Vinicius Jr. celebra el gol marcado ante el Benfica en el Bernabéu
Vinicius consigue lo que se propuso hace un mes: ser el líder y que no se eche en falta a Mbappé
La llegada de Arbeloa y los silbidos en el Bernabéu fueron sus puntos de inflexión: tengo que transformar los pitos en palmas
«Nos veremos con ellos, sí»: la frase del vestuario del Real Madrid con la que admite que no quiere al City
Han sido los tiempos más difíciles de Vinicius en el Real Madrid. Lejos quedaban sus bonitos comienzos cuando Santiago Solari confío en él y a sus 18 años sacó al Real Madrid del atolladero. El brasileño tenía toda una carrera por delante. Siete años después, el delantero vivió los peores momentos en la casa blanca. Su enfrentamiento con Xabi Alonso fue visceral. Y el futbolista demostró que es diferente a otros. Si no se siente querido por un entrenador, no rinde. Y Vinicius no rendía. Llevaba a medio gas desde que perdió el Balón de Oro hace trece meses.
Sin embargo, Ancelotti le mantuvo siempre como titular. Xabi acabó con esa preferencia. Apretó las pilas al carioca. Le cambiaba casi siempre o le dejaba en el banquillo para introducirle en los segundos tiempos. Todo explotó por los aires. Alonso se marchó. Debutó en el banquillo Álvaro Arbeloa. Y llegaron los silbidos a Vinicius en el Bernabéu. El '7' se propuso revolucionar su crisis más grave en el club, una situación inimaginable. Aquel ambiente era agrio, muy difícil para el iberoamericano. El enemigo no era el Barcelona, ni Laporta, ni los árbitros del 'lobby' de Negreira. El enemigo estaba en casa, en las tribunas. El público estaba harto y concentró en Vinicius su enfado.
Le culparon del adiós de Xabi Alonso. Había que revertir esta realidad. Se lo propuso. El nuevo técnico confiaba en él y eso era un punto de partida magnífico, pero él tenía que volver a ser importante en el juego del equipo. Había mucho trabajo por delante. El primero era tornar los pitos en palmas. Tras la destitución de Alonso y la llegada de Arbeloa el calendario, caprichoso, presentó dos partidos consecutivos en el Bernabéu, frente al Levante y el Mónaco. Algunos sectores de la afición ya dijeron que iban a mostrar su enfado con el equipo en el primer encuentro que se celebrara en Chamartín.
Varios millares de seguidores silbaron al Real Madrid frente al Levante y centraron sus pitos en Vinicius, Bellingham y Valverde, a los que señalaron como culpables del final de Xabi Alonso. Les pitaron al anunciar sus nombres en la alineación antes del partido y sobre todo les silbaron con fuerza cada vez que recibían la pelota frente a los levantinos. El futbolista más atacado con el ruido del graderío fue el brasileño. Se sintió raro, traicionado por la afición. Sus ojos denotaron tristeza. La mirada perdida hacia la grada. Los blancos vencieron con dos goles, de Mbappé y Asencio. Y tres días después atacaban la visita del Mónaco al Bernabéu con la preocupación de un ambiente similar.
Vinicius torna los pitidos en aplausos
El número siete, heredero de Juanito, de Raúl y de Cristiano, sabía que debía dar un golpe sobre la mesa en la Champions para revertir este ambiente agresivo. No podía ser que el público estuviera en contra, que jugaran con el enemigo en casa. Ya había hablado muchas veces con Arbeloa y su aura interno en el vestuario era magnífico, todo lo contrario que con Xabi Alonso. Ahora faltaba recuperar la confianza de los madridistas. En realidad había sido al revés. Fue el nuevo entrenador quien le cogió por el cuello y le dijo claramente, mirándole a la cara, que era un número 1, que iba a jugar siempre y que quería ver otra vez al mejor Vinicius.
Arbeloa deseaba que su pupilo se sintiera a gusto en el campo y le pedía que hiciera todo lo posible para volver a ser el de antes, porque tenía toda su confianza. El técnico le explicó que debía volver a ser un jugador fundamental, clave. Porque para ganar los títulos necesitaba de Vinicius. La confianza que le otorgaba el nuevo míster fue mano de santo. Vinicius se presentó ante el Mónaco con la convicción de dar un golpe sobre el tapete verde del estadio más famoso del mundo. Los blancos anotaron seis goles. Él numero siete marcó uno y dio dos. Tornó los silbidos en aplausos muy pronto. Se encaró al público, se señaló el escudo y les dijo que si pasaba algo. Lo único que pasaba es que Vinicius había vuelto a ser uno de los mejores futbolistas del mundo.
Vinicius Jr. celebra su gol ante el Benfica en el Bernabéu
Desde entonces, la trayectoria del brasileño ha sido una evolución constante. Seis goles en los últimos cinco encuentros. Se siente a gusto, querido por el entrenador, mimado. Necesita que le consideren importante para demostrar que es importante. Su progresión ha sido excelente. Arbeloa sabe bien que el Real Madrid necesita de Mbappé, de Vinicius, de Bellingham, de Valverde, de Güler, de Tchouaméni, de Rüdiger y de Courtois para luchar por los títulos. Si alguno no rinde y no se suma la causa, será imposible. Y la aportación de Vinicius es fundamental en esta proyección porque Mbbapé necesita el fútbol rompedor del carioca. El resultado de esta mejoría total del brasileño es que ya suma trece dianas y doce asistencias en este curso y seis de esos trece tantos los ha rubricado en estas últimas semanas.
El punto culminante es que ha cogido el liderazgo del equipo cuando Mbappé ha faltado por sus problemas en la rodilla. El francés no jugó ante Real Sociedad ni el último encuentro ante el Benfica. Vinicius firmó dos de los cuatro tantos madridistas ante los donostiarras y rubricó el gol decisivo en el Bernabéu frente a los hombres de Mourinho. Una semana antes, también fue el mejor en el partido de ida en Lisboa, marcando el golazo de la victoria, un duelo que quedó empañado por el ataque racista de Prestianni sobre el propio Vinicius.
El hijo predilecto de Sao Gonzalo ha vuelto. Es uno de los mejores futbolistas del mundo y se dispone a renovar por el Real Madrid. El club aumentará sus emolumentos porque su rendimiento dice que ha recuperado el nivel que marca la diferencia. El secreto escondido es que solo necesitaba cariño.