Fundado en 1910

Recomienda contar con una cuenta exclusivamente destinada a las inversiones

Elizabeth Wakefield, asesora y experta en finanzas: «Tener todo el dinero en la misma cuenta es un error»

La propuesta se apoya en una idea central: cada parte del dinero debe tener una función concreta y un lugar asignado

Tener todos los ahorros concentrados en una única cuenta corriente es, según la asesora y experta en finanzas Elizabeth Wakefield, uno de los errores más habituales en la gestión del dinero personal. Así lo explica en un vídeo en el que utiliza una comparación doméstica para ilustrar su planteamiento: «Es como si tú tuvieras en tu casa los calcetines con los tenedores y con las herramientas de los martillos. O sea, no tiene sentido, ¿no?».

En este sentido, Wakefield defiende que, del mismo modo que existen cajoneras y armarios para organizar los objetos en el hogar, las finanzas personales también necesitan una estructura clara. «¿Para qué existen entonces las cajoneras y los armarios? Para poner las cosas en sus sitios», resume.

A partir de esa idea, la asesora detalla cuántas cuentas recomienda tener y para qué sirve cada una de ellas. En primer lugar, plantea la necesidad de una cuenta principal. Es la cuenta en la que se ingresan los ingresos habituales y desde la que se domicilian todos los recibos.

En segundo lugar, propone una cuenta diferente destinada al colchón de seguridad. Idealmente, señala, debería tratarse de una cuenta remunerada. Este dinero, subraya, no está pensado para el gasto cotidiano: «Es un dinero que no vas a necesitar bajo ningún concepto». Su finalidad es cubrir «imprevistos, urgencias e emergencias».

Periodificar el gasto

La estructura se completa con una tercera cuenta, a la que Wakefield denomina de «periodificaciones». Según explica, se trata de dividir determinados gastos para organizarlos mejor a lo largo del tiempo y evitar desequilibrios en la economía mensual.

Además, para quienes ya han dado el paso de invertir, la experta plantea una opción adicional. Recomienda contar con una cuenta exclusivamente destinada a las inversiones, desde la que se reciban los ingresos pasivos y de la que también salga el dinero destinado a nuevas operaciones.

La propuesta de Wakefield se apoya en una idea central: cada parte del dinero debe tener una función concreta y un lugar asignado. De este modo, se evita la confusión entre ahorro, gasto y previsión, y se gana claridad en la gestión diaria de las finanzas. Una decisión que, según su planteamiento, se enmarca en una forma más consciente y organizada de relacionarse con el dinero.