Fundado en 1910
León XIV saluda a la gente mientras se dirige a presidir una vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima de Madrid

León XIV saluda a la gente mientras se dirige a presidir una vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima de MadridAFP

La frase que León XIV improvisó en Madrid y que ha dado la vuelta al mundo

Ante una multitud de medio millón de jóvenes en la Plaza de Lima, el Papa evocó una de las expresiones más célebres de san Juan Pablo II para animar a los presentes al matrimonio y a la vocación sacerdotal: «No tengáis miedo»

Han pasado ya unas semanas desde que la Plaza de Lima se convirtiera en el epicentro de un auténtico 'terremoto' espiritual que pocos supieron prever. No fue solo cuestión de números —más de medio millón de jóvenes abarrotando las calles de Madrid—, sino de un mensaje que tocó algunas de las preguntas más profundas de nuestra época: la fugacidad de las ideologías frente a la verdad de Cristo, la necesidad del silencio para escuchar la voz de Dios y la valentía de responder a la vocación a la que cada persona está llamada.

Tras escuchar los testimonios de varios jóvenes y las palabras de bienvenida del cardenal José Cobo, León XIV respondió a las preguntas planteadas mediante breves intervenciones preparadas. Sin embargo, fueron apenas unas frases improvisadas, pronunciadas al margen del discurso oficial, las que acabaron marcando la noche y multiplicándose después en redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo. Entre todas ellas, hubo una frase que destacó especialmente: «No tengáis miedo del matrimonio ni a formar familias».

La gran cruz instalada en la Plaza de Lima para la vigilia del Papa León XIV con los jóvenes

La gran cruz instalada en la Plaza de Lima para la vigilia del Papa León XIV con los jóvenesAyuntamiento de Madrid

Quizá llamó tanto la atención porque los católicos están 'más acostumbrados' a escuchar el clásico llamamiento a no tener miedo de responder a una vocación sacerdotal o religiosa. De hecho, el propio León XIV se había referido primero a quienes pudieran sentirse llamados al sacerdocio o a la vida consagrada. Sin embargo, poco después quiso ampliar ese mensaje y dirigirlo también a los jóvenes que sienten la llamada al matrimonio, recordando que ambas vocaciones exigen la misma valentía para entregarse por completo.

En una sociedad donde el compromiso se presenta como una amenaza a la libertad o una renuncia a la realización personal, el Papa recordó una verdad esencial de la tradición cristiana: que el matrimonio es también una vocación, un auténtico camino de santidad y de entrega. Por eso, frente a los miedos, las incertidumbres o las dificultades que puedan surgir, el mensaje del Papa conserva toda su fuerza: quien responde a una llamada auténtica de Dios no tiene nada que temer.

Responder a la vocación

La chispa que encendió la plaza surgió al escuchar a una pareja de recién casados. En ese momento, el Santo Padre, con una cercanía que conmovió a los fieles, improvisó: «No tengáis miedo al matrimonio ni a formar familias». En una España marcada por un alarmante descenso de la natalidad y las dificultades en torno a la estabilidad familiar, estas palabras fueron recibidas como un mensaje de esperanza por miles de jóvenes que miran la opción de formar una familia como su vocación.

Pero la valentía que pidió el Papa, como hemos mencionado antes, no se detuvo ahí. Al recordar a algunos de sus referentes espirituales, como san Juan Crisóstomo o el español santo Toribio de Mogrovejo, León XIV volvió a salirse del libreto para dirigirse a quienes sienten una inquietud distinta: «No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia». Fue una invitación a no dejarse paralizar por las dudas y a responder con generosidad a la llamada de Dios.

El valor del silencio en la era del ruido

El Pontífice además dejó otro encargo para la juventud actual, a la que pidió ser la «chispa de una humanidad nueva» frente a un mundo saturado de apariencias, ruido y algoritmos. Su exhortación fue: «¡Sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables». León XIV instó a los jóvenes a buscar la justicia y a vivir con honestidad, siendo «misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales» de nuestro tiempo.

Para lograr este discernimiento, el Papa ofreció una receta sencilla pero difícil en el siglo XXI: el silencio. Explicó que el silencio no es un vacío, sino una decisión activa para reconocer la voz de Dios frente a las ideologías que «pasan» mientras la «verdad permanece». Tras sus palabras, la Plaza de Lima quedó sumida en un silencio sobrecogedor durante la Adoración Eucarística.

Tantos fieles que estuvieron presentes coincidieron en que Madrid pareció detenerse, como si el tiempo se suspendiera para dejar espacio a algo más grande: la acción del Espíritu Santo. Pero además, de ese momento nació una certeza compartida: la de una juventud que ya no quiere vivir de apariencias y que está llamada a cambiar la historia.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas