El entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa (i) conversa con el preparador físico Antonio Pintus (d)
Arbeloa merece seguir, pero el club le pide un golpe de efecto en Liga o Champions
El técnico ensaya la batalla de Múnich con Camavinga, Militao, Bellingham y Mendy pero lo primero es ganar el Girona
Arbeloa se indigna con las quejas arbitrales del Barça: «Sabéis mi opinión sobre lo ocurrido»
El fútbol, como la vida, no es justo. Álvaro Arbeloa merece seguir en el futuro como entrenador del Real Madrid. Los futbolistas desean su continuidad y la pedirán. Sin, embargo, las circunstancias del club pueden decidir lo contrario. Hablamos muy claro: el técnico se ha ganado el respeto del vestuario por su trabajo, su lógica cartesiana y su exigencia de disciplina. Pero si el Real Madrid queda eliminado de la Champions el miércoles y sigue a siete puntos en la Liga será muy difícil soportar cincuenta días en esta situación y la entidad deberá buscar un golpe de efecto para la temporada que viene.
Arbeloa lo sabe y busca que ese golpe de efecto sea suyo y se produzca ahora, tanto en la Champions como en la Liga. Si lo consigue consolidará sus posibilidades de continuar. El golpe de efecto es conquistar Múnich con otra gesta. Los futbolistas lo saben. Y Arbeloa les ha dicho que la batalla de Alemania comienza este viernes ante el Girona dirigido por Míchel. El responsable deportivo del Real Madrid ha dialogado con muchos de sus futbolistas y ha sido contundente.
Esta noche deben jugar con total actitud porque esta jornada liguera será un ensayo del encuentro de la Copa de Europa. El ensayo significa darlo todo en el Bernabéu para no perder el tren del campeonato español, imponiendo la presión alta y la posesión de balón que no se consiguieron mantener con eficacia ante el Bayern en el duelo de ida. Esta prueba general, que exige vencer el envite ante el equipo del Montilivi, se realizará con el once titular que se medirá al Bayern en Baviera. La única salvedad es Mendy, que tendrá un test de media hora con el fin de ser titular en la Copa de Europa. En la alineación serán fijos Militao, Bellingham y Camavinga.
Arbeloa ha acabado con uno de los morbos del partido de Baviera: Camavinga será el pivote que sustituya al sancionado Tchouaméni. Valverde y Bellingham le acompañarán en el centro del campo y la incógnita es quien será el hombre de enlace con Vinicius y Mbappé. Güler y Thiago compiten por ejercer esa misión. La retaguardia de la Champions la formarán Trent, Militao, Rüdiger y Mendy. El lateral izquierdo de esta noche se lo disputarán inicialmente Carreras y Fran García, para dar entrada a Mendy pasada la hora de juego. Lunin será el guardameta.
El entrenador salmantino planteará un esquema de presión, garra y lucha con jugadores de carácter y de calidad. Bellingham y Militao imprimieron al Real Madrid una personalidad dominante en el Bernabéu después de recibir el segundo tanto del cuadro alemán. Se sumaron a Rüdiger y Mbappé en el liderazgo necesario para encerrar al rival y lo consiguieron. Llegó el gol de Mbappé y rozaron el empate. En Múnich no hay que rozaron, hay que marcar y ganar. Hay que clasificarse.
A un gol de igualar la eliminatoria
Mientras muchos madridistas han tirado ya la toalla en el Bernabéu, el técnico blanco piensa todo lo contrario y la cúpula del club también se ha sumado a este carro. Parece una quimera poder clasificarse en Múnich y Arbeloa ha sido rotundo en quitar dramatismo y poner las cosas en su justa balanza: «Sólo estamos a un gol de igualar la eliminatoria». Es verdad. Y en esta hipótesis se puede pasar a la prórroga y a los penaltis. Por eso recalcan desde el Bayern que la eliminatoria no está saldada.
Un gol madridista equilibra el duelo y deja las armas en todo lo alto. Ese es el objetivo inicial del Real Madrid. Arbeloa refuerza el despliegue táctico con otro trabajo fundamental, el psicológico. Recalca a sus hombres la realidad de las últimas cuatro visitas madridistas a Múnich, que se saldaron con resultados positivos, dos empates y dos triunfos. La última vez que perdieron los blancos en Baviera fue hace catorce años, precisamente con Mourinho de jefe y Arbeloa de futbolista.
Kylian Mbappé celebra el 1-2 ante el Bayern de Múnich
Lo que ha hecho el entrenador es dejar claro al grupo que Múnich no es ningún temor para el Real Madrid y que la diferencia en el marcador es mínima. Les ha razonado que vencer al Bayern en Alemania no es un imposible descabellado. Hay que marcar un gol, sí. Es sencillamente el objetivo mínimo de cada partido de Liga y de Champions. Ningún miedo, ni preocupación. Es la meta que se impone el Real Madrid siempre: conseguir al menos un tanto. Ganar. Y sobre todo clasificarse. Como sea. Esta idea, este plan, comienza hoy.
El partido de Múnich se juega ya esta noche. Hay que ganar y convencer. Hacer presión alta y mantener la pelota en su poder con muchos desmarques para que quien la tenga encuentre diferentes salidas. Si se falla esta noche, al entrenador ya no podrá salvarle nadie. Su porvenir está en las botas de sus jugadores.
Arbeloa necesita un golpe de efecto para documentar con más hechos su continuidad al frente de la plantilla y tanto sus hombres como él mismo saben que si elimina el Bayern en Múnich tendrá muchas opciones de ser el técnico del Real Madrid la próxima temporada. Es lo que la mayoría de la plantilla quiere. Está en sus botas. Siempre lo estuvo, pero ahora más que nunca. Los fracasos del equipo ante el Getafe, el Mallorca y el Osasuna hicieron daño al técnico. Los culpables fueron los futbolistas y ellos deben ayudarle a labrar su continuidad. La batalla de Múnich marcará el porvenir de muchos profesionales de la entidad. Comienza a jugarse esta noche.