29 de junio de 2022

José María Rotellar

Los desequilibrios que deberían preocupar a Calviño

La ministra de Asuntos Económicos parece haber olvidado el perfil técnico del que ha alardeado durante mucho tiempo

Parece ser que Nadia Calviño ha dicho de Pablo Casado que está desequilibrado. Según el diccionario de la Real Academia Española, el término «desequilibrado» tiene la acepción de «falto de sensatez y cordura, llegando a veces a parecer loco». Es lamentable que la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Economía recurra al insulto contra el adversario político, síntoma de que ha de emplearlos a falta de argumentos técnicos, pero es todavía mucho más lamentable y grave que lo haga empleando un término que define una enfermedad que pueden padecer muchas personas.
Calviño parece haber abandonado para siempre el perfil técnico del que ha alardeado durante mucho tiempo, para sumergirse en un claro papel político, que trata de revestir con su formación para tratar de dar lustre a un Gobierno, el del presidente Sánchez, que lleva a España al abismo económico. Deriva en la que tiene una enorme responsabilidad la vicepresidenta Calviño: en primer lugar, porque ella es la ministra de Economía y, por tanto, principal responsable de la política económica del Gobierno, junto con el presidente del Ejecutivo. En segundo lugar, porque ella sabe cuál es la realidad de la situación económica; cómo el crecimiento se está ralentizando; cómo se está produciendo retrasos en la gestión de los fondos europeos; cómo, en definitiva, se proyecta desde el Gobierno un escenario económico que difiere muchísimo del real. Como ya he dicho en OkDiario en mi artículo anterior, Calviño se ha prestado ya a interpretar el papel de Solbes en 2008. Si entonces el Gobierno negaba la crisis, ahora niega que la economía vaya a crecer menos de lo que ellos dicen; si entonces, algún año después, el Gobierno dilapidaba miles de millones de euros con el Plan E, ahora no está nada claro que los fondos europeos no se utilicen cortoplacistamente y vuelvan a ser un nuevo Plan E. Y si entonces –ya dimitido Solbes– se hablaba de brotes verdes, ahora la vicepresidenta Calviño asegura que la recuperación es robusta.
La economía ha frenado su recuperación; esto es así y Calviño lo sabe, y sólo el afán por servir políticamente a Sánchez le lleva a sostener una incoherencia incluso matemática, pues para que el PIB de 2021 creciese al 6,5 %, el cuarto trimestre debería crecer entre el 11 % y 12 % interanual y entre el 12 % y el 13 % intertrimestral, cosa que es, a todas luces, imposible –salvo un recálculo hacia atrás de toda la serie de la contabilidad nacional–.
Por eso, Calviño, en lugar de emplear un insulto tan grave y descarnado como el que ha pronunciado por ausencia de argumentos, debería preocuparse de los desequilibrios que tiene la economía nacional, agravados por la política económica de la que ella es responsable:
• El PIB cayó un 10,8 % en el último año completo (2020), frente al 3,7 % del último año completo anterior a la llegada de Calviño al Gobierno (2017).
• El PIB per cápita, que mide la riqueza de una economía, es de 23.690 euros, que es 1.280 euros menor que el que había (24.970 euros) el último año completo anterior a la llegada de Calviño al Gobierno (2017).
• La creación de empresas es 16,8 puntos menor que el ritmo al que se creaban en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• La disolución de empresas es 15,5 puntos mayor que el ritmo al que se disolvían en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• El Índice de Producción Industrial es 7,8 puntos menor al crecimiento que experimentaba en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• El número de viajeros es 1.937.953 viajeros menos que el dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• El número de pernoctaciones es 8.042.675 pernoctaciones menor al dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• El número de turistas extranjeros es 2.954.881 viajeros menos que el dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• La inversión extranjera recibida es 16.894,7 millones de euros inferior a la recibida en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• El IPC no deja de subir, al situarse en el 5,5 % interanual, y es 5,9 puntos superior al dato que había al llegar Calviño al Gobierno.
• La inflación subyacente sube al 1,7 % interanual y es 3,3 puntos superior al dato que había al llegar Calviño al Gobierno.
• El precio del MWh es de 309,2 euros, frente a los 83,55 euros del momento en el que Calviño llegó al Gobierno.
• El déficit público fue en el último año (2020) el 10,95 % del PIB, frente al 3,04 % del último año completo (2017) antes de llegar Calviño al Gobierno.
• La deuda pública cerrará 2021, según el Banco de España, en el 120,4 % del PIB, tras estar en el 120 % en 2020, que son 20,8 puntos más que la deuda sobre el PIB que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
• La tasa de paro juvenil se encuentra en el 38,38 % de la población activa, es decir, 5,24 puntos más que la que había al llegar Calviño al Gobierno.
• Y, por último, el desequilibrio generalizado del cuadro macroeconómico, que se ha vuelto completamente irreal, sobre el que se levantan unos presupuestos que se desequilibrarán por estos cálculos desfasados, en los que la vicepresidenta se enroca, al no querer cambiarlos, pese a que todas las instituciones digan claramente que las previsiones reales están muy por debajo. El último en hacerlo ha sido el Banco de España, que señala un desequilibrio más, que debería preocupar a Calviño: el PIB español crecerá en 2021 dos puntos menos de lo estimado por el Gobierno y en 2022 medio punto menos de lo que afirma el Ejecutivo.
Esos desequilibrios son los que deberían preocuparle a la vicepresidenta Calviño y de los que debería ocuparse realizando reformas estructurales, evitando la derogación de la reforma laboral comprometiéndose con el equilibrio presupuestario, sin subir impuestos que asfixien más a los españoles y procurando generar seguridad jurídica, certidumbre y claridad para que se recupere la actividad económica, el empleo y la prosperidad perdidos desde que la vicepresidenta Calviño llegó al Gobierno.
  • José María Rotellar es profesor de la Universidad Francisco de Vitoria
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