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Gonzalo García y Xabi Alonso, se saludan durante el partido ante el DortmundAFP

Xabi Alonso tiene un bendito problema con Gonzalo y Mbappé: ¿quién será titular ante el PSG?

Es un valor que le ha hecho muy grande como entrenador. La mejor de las virtudes de un técnico es hacer buenos a jugadores normales, hacer grandes a los buenos y convertir en futbolistas de primer nivel a canteranos que no han tenido la oportunidad de demostrar su valía con otros preparadores más conservadores. Esta última apuesta, el apoyo a los jóvenes, es la otra característica esencial que ha llevado a Xabi Alonso al Real Madrid.

Valdebebas produce muchos futbolistas de calidad que históricamente no han sido aprovechados en la casa. Alonso ha llegado para sacar todo lo mejor de la plantilla en curso y de una 'Fábrica' poco explotada. En el Leverkusen levantó el nivel de todo el grupo, desde Alejandro Grimaldo a Exequiel Palacios pasando por Patrik Schick. Ahora, en cuatro semanas en la casa blanca, ha demostrado que una docena de futbolistas pueden ofrecer mucho más rendimiento.

Su primer secreto es hablar con ellos y darles la confianza personal que no han tenido anteriormente. El segundo secreto es plasmar esa confianza alineando a esos hombres como titulares. El resultado de ese trabajo mental de concienciación positiva es que bastantes jugadores se sienten jaleados por su jefe y ofrecen lo mejor de sí mismos, enseñando cosas en el césped que hasta ahora no habíamos visto. Es lo que está sucediendo en la plantilla madridista.

Fran García es el gran ejemplo de lo que se puede obtener de un profesional si se le concede toda la ayuda psicológica y se le dice que se cree en él. Hoy, el manchego ha pasado de ser un Quijote sin molino a ser fundamental en el esquema del guipuzcoano.

Fran García festeja el gol anotado ante el DortmundAFP

Arda Güler es el segundo espejo de este trabajo especial de un jefe que explica a sus pupilos que 'tu sí que vales'. Ancelotti vio que el turco podía funcionar como centrocampista de creación y Alonso le ha transformado de golpe y porrazo en el director de orquesta, sin más zarandajas ni prudencias. Este tipo que manda ahora es muy valiente y echado para adelante. Así los quiere el Real Madrid.

Dichas estas verdades presenciadas en el campo, el ejemplo supremo de esta revolución que el vasco lidera se llama Gonzalo García. El chaval se ha erigido en el artillero del plantel y en un ariete cotizado a escala internacional. Hace un mes, el canterano jugaba en una división que no pertenece oficialmente al balompié profesional. Hoy es pretendido por una decena de equipos de Europa que van a disputar la Champions y su cláusula, 50 millones, ya se antoja barata.

El gran dilema interno

Hay que decir la verdad cronológica de los hechos. Antes de comenzar el Mundial de Clubes, Xabi Alonso solicitó el refuerzo de un goleador para rematar la plantilla con vistas a la próxima temporada. Budimir y Schick salieron a la palestra. La entidad le dijo al nuevo responsable deportivo del primer plantel que probara a Gonzalo para ver si cubría ese expediente X. El chaval había marcado veintisiete goles en el Castilla.

Lo cierto es que Xabi le tenía bien visto. Le ha seguido toda la temporada. Ha observado a todos los canteranos de 'La Fábrica' desde que se barruntaba su llegada al Real Madrid. Tenía los mejores informes gracias a sus contactos internos en Valdebebas, con Sebas Parrilla como enlace ideal.

Alonso se llevó a Estados Unidos una docena de canteranos y Gonzalo era el primero de la lista. Lo mejor para el zagal es que Xabi pudo y quiso examinar al delantero centro del filial mucho antes de lo que pensaba. Y le ha concedido todos los minutos que el chico soñaba, porque se los ha ganado en el césped. La enfermedad de Mbappé permitió al técnico arriesgar y alinear al madrileño. Y ya puestos, no solo alinearle.

El tolosarra dio un golpe sobre la mesa y demostró su valentía estratégica al colocar al muchacho como titular. La argumentación era táctica. Para Alonso es imprescindible tener un 'nueve' en el esquema y el único ariete puro del elenco era Gonzalo. El chico jugaba seguro. Y demostró sus cualidades.

El resultado de esta valiente apuesta del nuevo preparador del Real Madrid es que el jugador que porta el número 30 a su espalda ya ha superado esa cifra de goles esta temporada con los cuatro tantos anotados en el Mundial. Se ha labrado con todo merecimiento ser titular durante los cinco partidos del torneo, por delante de Rodrygo y de Brahim. Ha anotado cuatro dianas decisivas y ha dado un gol a Güler. Ha sido el futbolista más efectivo del club en la competición. Y ahora llega el gran dilema.

¿No es titular el artillero del Mundial?

El gran dilema lo tiene el entrenador en la cabeza. Él, que ha roto con las jerarquías de veteranos y noveles al elevar a Gonzalo al máximo protagonismo. Él, que ha dejado claro que no hay titularidades fijas y que para jugar hay que saber realizar las estrategias ofensivas y defensivas en acordeón con los compañeros. Él, que no se casa con nadie, más que con el triunfo y la disciplina táctica, sufre ahora la disquisición más dura: ¿El goleador del torneo no es titular en las semifinales porque deben jugar Vinicius y Mbappé?

Ha sido el propio Alonso quien ha hecho grande a Gonzalo otorgándole un sitio en el once que el chaval ha aprovechado como nadie, marcando tantos determinantes y realizando un desgaste a los defensas rivales que ningún otro delantero del Real Madrid sabría hacer. El equipo ha alcanzado las semifinales del Mundial gracias a sus goles. Y ahora, la recuperación de Mbappé sitúa al entrenador en el bendito problema de tener que elegir.

Alonso arde por dentro, porque sabe que si solo juzga el rendimiento Gonzalo debe ser titular frente al PSG, porque ha superado claramente a Vinicius. Mbappé ha jugado minutos en los dos últimos encuentros y ha firmado un golazo ante el Borussia Dortmund. Ahora mismo, por méritos, Gonzalo y Mbappé deberían ser los titulares del ataque blanco en las semifinales. No es sencilla la decisión.

Lo fácil es alinear a Vinicius y Mbappé ante las huestes de Luis Enrique, dejando a Gonzalo como primer relevo del segundo tiempo. Pero al guipuzcoano no le gustan las jerarquías. Sabe que le van a juzgar por el resultado, no por su alineación y su estrategia. Si pierde con Gonzalo inicialmente en la reserva, le van a atacar por ese flanco, por dejar sentado al artillero de la competición. Es el precio que se paga por dirigir al Real Madrid.

Mbappé y Vinicius, en el Mundial de ClubesAFP

La determinación más cruda la deberán tomar el club y el entrenador una vez acabado el Mundial. Gonzalo se ha ganado ser uno de los tres puntas más importantes del Real Madrid, junto al brasileño y al francés. Ha adelantado a Rodrygo, Brahim y a Endrick en el escalafón. Lo lógico es que se quede en la plantilla como el ariete de relevo, ese que pedía el técnico. El quid de la cuestión es que si Rodrygo o Endrick no se van, serán demasiados puntas para un sistema que juega con dos. Quedan cincuenta días de mercado y puede haber varios cambios. Endrick dice que se quedará y que no admite una cesión. Es Rodrygo quien concentra este capítulo. Es pretendido por el Arsenal, por el Chelsea y por el Manchester United.

La única verdad indiscutible es que Gonzalo se ha ganado la continuidad y una ampliación y mejora de su contrato, con el consiguiente aumento de su cláusula. Ahora mismo tiene ficha hasta 2027 y su rescisión vale 50 millones, una cantidad que se ha quedado pequeña, aunque Transfermarkt, que vive siempre muy atrasada, lo valora hoy en la ridícula cantidad de ocho millones.

El Real Madrid le va a hacer ficha de la primera plantilla, le va a subir el sueldo y le va a extender su contrato cuando regresen de Estados Unidos. Después, la decisión será si se queda o si es cedido para que se foguee. Todo dependerá de Rodrygo.

Ahora mismo lo que le importa a Xabi Alonso es el Mundial. Y tomar una decisión en la alineación que es complicada. Gonzalo, el goleador del evento, quiere alcanzar la primera Bota de Oro de la historia del Mundial. Se lo merece. El entrenador lo sabe. Jugará ante el PSG. Seguro. El quid de la cuestión es cuando, si antes o después. Se lo piensa. Pero cuidado, este técnico rompe moldes.