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Aula en una escuela pública de Cataluña

Aula en una escuela pública de CataluñaGeneralitat

El hambre y la pobreza infantil hacen perder medio año de escolarización a los niños españoles

Un estudio de Esade confirma el impacto del hambre entre el alumnado: «Disminuye su capacidad de atención y motivación en la escuela»

El nivel educativo en matemáticas y ciencias vuelve a ser el espejo más nítido de una incómoda verdad: la igualdad de oportunidades no existe, sino que todo está vinculado a los apellidos. El rendimiento académico de los 8,3 millones de alumnos que regresan a las aulas durante septiembre depende menos del esfuerzo personal que de factores fuera de su control. El nivel formativo de los padres, el entorno cultural del hogar y hasta, incluso, el barrio en el que nacen tienen más que decir que las horas bajo el flex. «El barrio es el punto crítico donde se bloquean las aspiraciones de la gente para avanzar en la vida», diría Douglas Massey.

La investigación sociológica lleva décadas alertando de cómo el código postal pesa más que el mérito individual, con efectos sobre la educación, la salud y las expectativas de futuro. Hacia esta misma línea se dirigen los últimos estudios de investigadores de Esade, que reconocen la pobreza infantil como el principal motivo del atasco educativo. Hemos asumido ya que teniendo los pies fríos no se piensa bien gracias al dúo musical Pereza. Pero tampoco se consigue con el estómago vacío. La lógica es aplastante y no hay nada más evidente que una alimentación adecuada –en términos de dieta y horarios– es sinónimo de concentración y aprendizaje. «Si los alumnos llegan con hambre, disminuye su capacidad de atención y motivación en la escuela», explica Lucas Gortazar, director de Research y senior fellow de Educación en EsadeEcPol, a este periódico.

Los análisis del Centro de Políticas Económicas de Esade, apoyados en los microdatos de las pruebas internacionales TIMSS (del inglés Trends in International Mathematics and Science Study) publicados en febrero, constatan un empeoramiento del entorno que ha rodeado a los estudiantes entre 2019 y 2023. El resultado es un mayor determinismo social y una menor movilidad, muy especialmente en España y Francia, donde los alumnos arrastran medio año de escolarización perdido en comparación con el resto de países de la OCDE.

Los ascensores sociales de ambos territorios lideran en averías y el bajo nivel de aprendizaje en matemáticas y ciencias reduce notablemente las posibilidades de avanzar. En términos económicos, la brecha tiene un coste estimado de 7.000 millones de euros por cohorte en España.

Hambre, idioma y conectividad

El think thank dibuja unas nuevas generaciones marcadas por el hambre, la poca familiaridad con la lengua de enseñanza y los límites de acceso a equipamiento y conectividad. En concreto, el porcentaje de niños y niñas españoles que declaran llegar con el estómago vacío a clase ha aumentado un 50 % desde 2019. En Francia, casi cinco de cada diez alumnos de cuarto de primaria confiesan sentir hambre todos o casi todos los días.

El plato vacío se ha convertido en el síntoma más visible de cómo la pobreza erosiona la calidad del aprendizaje. A ello se suma la distancia lingüística —un 32 % de los estudiantes españoles apenas habla en casa la lengua de instrucción— y las carencias de equipamiento básico: un 6% de los hogares españoles –un 12% en el caso galo– carecen de acceso a Internet.

«Sabemos la relación directa que existe entre pobreza infantil y rendimiento de matemáticas y ciencias desde hace 60 años cuando empezaron a hacerse los primeros estudios cuantitativos en Estados Unidos. En un contexto como el español donde la vulnerabilidad de este colectivo ha aumentado, explica en buena parte el empeoramiento de los resultados de aprendizaje en ambas áreas», subraya Gortázar.

EsadeEcPol ha extraído el indicador que descuenta el peso del origen social para evaluar lo que aporta el sistema educativo en sí mismo, el conocido como Índice de Calidad del Aprendizaje en Primaria. Nuestro país registra un nivel 18 puntos por debajo de la media de la OCDE, lo que revela que «podríamos ser más ambiciosos con el aprendizaje de las matemáticas y ciencias durante Primaria. Hay políticas educativas ambiciosas que hay que poner en marcha para lograrlo», sentencia el investigador.

Y es que la aplicación desigual de las normas sobre el tiempo de instrucción podría estar explicando parte de la brecha en la «calidad del aprendizaje», dejándonos en una situación en la que, incluso, los alumnos socialmente más favorecidos obtienen resultados relativamente peores frente a la OCDE que los más desfavorecidos.

Una distancia que se agrava porque, mientras la educación se resiente, los programas de apoyo como los comedores escolares o los desayunos universales siguen sin cubrir a toda la infancia vulnerable: en España, «las becas comedor alcanzan solo a 4 de cada 10 alumnos del quintil más bajo de renta».

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