Asensio celebra su gol
Real Madrid 1-0 Granada
El Madrid destruye el orden del Granada con un zurdazo de Asensio
El empuje de los blancos en la segunda parte, dirigido por un poderoso Valverde, culmina con el golpeo imparable del mallorquín
Timideces asustadoras en el Bernabéu. Es la ilusión de los visitantes de Chamartín y el tecnicismo del nuevo fútbol que alcanza hasta los más inverosímiles recovecos. Cualquier equipo, y eso que ningún equipo es cualquiera, pone en aprietos al más pintado. Y el más pintado siempre ha sido el Real Madrid, que se presentaba con Isco en la delantera. Una imagen novedosa la de ver al malagueño en línea con los defensas arrancando para el remate (y rematando, de aquella manera) por alto. Más que imagen novedosa, casi almodovariana.
Una ilusión fue el control a pase de Modric del de Arroyo de la Miel en la internada, solo y sin posibilidades que sin embargo encontró con la llegada de su pisha, que disparó flojo. El protagonista era Isco, sin duda, que la ensartaba en el área una, dos, tres veces. Un ensartador casi como un comefuegos en una fiesta jipi. Las mechitas en las puntas de Camavinga contrastaban con sus medias caídas, gordillistas. El patas, madre mía, el patas. Y el magisterio defensivo habitual de Militao. Clasicismos para soñar.
Ayer, hoy y mañana
Un control de Marcelo siempre es un control de Marcelo, Ayer, Hoy y Mañana, como si fuera Marcello Mastroianni acompañado de la Loren. Un control de Marcelo es Marcello y la Loren. El brasileño estaba suelto y era también protagonista. Algo bonito si uno es romántico, pero sospechoso. Llevaba avisando Courtois con el balón en los pies y por poco no dio el cante. Lo peor es que se veía venir. Otra vez esa cosa defensiva que deja al Madrid con la iniciativa anestesiada.
Desaprovechó el Madrid una falta a Marcelo, otra vez Marcelo, en el pico del área. Llamaba la atención el orden del Granada, pero por el desorden del Madrid, peligroso y artístico en las botas de Isco, cuyo baile, su taconeo, relanzó al Madrid. Por poco se marca el Granada en buena contra. Luego Rodrygo en el área tras una devolución del pie preciso de Eduardo, y Kroos, que se atusa el tupé con maneras de peluquero, de primeras por alto.
El Madrid se plantaba rápido arriba, a veces tan rápido que sólo estaba Isco con su cajón esperando al público sobre el escenario
Dejaba espacios el Madrid o los encontraba con finura el Granada, y en el regreso el Madrid se plantaba rápido arriba, a veces tan rápido que sólo estaba Isco con su cajón esperando al público sobre el escenario. Se revolvían muy bien los granadistas. En la media vuelta, en la apertura, en el avance, en la combinación. A esto respondían los locales con salidas de trincheras. Sin pitido del capitán.
Un sombrero y un cabezazo al vuelo de Marcelo precedieron el tirazo de Asensio y el empalme con regusto golfista, por el sonido, de Isco, ambos disparos detenidos por Maximiano, el que enciende las luces de la discoteca antes de cerrar.
Maximiano detiene un lanzamiento
Un pase de Marcelo con el interior lo atrapó Maximiano en la reanudación justo antes de que Mateu Lahoz decidiera inventarse una falta de Valverde que se marchaba como un potro en la llanura. Parecía el Madrid seriamente aleccionado, aunque el plan granadista no había cambiado y seguía surtiendo efecto. No se decidía a tirar de una vez el Madrid en sus buenas aproximaciones, en sus recorridos internos, como buscando la perspectiva perfecta que hacía borrosa la buena defensa rival.
Había que ser un poco como Maverick, el de Top Gun, que disparaba a los MIG rusos sin fijar el objetivo, algo que es un poco la especialidad de Asensio. Rodrygo disparó así, pero encontró aire. El aire que era Maximiano o el proyectil que se pierde en el cielo. Asensio también, que levantaba las manos mirando precisamente al cielo. Cumplido Isco con creces, su lugar lo ocupó Jovic, que a punto estuvo de marcar en una combinación de espaldas con Valverde, un vendaval, y Hazard, recién aparecido también por Rodrygo.
Asensio cristianizado
Volvió Mateu a exhibirse, primero pitando falta de Hazard por pisar fortuitamente en un regate a su defensor, y después sacándole amarilla a la justificada indignación de Modric. Una jugada perfecta para parar el ritmo creciente del Madrid, que no cejó frente al oprobio.
Valverde seguía empujando. La libertad de Delacroix, entre cuyos escombros, tras el robo de Militao, apareció Asensio lanzando su zurda para batir al fin a Maximiano, ese nombre de gladiador. Se quitó la camiseta el mallorquín absolutamente victorioso y cristianizado. Valverde era el tiro de un arado. Un purasangre abriendo surcos para la cosecha.
Parecía un penalti la falta sigilosa a Hazard, pero fue fuera del área en la arrancada. Una frontal que tiró Kroos flojo. Pero el Madrid estaba hecho, reencontrado. Ovaciones a Marcelo y a Modric como en los mejores momentos y Asensio con el vicio de chutar, que lo coja, que lo coja para siempre para ya, al fin, nunca parar.
Ficha técnica:
Granada 0: Maximiano; Quini, Sánchez, Torrente, Neva; Puertas (Raba, m. 71), Gonalons, Milla, Uzuni; Collado (Petrovic, m. 71), Suárez (Molina, m. 63).
Goles: 1-0: Asensio (m. 74).