Tomás Moro, de Hans Holbein el Joven
Santo Tomás Moro: el mártir que subió al cadalso con una sonrisa
Hoy, 22 de junio, la Iglesia celebra la festividad del santo inglés que hizo del buen humor una virtud cristiana y una resistencia frente a la tiranía
La figura de santo Tomás Moro se alza en el calendario litúrgico no solo como el patrón de los políticos y gobernantes, sino como el gran maestro de la alegría en la adversidad. Su vida, marcada por la integridad y la fidelidad a su conciencia, terminó en el cadalso por orden del rey Enrique VIII. Sin embargo, lo que ha quedado para la posteridad no es solo su firmeza doctrinal, sino la extraordinaria serenidad y el buen humor con los que afrontó sus últimos momentos.
Es célebre la anécdota recogida por las crónicas: al llegar al patíbulo, un Moro ya debilitado pidió ayuda para subir los escalones, comentando con ironía: «ayúdenme a subir, que para bajar ya me las arreglaré yo solo». Incluso frente al verdugo, mantuvo esa chispa de ingenio al apartar su barba antes del hachazo, sentenciando que, puesto que su barba no había ofendido al rey, no era justo que fuera cortada.
Contra los «cristianos tristes»
El legado de este humanista se condensa, además de en sus obras, en la famosísima «Oración del buen humor», una petición a Dios para obtener la gracia de saber relativizar las penas del mundo. Una plegaria que podría radicar su sentido en aquella máxima chestertoniana de que «la vida es una cosa demasiado seria como para tomársela seriamente».
A modo de anécdota, es conocido que el Papa Francisco rezaba esta oración de santo Tomás Moro todos los días para pedir la gracia del sentido del humor, algo que consideraba fundamental para convivir con los demás y con uno mismo.
De hecho, el Papa argentino, siguiendo el rastro de Moro, recordaba que el mensaje cristiano es, ante todo, un anuncio de alegría y no una ideología, pues como afirmó en el décimo aniversario de Evangelii Gaudium, «las ideologías no saben sonreír». Frente a la tentación de un cristianismo sombrío o resentido, el ejemplo de santo Tomás Moro invita a redescubrir que un creyente insatisfecho o triste pierde su credibilidad.
En este 22 de junio, la festividad de este santo inglés nos invita a pedir a Dios, como él lo hacía, esa capacidad de encontrar alegría en la vida y de saber comunicar esa felicidad a los demás, incluso cuando las circunstancias externas —como le ocurrió al canciller de Inglaterra— parezcan indicar lo contrario.
La oración del buen humor
y también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo,
con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar
lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante
el pecado, sino que encuentre el modo de poner
las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,
las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no
permitas que sufra excesivamente por ese ser tan
dominante que se llama Yo.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas,
para que conozca en la vida un poco de alegría y
pueda comunicársela a los demás.