Ángela de Miguel, tras ser elegida presidenta de Cepyme.
De Miguel, ante el reto de tender puentes en un momento clave para la unidad empresarial
Su victoria afianza la figura de Garamendi al frente de la CEOE, pero también plantea desafíos importantes
La victoria de Ángela de Miguel en las elecciones para la presidencia de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) supone un punto de inflexión en la organización, en un contexto especialmente delicado para el empresariado español.
Su ajustada victoria frente a Gerardo Cuerva –por tan solo 30 votos de diferencia– y las maniobras de la CEOE para garantizar los apoyos han dejado una profunda fractura en la patronal que la vallisoletana tendrá que cerrar. Además, se producen en un momento en el que el Gobierno ha abierto varios frentes en materia laboral y pretende incluir a Conpymes en el diálogo social.
Las elecciones han estado envueltas en una fuerte polémica por la decisión de Antonio Garamendi de presentar un candidato propio, en primer lugar, y por las presiones de la CEOE a las organizaciones territoriales para comprometer su apoyo. En este escenario, De Miguel está obligada a recomponer puentes para garantizar la unidad ante los retos a los que se tiene que enfrentar. Aunque contaba con el aval de Garamendi –144 de las 147 organizaciones adscritas a Cepyme también están asociadas a la CEOE–, el 48 % de los vocales han votado en su contra: un porcentaje suficiente para alcanzar la presidencia, pero que pone en evidencia las diferencias.
A nivel externo, los desafíos son aún mayores. Tras la aprobación de la jornada laboral y los sucesivos incrementos del salario mínimo –un 61 % desde 2018–, el Ministerio de Trabajo acaba de aprobar la reducción de la jornada laboral y quiere abrir el debate para el blindaje del despido. Medidas que afectan principalmente a las pequeñas y medianas empresas. Además, está presionando para incluir a una patronal respaldada por Begoña Gómez y Yolanda Díaz en las mesas de negociación, en un movimiento que rompería el tradicional equilibrio entre patronal y sindicatos y que supondría un golpe a la línea de flotación de Cepyme.
La pregunta ahora es qué perfil mostrará De Miguel con el Gobierno. La ‘radicalidad’ de Cuerva tras la presentación del Manifiesto por la libertad de empresa fue el acicate que inició las desavenencias con Garamendi. Así, De Miguel tendrá que dar «una voz propia y diferenciada», como ella misma señalaba en El Debate, desde una dialéctica marcada por la CEOE, de corte más moderado.
Por último, está el tema de los ingresos. Cepyme cuenta con un presupuesto de apenas 2,6 millones de euros, de los que algo más de la mitad proceden de la CEOE. De Miguel ha asegurado que quiere ampliar el presupuesto y cree que es posible a través de la organización de actividades y la generación de ingresos adicionales, pero no ha concretado cómo lo hará. Desde luego, este incremento ayudaría a garantizar la autonomía de su organización.
El liderazgo de De Miguel, en definitiva, será escrutado con lupa por unas patronales divididas y en un momento clave para las pequeñas y medianas empresas. De ella dependerá desvanecerse como una figura irrelevante dentro del diálogo social o convertirse en la representante que las pymes y el momento requieren. La suerte ya está echada.