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Jugadores del FC Barcelona durante el partido de Copa del Rey ante el Real Racing Club de SantanderAFP7 vía Europa Press

El logro que puede conseguir el Barça si gana al Albacete y desvirtúa a la Copa del Rey

El FC Barcelona está ante la posibilidad de firmar un logro tan llamativo como controvertido en la Copa del Rey. Si el conjunto azulgrana supera al Albacete, alcanzará las semifinales del torneo sin haberse enfrentado a ningún equipo de Primera División, una situación poco habitual y que reabre el debate sobre hasta que punto el actual formato de la competición mantiene intacta su esencia competitiva.

El camino del Barça hasta este punto ha estado marcado por enfrentamientos ante equipos de categorías muy inferiores. En su debut, eliminó al Guadalajara, equipo de Segunda RFEF, uno de los escalones más bajos del fútbol nacional. Posteriormente, derrotó 2-0 al Racing de Santander, de Segunda División, y ahora se mide al Albacete, también de la categoría de plata. Tres rivales alejados de la élite, tres eliminatorias sin la exigencia que tradicionalmente se asocia a las rondas decisivas del torneo.

Este recorrido contrasta de forma evidente con la lógica histórica de la Copa del Rey, una competición que siempre se ha caracterizado por los cruces entre grandes equipos en fases avanzadas. Que un club del tamaño del Barcelona llegue a las semifinales sin medirse a otro equipo de Primera no solo es raro, sino que resulta chocante en un torneo que presume de igualdad, emoción y dificultad creciente conforme se avanza de ronda.

Sin embargo, a lo largo de la historia de la Copa del Rey nos hemos podido encontrar casos en los que equipos avanzaron hasta rondas muy avanzadas (incluso semifinales) sin enfrentarse a rivales de máxima exigencia. El Real Madrid Castilla, llegó a la final de la Copa del Rey en 1980, algo que nunca se ha repetido y que a día de hoy, no es posible porque los filiales no pueden disputar la competición. En su trayectoria, eliminó a equipos de mayor categoría, incluyendo varios equipos de Primera División, pero su estatus y el formato de la época lo convierten en una excepción única en la historia.

Desde que los equipos filiales dejaron de participar y con el nuevo formato de eliminación directa (rondas de un partido desde fases tempranas) introducido hace unos años, la Copa del Rey es muy impredecible ya que los equipos de Primera División entran más tarde, juegan fuera ante rivales de inferior categoría y con un solo partido; esto ha permitido sorpresas y no enfrentamientos directos con rivales de máxima exigencia en rondas tempranas ocasionalmente

Más cercanos en el tiempo son los recorridos de equipos modestos que lograron alcanzar rondas muy avanzadas con trayectorias relativamente accesibles. El CD Mirandés en la temporada 2019-20 alcanzó las semifinales siendo un equipo de Segunda B aunque perdió ante Real Sociedad, mientras que el Figueres lo hizo en la campaña 2001-02. También clubes como Rayo Vallecano, UD Las Palmas o el Deportivo de La Coruña alcanzaron semifinales o rondas avanzadas sin ser gigantes consolidados.

Sin embargo, todos esos ejemplos comparten un matiz fundamental: eran equipos pequeños o medianos protagonizando una gesta inesperada. En el caso del Barça, ocurre justo lo contrario. Se trata de un gigante histórico del fútbol español beneficiado por un cuadro extremadamente favorable, algo que genera una percepción de desequilibrio difícil de ignorar.

Que un club modesto llegue lejos forma parte de la magia de la Copa; que uno de los grandes evite sistemáticamente a otros grandes hasta semifinales plantea dudas sobre el grado de justicia competitiva del torneo. Mientras otros aspirantes al título se ven obligados a eliminarse entre sí en rondas tempranas, el Barça ha transitado por una vía despejada, sin cruces con Real Madrid, Atlético de Madrid u otros equipos de la élite.

Antonio López Alfaro durante el sorteo de cuartos de final de la Copa del ReyAFP7 vía Europa Press

El efecto práctico de este camino también es evidente. Menor desgaste físico, menos tensión competitiva y mayor margen para rotaciones permiten al Barça llegar más fresco a las rondas decisivas, algo que puede resultar determinante en un calendario cada vez más exigente. El torneo, que históricamente castigaba a los favoritos obligándolos a superar obstáculos de máxima dificultad, en este caso parece haber actuado como un aliado.

Si el Barça culmina su pase a semifinales ante el Albacete, firmará uno de los recorridos más suaves hacia esa ronda en la Copa del Rey. No será un logro menor desde el punto de vista estadístico, pero sí uno que inevitablemente alimentará el debate sobre si el actual formato, pensado para igualar fuerzas, puede acabar desvirtuando la competición cuando el azar del sorteo beneficia en exceso a quienes menos lo necesitan.