa al lugar donde empezó a soñar.

El papel de Ricky: más guía que estrella

Nadie espera que Ricky Rubio recupere el ritmo frenético de sus años en la NBA o su etapa en el Barça, pero sí que se convierta en un faro para la joven generación verdinegra. Su talento sigue intacto: su visión de juego, su lectura táctica y su serenidad en la pista son virtudes que trascienden la estadística.

Dani Miret, entrenador del Joventut, ve en él un líder silencioso, un mentor que puede marcar la diferencia tanto en el vestuario como en los minutos decisivos. «Su presencia eleva al grupo, no solo por lo que hace, sino por lo que representa», declaró el técnico.

Un debut lleno de emoción

El retorno oficial de Ricky se produjo en Granada, en un partido que más que un encuentro parecía una celebración. Tras 490 días sin jugar en la Liga Endesa, el base volvió a sentir el balón en las manos, a dirigir, a sonreír. La afición de la Penya lo ovacionó con emoción contenida: no a la estrella que se fue, sino al hombre que volvió.

Y aunque el marcador fue lo de menos, cada asistencia, cada gesto, cada mirada dejó claro que Ricky Rubio no ha perdido su magia. Simplemente la ha redescubierto desde otro lugar.

Más que un fichaje: un mensaje

El regreso de Ricky Rubio al Joventut trasciende lo deportivo. Es un mensaje de esperanza y autenticidad en una era donde la exigencia y la presión suelen silenciar la vulnerabilidad. Rubio, con su historia, recuerda que los deportistas también necesitan parar, sanar y reencontrarse.

Su vuelta también reivindica el valor de la cantera y del sentimiento de pertenencia: la idea de que, incluso después de conquistar el mundo, siempre hay un lugar donde todo tiene sentido.

El círculo se cierra

Ricky Rubio no vuelve al punto de partida, sino a un nuevo comienzo. Lo hace con menos velocidad, quizás, pero con más calma. Con menos foco mediático, pero con más propósito. Con menos necesidad de demostrar, y más deseo de disfrutar.

En Badalona, el círculo se cierra, pero también se renueva. Porque, a veces, volver a casa no es un paso atrás: es el paso más valiente hacia adelante.