Ciudadanos pasean por la calle Preciados de Madrid
Los jóvenes tardan ahora siete años más en alcanzar el salario de sus padres
La juventud está más expuesta a los vaivenes del ciclo económico y la calidad media de sus ocupaciones es peor
La juventud española lo lleva crudo. Más de la mitad de las personas entre 16 y 29 años viven en hogares con dificultades para llegar a final de mes. Además, el progreso de los ingresos de los jóvenes a lo largo de su vida laboral es mucho más lento que generaciones anteriores.
Son solo algunas de las conclusiones del estudio Presente y futuro de la juventud española, elaborado por la Fundación BBVA y el Ivie que analiza las condiciones de vida de los jóvenes de nuestro país. Con los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 53,2 % de las personas en esa franja de edad tiene dificultades para llegar a final de mes.
Aunque los jóvenes españoles de edades comprendidas entre los 16 y los 29 años tienen rasgos generacionales comunes, los factores socioeconómicos de origen y, muy especialmente, la formación alcanzada, marcan importantes diferencias entre los mismos. Lo hacen principalmente en sus posibilidades de inserción laboral, pero también en otros importantes ámbitos de sus trayectorias vitales. La diversidad de situaciones personales es muy notable y, por esa razón, considerar que los miembros de una misma generación disfrutan o padecen las mismas condiciones de vida y se enfrentan a los mismos escenarios futuros es un error.
La monografía describe cuatro perfiles de jóvenes que se diferencian por su situación y oportunidades. En el grupo más desfavorable, formado por casi un millón de ninis, se encuentra el 14 % de jóvenes que ni estudia ni trabaja. En el lado opuesto, se sitúa el grupo de quienes han contado con un entorno familiar o escolar favorable han alcanzado estudios universitarios y disfrutan de trabajos cualificados, contratos estables y salarios elevados. Entre estos dos extremos, figuran los jóvenes que trabajan, pero de forma irregular y con bajos salarios, y aquellos que han acabado formación posobligatoria y tienen empleos que les permiten disfrutar de cierta estabilidad laboral.
En general, las personas jóvenes están más expuestas a los vaivenes del ciclo económico y la calidad media de sus ocupaciones es peor. El 25,4 % de jóvenes trabaja con contratos a tiempo parcial, 12 puntos por encima de la media del conjunto de la población, y la tasa de temporalidad de la juventud ocupada también dobla el promedio. Una tercera dimensión de su mayor precariedad laboral es la salarial: los salarios de los jóvenes de entre 16 y 29 años son un 35 % inferiores a la media y el progreso de sus ingresos a lo largo de la vida laboral está siendo más lento, pues mientras las cohortes anteriores alcanzaban una base de cotización similar a la media antes de los 27 años, actualmente, los adultos jóvenes a los 34 años todavía no la han alcanzado.
Sin embargo, en torno a esos promedios existen diferencias entre distintos grupos: los jóvenes menos formados tienen menos posibilidades de conseguir buenos empleos y progresar, tanto en estabilidad laboral como en salario, y las mayores ventajas las consiguen los que tienen estudios superiores. Descontado el efecto de otras variables distintas del nivel de estudios, los jóvenes que poseen Formación Profesional de grado superior logran salarios medios un 11,3 % mayores que los jóvenes con solo hasta educación obligatoria y los universitarios consiguen empleos un 33,8 % mejor remunerados.