Penaltis: el mayor disgusto, en Cataluña
El poco acierto es el único reproche que se le puede hacer a la selección que ha sido la mejor del torneo sin discusión. Pero ganó Inglaterra que lleva dos Eurocopas seguidas. Es difícil ganar por mucha calidad que tengas.
Meter penaltis también es jugar. No se crean lo de la lotería, es más que eso. Es temple. Saber estar. Templar, parar y mandar. Tiran a puerta cerrada y a estas horas están 54-54.
Uno de cuatro no alcanza, claro. Y empezó divertido con doble toque de una inglesa que había marcado. Esta vez se repitió y lo paró Cata. Iba camino de Catalina la Grande: nadie la ayudó.
El poco acierto es el único reproche que se le puede hacer a la selección que ha sido la mejor del torneo sin discusión. Pero ganó Inglaterra que lleva dos Eurocopas seguidas. Es difícil ganar por mucha calidad que tengas.
No yerran los que dicen que esto es para listos y España no lo fue el día D. Ni en los lanzamientos ni cuando fue superior o muy superior. Sobre todo en el primer tiempo tras el gol de Mariona. Ahí empezó a complicarse el título.
Penaltis. Recordó aquella tanda con Marruecos en el último Mundial. Penaltis últimamente, sólo el Madrid. El masculino, digo.
El balance es un agrio subcampeonato y un buen empujón para nuestro fútbol femenino que ha demostrado su calidad y plantado a muchísima gente ante la tele.
Y es curioso: entre las naciones, países, potencias, estados, pueblos y pedanías que forman Espanya, la conocida como Cataluña es donde se siguió con más fervor y número las andanzas de la selección española.
¿Por la mayoría de jugadoras del Barça? Influye, claro. Pero también que en casa, con el mando en la mano, en pura clandestinidad, uno hace lo que le da la gana. Ya pasó otra veces, recuerdo cuando emergió Fernando Alonso.
Memorables voces y plumas de simpáticos nacionalistas catalanes diciendo que el Nano no era de los suyos y pasó lo que ahora, que en Cataluña batió récords entre el cachondeo popular.
De la final no manejamos datos todavía, pero la tónica la sabemos. La semifinal con Alemania obtuvo una cuota de pantalla de casi el 40 por ciento en tierra catalana (39.9) por 32.3 en el resto del país, nación, estado, lo que prefieran. A mí gusta más potencia. Que es lo que somos. Los números de este último domingo de julio volverán a ser espectaculares.
La pena fue eso, que esta vez palmamos, la potencia es ahora mismo un desespero. Cataluña, sobre todo. Un empate tras 120 minutos de juego acostumbra a reflejar lo que ha pasado: que nadie fue tan suprior y mereció ganar o perder. ¿Algo más España? Puede. Como el día de Alemania, empate y un solitario gol otra vez, esta no bastó.
En el alambre las dos veces y la polémica: la seleccionadora quitó a Alexia. Pudo equivocarse, pero ni con ella supo el equipo resolver la final que olió a penaltis mucho rato: esperaba el trompazo. Buen veranos, muchachas.