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Yolanda Díaz abre la puerta de la OIT, que aspira a dirigir, al sindicato abertzale LAB

Poco le importa a la ministra de Trabajo que la agrupación siga celebrando los asesinatos perpetrados por la banda asesina ETA, según denunció Covite

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda DíazEuropa Press

En la oficina española de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) no sueltan prenda. Porque es tema delicado, sobre todo si no prospera, y porque prefieren que sea Yolanda Díaz quien lo confirme o desmienta. Lo que ocurre es que, pasada ya una semana larga desde la filtración, al no producirse lo segundo, se da por sentado que la ministra de Trabajo está determinada a presentar su candidatura a la dirección general de la OIT antes del 31 de agosto, cuando vence el plazo. Pero tiene que reunir los apoyos necesarios, claro.

De momento, lo que sabemos es que los secretarios generales de CCOO y UGT no son los culpables de que se haya metido en este follón, como se interpretó el día que saltó la noticia. Al menos, eso han dicho. Así que la supuesta petición sindical procedería de fuera de España. Ahora, que la competencia para proponer candidatos recae exclusivamente en los gobiernos, como se ha encargado de recordar Pepe Álvarez.

Y ahí es donde viene el problema, toda vez que el Ejecutivo ya está impulsando el concurso oficial a otro organismo de la ONU: la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura). El aspirante en este caso es Luis Planas. Cualquiera diría que el ministro del ramo se quiere ir antes de que el lodazal de la corrupción acabe sepultando el Palacio de la Moncloa, pero lo cierto es que su elección empieza dentro de un año. A priori no debería afectar a la de la OIT, aunque es harto difícil que España consiga dos puestos de mando en organizaciones de Naciones Unidas con tan poca diferencia de tiempo.

Yolanda Díaz sabe que puesto a escoger, entre ella y Planas, para Pedro Sánchez no hay color. Por eso anda tan entregada a la causa, con una agenda internacional que para sí la querría el Phileas Fogg de la novela de Julio Verne. En los últimos meses la todavía vicepresidenta segunda se ha reunido con un buen número de ministros de Trabajo de países pertenecientes a la OIT. Ha estado hasta en China, haciéndole la pelota, cabe suponer, a la consejera de Estado Shen Yiqin. Y por supuesto asistió a principios de mes en Ginebra a la 114ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo. Allí se vio con más delegaciones que nunca, entre las de Corea del Sur, Sudáfrica, Palestina, Canadá, Chile, Brasil o México. Y también aprovechó para reunirse con la Federación Nacional de Sindicatos de China -siempre China-, y con la Confederación Sindical Internacional.

LAB, que se ha convertido en miembro de la OIT recientemente con el objetivo de defender los intereses de los trabajadores de Euskal Herria, que dicen ellos

Durante su intervención ante el plenario, Yolanda Díaz declamó que «los sentimientos de justicia, paz y seguridad de la OIT no están en venta y los defenderemos con más o menos recursos». Se refería a la crisis financiera que sufre el organismo después de que algunos países, con Estados Unidos a la cabeza, hayan dejado de abonar sus cuotas. El actual director general, el togolés Gilbert Houngbo, ha propuesto una reforma para recortar el presupuesto e intentar un acercamiento con la administración de Donald Trump. Y eso tiene de uñas a los sindicatos europeos, que se están movilizando para presionar a los gobiernos morosos.

Entre ellos, figura LAB, que se ha convertido en miembro de la OIT recientemente con el objetivo de defender los intereses de los trabajadores de Euskal Herria, que dicen ellos. Y hasta ha participado en las sesiones de la Conferencia Internacional de Ginebra después de que el Ministerio de Trabajo lo incluyera en la lista e incluso le permitiera organizar una mesa redonda sobre la reducción de la jornada laboral junto a la Federación Sindical Mundial (FSM).

Poco le importa a Yolanda Díaz que el sindicato siga celebrando los asesinatos perpetrados por la banda asesina ETA, según denunció Covite el pasado mes de enero. “Que vuestros familiares se pudran bajo tierra. Más tenéis que morir, llorones de mierda. Gora Euskalherria askatuta y muerte a los españoles", fue el vomitivo mensaje que recibió el Colectivo de Víctimas del Terrorismo vía mail desde una de sus cuentas oficiales. La ignominia sólo es comparable al pacto de Pedro Sánchez con Otegi.

Habrá que recordárselo a quienes tienen en su mano la posibilidad de convertir a la ministra en la nueva directora general de la OIT. Igual que habrá que recordarles que España lleva varios años incumpliendo el convenio 144 del organismo por su culpa. Tal punto exige «consultas efectivas entre los representantes del Gobierno, de los empleadores y de los trabajadores». Y se da la circunstancia de que Trabajo acumula decenas de violaciones del diálogo tripartito, desde la prioridad de los convenios autonómicos a los planes de movilidad de las empresas, pasando por la extensión de las causas de nulidad de los despidos o la creación de los controvertidos permisos climáticos.

En estos momentos se mantienen abiertas hasta 4.000 mesas de negociación de convenios colectivos, pero Antonio Garamendi asegura que «el ámbito negociador bipartito ha sido invadido reiteradamente por la acción del Gobierno». O sea, que no contenta con sabotear el diálogo a tres bandas, Yolanda Díaz también boicotea las conversaciones entre empresarios y sindicatos con tal de imponer su criterio, según denunciaba la semana pasada el presidente de la CEOE.

Quien lidere la OIT en el próximo mandato debería ser capaz de tender puentes y de escuchar tanto a la patronal como a los representantes de los trabajadores. Existen otras muchas razones, pero sólo por eso la ministra española no parece un perfil adecuado.

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