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José Mourinho, en el Espanyol - Real Madrid de la jornada 2 de LaLigaGTRES

El Real Madrid alucina con Mourinho: «La plantilla es una familia tras la desunión reciente»

Queda una semana de mercado y nadie puede asegurar que el Real Madrid no traspase a un jugador y fiche a otro en siete días. Endrick, Camavinga y Asencio estarán en el escaparate hasta el último suspiro. Pero nadie quiere irse realmente del Real Madrid. Si alguien se va al final es porque verdaderamente asume que no tendrá demasiadas opciones. Nadie quiere marcharse en su fuero interno porque observa que Mourinho ha conseguido en un mes lo que hace tiempo que no se veía en la cocina de Valdebebas: la plantilla es sinceramente una familia.

El club alucina con un entrenador al que conoce muy bien. El portugués les sorprende cada semana, cada mañana, con su capacidad de ganarse al jugador individualmente y al grupo en general. Su inteligencia para hacer de todos uno de noi es una calidad intelectual que pocos pueden jactarse de tener. El luso no se jacta de ello. Al revés. Lo lleva de serie. Mou es así. Estás conmigo o contra mí. Exige que quienes estén en su plantel se sientan un equipo y jueguen para el equipo. Quien busque su triunfo particular que lo diga y se le pone en el mercado. Todos quieren quedarse. Buen síntoma.

El mensaje del portugués cala. Te subes a mi barco o te bajas, que quedan siete días de mercado y aún tienes la posibilidad de irte. Nadie levanta la mano. Si alguien se va será porque no se ve con minutos en el Real Madrid y es mejor ser protagonista en otro lugar. Pero por ambiente todos desean quedarse. Lo que todos los futbolistas sueñan es ser primer espada en este proyecto de un señor de 63 años que tiene el culo pelado (la patente es de Luis Aragonés) y cuya mayor cualidad es saber unir a un grupo y hacerlo una piña. Entre otras cosas porque el técnico considera esencial ser una piña para aspirar a ganar.

La cúpula de la entidad alucina porque este entrenador al que conoce muy bien sigue dejándoles con la boca abierta. Ha solucionado en un mes problemas que han perdurado durante un año. El combate de los pesos pesados entre Valverde y Tchouaméni reflejó la disensión de dos grupos de la plantilla, unos defensores de Xabi Alonso y otros de Arbeloa. Eso se ha acabado. «Aquí ya no hay peleas, la única pelea es por jugar», señalan desde el césped de Valdebebas. «Mourinho ha conseguido que esto sea una familia tras la desunión reciente, no hay malas caras, todo el mundo observa que el entrenador puede llevarles al éxito con su fórmula de unir al grupo y nadie quiere perdérselo», afirman en la cocina blanca.

El éxito del responsable deportivo se refleja en que todos desean formar parte importante del equipo, vivir esta experiencia que habían escuchado externamente y que ahora pueden constatar en directo con el luso al mando, con su sarcasmo, su ironía, su sonrisa y su vigilancia de sabueso exigente. Mourinho ha logrado hacer del plantel un verdadero equipo. «Si alguien se va será por tener más oportunidades, pero por carácter de grupo esto es insuperable», indican desde la cocina blanca.

Este Mourinho supera al anterior

La dirección deportiva madridista observa que este Mourinho supera al anterior, es un Mourinho mejor. Desde el campo de Valdebebas son claros: «Ha conseguido que los jugadores mueran por él, pero lo que él quiere es que mueran por el Real Madrid y es lo que está logrando, porque él es Real Madrid». Es la pura personificación del alma del club. Diomande, Espí, Bellingham, Mbappé, Bernardo, todos han hablado de Mourinho como hacedor de un espíritu de grupo unido. Los ha sumado a la causa.

Lo que el portugués ha logrado es que el técnico sea respetado, porque es la premisa para transmitir una idea y que todos la hagan. La cúpula le ha dado todo el poder futbolístico y sus pupilos lo saben. Puede sentar a Vinicius y no pasa nada. Y él mismo se ha apretado las clavijas al ver cómo su exigencia se ha convertido en un problema buscado, al constatar que posee una plantilla de veinte hombres con aspiraciones reales de jugar.

José Mourinho celebra el gol de la victoria ante el EspanyolGTRES

El órdago que Mourinho se ha impuesto es que ahora tiene que sentar a titulares en la reserva porque no le caben todos en el once. El dilema es que Tchouaméni, Valverde, Bernardo y Güler luchan por el doble pivote. De momento, el turco ha sido titular por la derecha, pero Diomande irá subiendo escalones. Y Brahim, excelente en la pretemporada, no jugó en Barcelona. Ahora regresa Tchouaméni para luchar con Valverde por la posición de medio centro defensivo. Dilema para el jefe.

La labor del entrenador es hacer creer a todos que son titulares aunque no lo sean en el once inicial. Llega el estreno en el Bernabéu, frente a la Real Sociedad, y algunos comenzarán en el banquillo. El reparto de esfuerzos será la clave. La rotación se producirá primero con los cinco cambios de cada encuentro y posteriormente en las alineaciones de los siguientes encuentros, ante el Málaga en Chamartín y el Betis en Sevilla. Cuatro días después, el debut europeo en la Champions marcará la pauta.

Habrá internacionales reconocidos del Real Madrid que comenzarán sentados en el banquillo. Eso expresa que la plantilla es muy buena. Mourinho ha conseguido tener dos hombres como mínimo por puesto y sobre todo contar con un equipo equilibrado tácticamente. Espí es el ariete clásico que necesitaba para apuntalar el ataque en el plan B y C. Bernardo, Güler y Thiago Pitarch pueden llevar la batuta. Bellingham recupera el alma del media punta goleador. El secreto del entrenador es que su libro ejecutivo dicta que quien no juegue debe estar molesto, pero no hundido.