Donald Trump baja del Marine One en la pradera sur de la Casa Blanca
Los aranceles de Trump en 2018 destruyeron 16 empleos por cada 1 que crearon sin reducir el déficit comercial
Varios informes constatan que los consumidores fueron los principales damnificados por el incremento de los precios
Los aranceles de Donald Trump en 2025 tienen un precedente reciente: los de Trump de 2018. Y el balance no fue nada prometedor, especialmente para Estados Unidos.
En 2018, durante su primer mandato, Trump anunció aranceles del 25 % sobre el acero y del 15 % sobre el aluminio. No obstante, acabó negociando excepciones para muchos países, incluyendo Canadá, México, Brasil, y también la Unión Europea, a través de un sistema de cuotas. A pesar de ello, el impacto no fue precisamente inocuo: la evidencia muestra que destruyeron empleo en EE.UU. sin lograr a cambio reducir el déficit comercial del país.
«En la primera presidencia de Trump, las medidas proteccionistas que puso en marcha la Casa Blanca no redujeron el déficit comercial, que se mantuvo más o menos constante, en torno al 2 por ciento del PIB», trasladan desde el Instituto Juan de Mariana. La guerra comercial con China, cuantifican, costó 57.000 millones de dólares a los consumidores y las empresas de Estados Unidos.
Numerosos informes y estudios académicos demuestran que las restricciones adoptadas generaron problemas para la economía doméstica del país estadounidense, dado que las empresas locales vieron aumentar sus costes y perdieron competitividad. Peterson Economics calcula que, por cada empleo creado en la industria siderúrgica, se destruyeron 16 en sectores consumidores de acero.
Los pagadores últimos acabaron siendo los consumidores, que acabaron desembolsando, de media, 830 dólares más al año que antes de los aranceles, anulando en parte las rebajas fiscales y las políticas de desregulación que Trump puso en marcha durante su primer mandato, de acuerdo con una estimación de la American Economic Association.
Los nuevos aranceles, no obstante, hacen parecer una nimiedad los de 2018. Trump ya ha impuesto una tasa discrecional del 10 %, elevándola al 20 % para la Unión Europea o al 34 % (sobre los aranceles ya impuestos anteriormente) a China. Como consecuencia «Estados Unidos va a tener una situación muy complicada al encarecerse todos los productos importados, desde maquinaria hasta vehículos», resalta Rafael Pampillón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y profesor en IE Business School.
«Esta subida de costes se va a trasladar a los precios», afirma sin ninguna duda el experto, que anticipa una recesión no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, y un fuerte impacto indirecto en España. «Alemania y Francia venden muchísimo a Estados Unidos, y nos compran a nosotros. Si a ellos les va mal, nos irá mal también a nosotros», argumenta.
Aranceles «cero por cero»
El experto urge a la Comisión Europea a encontrar puntos de acuerdo con Donald Trump, eliminando por ejemplo trabas burocráticas a las empresas norteamericanas. En esta línea, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ya prometió este lunes «aranceles cero por cero» en bienes industriales, en un intento por hacer recapacitar a Trump.
En este escenario, S&P prevé un impacto directo «limitado» para las empresas europeas gracias a factores «mitigadores», como la capacidad de producción que muchas ya tienen en Estados Unidos; la posibilidad de incrementar los precios sin ahuyentar la demanda —especialmente en los artículos de lujo— o la opción de buscar nuevos mercados.
La gran excepción es el automóvil, que será, según la agencia de calificación crediticia, el más afectado por los aranceles, del 25 % en su caso. Los aranceles, anticipan, pueden reducir en entre 400.000 y 600.000 unidades las ventas de las grandes automovilísticas europeas: Volkswagen, Stellantis, BMW, Mercedes, Volvo y JLR, destruyendo aproximadamente el 16 % de su Ebitda conjunto previsto para 2025.
Los expertos califican, en cualquier caso, de «obsesión contraproducente» el interés de Trump por reducir los déficits comerciales a cualquier precio. En 2019, cuando la primera presidencia de Trump encaraba su mejor momento económico y aún no se había producido el shock del covid-19, el peso del comercio exterior sobre el PIB rondaba el 26 por ciento del PIB, frente al 36 por ciento de China, el 78 por ciento de México o el 79 por ciento de Alemania. En España, este indicador era del 66 por ciento del PIB en dicho año. Para Estados Unidos, además, el peso de las importaciones y las exportaciones sobre su PIB tocó techo en 2011, cuando llegó a ser del 31 por ciento, y se ha reducido progresivamente desde entonces.
«Los aranceles, lejos de corregir desequilibrios reales, encarecen productos, encorsetan a las empresas, destruyen valor y, paradójicamente, pueden llevar a una situación donde se importe menos no porque haya más producción local, sino porque la economía está empobrecida. El remedio proteccionista puede ser peor que la supuesta enfermedad», constata el Juan de Mariana.