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La Bolsa española está en máximos históricos: nuestras empresas dependen cada vez menos de España

Los inversores están divididos: por un lado, sienten optimismo al ver que los mercados financieros siguen subiendo; por otro, no pueden evitar recordar la crisis financiera de 2008

Palacio de la Bolsa de Madrid

Palacio de la Bolsa de MadridEFE

La Bolsa española vive un momento dulce. Tras años de volatilidad (pandemia, incertidumbres geopolíticas y económicas), el IBEX 35 se está situando en lo más alto del podio europeo en 2025. Algo parece estar cambiando.

Los mercados financieros en España atraviesan una etapa especialmente favorable. El Ibex 35 se ha movido esta semana, en máximos históricos, cerrando por encima de los 16.100 puntos. Es el segundo índice bursátil con mejor desempeño en lo que va de 2025, solo por detrás del surcoreano. Paralelamente, la prima de riesgo (diferencia entre el interés de los bonos españoles y los alemanes) ha caído de 72 a 50 puntos básicos. Está en niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008.

Y no hablamos solo de números. Desde 2008, el IBEX es otro. Más global, más verde, más digital. Las empresas del índice ya no dependen únicamente de la economía española. Más del 65 % de su facturación se genera fuera del país. Es un espejo que empieza a reflejar la importancia mundial de nuestras multinacionales.

¿Representan estas subidas en la Bolsa una señal de que la economía realmente está fuerte, o es solo una ilusión pasajera? Ése es el dilema principal. Los inversores están divididos: por un lado, sienten optimismo al ver que los mercados financieros siguen subiendo; por otro, no pueden evitar recordar la crisis financiera de 2008.

Por qué sube la Bolsa

Detrás de este buen momento bursátil hay varios motores. España está creciendo por encima de la media europea, con una economía que ha sabido recuperarse mejor de lo esperado tras la pandemia. Además, sectores como la tecnología, la educación, las finanzas o la ingeniería han ganado peso. La rápida adopción de la inteligencia artificial también está ayudando a algunos sectores.

El IBEX celebra este cambio de rumbo, como si por fin se hubiese quitado el lastre del ladrillo, y se hubiese sentado a jugar en las grandes ligas. Aun así, la economía española sigue un paso por detrás en lo tecnológico. No tenemos una red potente de startups, semiconductores, circuitos integrados, patentes o IA.

Estamos muy lejos de jugar en la primera división tecnológica mundial. Sin embargo, la economía española se digitaliza, y lo hace de forma acelerada. Como consecuencia, está expulsando del mercado laboral a perfiles de cualificación media-baja, sobre todo jóvenes. También a graduados universitarios. Todo va más rápido. La IA se está comiendo trabajos, desde la programación simple hasta la traducción o el marketing básico. Sube el valor de las acciones, el talento senior cotiza al alza, pero, desgraciadamente, el paro juvenil está aumentando.

No es oro todo lo que reluce

Las dudas vienen también porque los principales socios comerciales de España atraviesan un periodo de estancamiento: Alemania, Francia, Italia y Reino Unido crecen por debajo del 1 %. Si la demanda externa se retrae, las multinacionales españolas verán cómo sus ventas se estancan, y eso se reflejará negativamente en las cotizaciones.

Además, la fuerte llegada de inmigrantes está dando un vuelco demográfico y económico al país: ha aumentado la población activa, se ha creado más empleo y ha aumentado el consumo. ¿Qué supone todo esto? Pues que, aunque la inflación europea se ha calmado, la española está subiendo más de la cuenta, encareciendo nuestros productos dentro y fuera. Perdemos competitividad. Y, si vender fuera se complica, los resultados empresariales caerán. También las acciones.

El crecimiento de la población inmigrante también ha disparado la demanda de vivienda, con subidas astronómicas en los precios de los inmuebles. Al tiempo que presiona la sanidad, los transportes y la educación públicas, que necesitan más recursos para atender a una población mayor y más diversa.

Sin embargo, no estamos en 2008. El IBEX 35 está hoy mejor preparado para capear temporales. Está más diversificado, menos enganchado al ladrillo o al crédito fácil. Y con empresas que ya operan como verdaderas multinacionales.

Aun así, hay riesgos claros. Algunos valores están sobrevalorados, sostenidos por expectativas más que por resultados reales. La transición digital es una oportunidad histórica, sí, pero también un camino desconocido.

La Bolsa, como la historia, nunca se detiene. Lo que hoy vemos es solo el reflejo de fuerzas que ya están en marcha, pero también el preludio de lo que está por venir. La gran pregunta ya no es si el IBEX subirá mañana. La pregunta es si podrá seguir subiendo el año que viene. Para eso las empresas deberán actuar para que eso suceda. Sin olvidar que las decisiones bursátiles no siempre responden a la lógica económica inmediata, sino a expectativas, emociones y dinámicas globales que pueden prolongar tanto la euforia como la caída más allá de lo que cualquier experto pueda prever.

  • Rafael Pampillón Olmedo es catedrático en la Universidad CEU San Pablo y de la Universidad Villanueva.

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