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Los futbolistas del Real Madrid celebran uno de los goles ante el Borussia Dortmund

Los futbolistas del Real Madrid celebran uno de los goles ante el Borussia Dortmund, la última gran remontada europeaAFP

El Real Madrid necesitaría tres estadios para satisfacer la demanda frente al Arsenal

Esto solo se entiende si usted es madridista. Cualquier persona que no sienta estos colores nunca podrá comprender esta locura. Pero es una locura de la ilógica que ha encontrado la lógica de la historia. Sucedió frente al Celtic, el Derby County, el Inter, el Borussia Mönchengladbach y el Anderlecht en las épocas de Santillana y de la Quinta del Buitre. Ocurrió ante el Wolfsburgo con una remontada basada en los goles de Cristiano. Y las últimas noches mágicas las tienen ustedes en la retina: PSG, Manchester City y Chelsea hace tres años, el Bayern de Múnich hace uno.

Rodrygo, Camavinga, Benzema, Joselu. La gloria. Ahora toca anular tres goles en contra del Arsenal. Y la locura de psiquiátrico es que todas las encuestas realizadas al madridismo dicen que los blancos se clasifican seguro. Incluso las encuestas realizadas a la mañana siguiente del desastre ya 'ganaban' la eliminatoria. No hay quien lo entienda. No lo intente. Es un acto de fe. La consecuencia de todo ello es que el Real Madrid necesitaría tres Bernabéus para satisfacer la demanda.

A ver cómo le explicas a un noruego doce horas después de la debacle de Londres que haces una encuesta en el Bernabéu y sesenta de cada cien personas dicen que el Real Madrid remontará el 3-0. A ver cómo le explicas a un japonés que tres días después de la dura derrota ese porcentaje de optimismo incomprensible ha ascendido hoy al 67 por ciento. Nadie duda que el martes, un día antes del partido, ochenta de cada cien encuestados dirán que el Real Madrid eliminará al Arsenal ¿Por qué? Porque ya lo han vivido en varias ocasiones. Los más viejos del lugar pueden decir con orgullo que lo han visto en una decena de ocasiones. Las diez que les hemos mencionado. Y hay más.

Mire, para estas cosas no vale la inteligencia artificial, que le da al Real Madrid solo un cuatro por ciento de opciones. Incluso una maquinita le da el uno por ciento. Son máquinas, no albergan sentimientos y sobre todo no pueden juzgar lo que les sucede a los rivales cuando se miden al Real Madrid y a ochenta mil personas que los llevan en volandas. La inteligencia, nunca mejor dicho, es artificial. Y en estos partidos en el Bernabéu lo que más afecta es el sentimiento humano, la presión externa, el miedo del escenario.

Todo un estadio jaleando a un equipo. Y un adversario que por mucha experiencia que tenga termina habitualmente por claudicar y perder los papeles, desconcentrado, maniatado mentalmente. Les sucedió al PSG de Messi, al City de De Bruyne, al Bayern de Neuer. No podemos decir que le vaya a ocurrir también al Arsenal, pero la creencia irracional del madridismo es que ellos pueden hacer que le ocurra. Es el único equipo del mundo que ha conseguido estas remontadas imposibles con una periodicidad peligrosa para el visitante. Porque el ambiente del Bernabéu es hechicero. Es la gente la que más cree en ello. Y eso hace que el fútbol sea incontrolable.

Hacen falta tres Bernabéus

Es tal la ilusión general desde horas después de la debacle que el Real Madrid necesitaría tres estadios para satisfacer la demanda. El viejo Maracaná, donde se metían 200.000 personas de pie, sería llenado por el madridismo para hacer realidad otro milagro. No digamos ya el antiguo Bernabéu que albergaba a 125.000 personas. Está claro que muchos aficionados ya no intentan cazar una entrada porque todo está prácticamente vendido. La reventa oficial será un camino. A ella acudirán muchos simpatizantes a partir del lunes. El precio mínimo oficial parte ya de 365 euros.

La locura se mide en su justo valor en la reventa ilegal, la pirata. Las entradas del segundo anfiteatro son ofrecidas a 1.300 euros a cuatro fechas del encuentro. El miércoles se venderán a 3.000, dicen quienes las enseñan. No hay prisa para ellos. Cada hora sube el coste y llegada la hora verdad, la ilusión por vivir otro milagro no tendrá precio.

Estadio Santiago Bernabéu

Estadio Santiago BernabéuCR

El vestuario de la conjura está enterado de todo. Han hablado entre ellos para intentar la proeza y saben que 650 millones de madridistas en el mundo esperan ese sueño. Lo que saben especialmente es que deben de responder a los aficionados con un gran partido. Posteriormente, la clasificación se conseguirá o no, pero tienen que dejarse todo en el campo. Es muy difícil, no imposible. Y el vestuario habla de corresponder a los seguidores porque saben que ellos les han llevado otras veces a la victoria y ahora volverán a hacerlo con un aliento incansable. Saben que si lo pueden conseguir es gracias a ellos y no van a fallar en su entrega hasta el final.

Vamos a ser claros de lo que pasa en el vestuario: con la boca pequeña, de puertas para fuera, hablan de hacer un gran partido, para añadir que les parece imposible alcanzar los tres goles de diferencia. La realidad es que en el seno interno de la cocina se habla de marcar un gol como mínimo en el primer tiempo y empatar la eliminatoria en el segundo. El análisis que hacen es que si juegan con paciencia y sin prisa, sin ansiedad, pueden marcar hasta dos goles en la primera parte. Creen. «Si creemos, podemos».

Los pupilos de Ancelotti están picados. Primero, con esas tonterías de las maquinitas de la inteligencia artificial que no les dan opciones y que no valoran el carácter, la voluntad, la lucha, la creencia. La IA nunca habría dado ganador al Real Madrid en las diez gestas que hemos citado. Por lo tanto, la IA no sirve para nada porque no puede medir el componente humano de ambos equipos y de 80.000 personas en las tribunas.

El vestuario también está picado a escala interna con todo el antimadridimo social y mediático, que habla de suerte para argumentar todas esas proezas anteriores. Toda una historia de suerte, aducen. Los futbolistas que ostentan el título de campeones de Europa quieren dar un golpe sobre la mesa. Es casi imposible, pero queda un margen de posibilidad. En el fondo de su mente piensan en una prórroga y hasta en los penaltis. Pues Rüdiger está listo para rubricar otra leyenda. El 'loco' quiere un partido loco para conseguir la locura. Es lo que busca el Real Madrid, hacer de los noventa minutos una locura desenfrenada.

Un trabajo interno de motivación total

La creencia en la clasificación es tal que el club y el cuerpo técnico trabajan en ella con denuedo.

La entidad ya sabe que el madridismo conquistará las cercanías del Bernabéu desde cuatro horas antes para jalear la llegada del autobús del equipo al campo. Se generará un ambiente muy bonito de la grada. Y a escala deportiva ya ha comenzado una misión psicológica importante dirigida por Ancelotti. Primero hay que ganar al Alavés en la Liga para no perder ese tren. D después hay que concentrarse totalmente en la remontada europea.

El cuerpo técnico está trabajando en una serie de vídeos motivacionales para que los futbolistas asimilen mentalmente que el reto es posible. Esos vídeos ofrecerán las vivencias de muchos de esos diez partidos inolvidables que hemos citado. Bastantes profesionales del plantel han vivido las últimas remontadas. Mbappé y Endrick no han sentido en sus carnes ninguna. Los vídeos emitirán imágenes de los sentimientos que surgieron tanto en las gestas de estos últimos años como en las hazañas épicas de la era de Butragueño, Santillana y Camacho.

El trabajo mental es directo: el delirio del triunfo que ofrecen esos vídeos debe ser integrado en la cabeza como algo factible y vivido, como algo real, Real. Quedan cuatro días. Primero hay que superar el escollo de Vitoria. Luego comenzará una semana de pasión.

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