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Hay cifras que no admiten matices. Hay decisiones políticas que no pueden esconderse detrás de discursos. Y hay momentos en los que la realidad golpea con tal fuerza que obliga a mirar de frente lo que durante meses se ha querido ignorar.

España vive uno de esos momentos. Más de cuarenta personas han perdido la vida en accidentes vinculados a infraestructuras cuya degradación no es fruto del azar, sino de una caída brutal y sostenida de la inversión pública. Esa caída tiene fecha, origen y responsables administrativos: en concreto, este Gobierno y, en particular, este ministro: Óscar Puente.

Desde noviembre de 2023, cuando este tétrico personaje llega al Ministerio y se ha dedicado simplemente a atacar a sus adversarios políticos, no puede hoy pedir árnica y ser tratado con dignidad. Él no lo ha hecho y no va a recibir de mí ni respeto ni cariño.

Desde que este fulano llegó al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el gasto ejecutado ha experimentado un desplome que no tiene precedentes en la serie reciente.

El problema es que no puede hablar de recortes presupuestarios aprobados en el Parlamento, porque no tiene presupuestos desde 2023. Lo que estoy diciendo es que el dinero que tenía en 2023 ha cambiado y se ha reducido a pesar de la prórroga de los Presupuestos Generales. Y este tipo, para llevarse bien con su jefe, se ha bajado los pantalones y ha aceptado la reducción de su crédito presupuestario, simplemente por pelota y vago.

Si hubiese tenido el valor que tiene en la red X, habría mantenido su presupuesto inicial y habría dispuesto –no de recursos ilimitados, pero sí– de casi el doble de lo que lleva ejecutado a noviembre de 2025.

Para que tengamos claros los datos, he preparado esta tabla que lo demuestra:

Los datos de la IGAE son tan claros que resultan incómodos.

En 2023 el gasto ejecutado ascendió a 14.503 millones de euros. En 2024 cayó a 10.563 millones. Y en 2025 se ha desplomado hasta los 7.070 millones en el mes de noviembre. En apenas dos ejercicios, el ministerio ha perdido más de la mitad de su capacidad real de gasto: en total, un 51,2 %. No es una oscilación. No es un ajuste técnico. Es simplemente peloteo y desidia.

Pero si el dato global es muy grave y alarmante, lo es más la inversión. La suma de las inversiones reales o directas del ministerio, más las inversiones indirectas –es decir, las transferencias de capital a los Organismos Autónomos que dependen del Ministerio– han pasado de 7.053 millones en 2023 a 3.742 millones en 2024 y a 2.848 millones en 2025. Una caída acumulada del 59,6 %.

En términos prácticos, significa que se han dejado de invertir más de 4.200 millones en infraestructuras esenciales y en el mantenimiento de dichas infraestructuras. No en grandes obras faraónicas, sino en aquello que sostiene la seguridad diaria: mantenimiento ferroviario, conservación de carreteras, renovación de señalización, refuerzo de estructuras, modernización de sistemas críticos.

Sí, la inversión directa se reduce un 24 %, pero la indirecta se evapora. Las transferencias de capital, que son los fondos destinados a entidades como ADIF o Renfe para ejecutar obras y mantenimiento, han sufrido un desplome que roza lo inverosímil. En 2023 ascendían a 3.898 millones; en 2024 cayeron a 1.155 millones, lo cual significa una bajada del 70,4 %; y en 2025 se han reducido, hasta noviembre, a 459 millones, lo cual supone una bajada del 88,2 % en dos años. Ningún organismo público puede sostener la seguridad de una red de transporte moderna con semejante reducción de recursos. Ninguno.

Hasta aquí, el diagnóstico del ministerio ya es muy grave. Pero hay un dato que convierte esta situación en un auténtico escándalo presupuestario: mientras Transportes se hunde, lo que ha sucedido en estos dos años no es que el gasto público haya bajado. Al contrario. En 2023, el gasto público total ascendió a 680.225 millones de euros, pero en 2024 subió a 725.001 millones y en 2025 mis estimaciones están por encima de los 785.000 millones.

España gasta más que nunca en su historia, pero el Ministerio de Transportes ejecuta menos que nunca

España gasta más que nunca en su historia, pero el Ministerio de Transportes –responsable de la seguridad ferroviaria, de la conservación de carreteras, de la movilidad diaria de millones de personas– ejecuta menos que nunca.

El Estado crece, pero Transportes se encoge. El gasto público se expande, pero la inversión en infraestructuras críticas se desploma.

La contradicción es tan evidente que resulta difícil de justificar. No estamos ante un país que recorta porque no puede gastar. Estamos ante un país que gasta más que nunca.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede aumentar el gasto público total en más de 100.000 millones en dos años mientras Transportes pierde más de la mitad de su capacidad inversora?

El ministerio está parado y, cuando este ministerio se para, primero llegan los retrasos, luego los fallos, después los incidentes, luego los accidentes y, finalmente, los muertos.

España ha construido una red que ha sido referencia internacional, pero requiere inversión constante y decisiones rápidas

España ha construido durante décadas una red de transporte que ha sido referencia internacional. Pero esa red no se mantiene sola. Requiere inversión constante, vigilancia permanente y decisiones rápidas. Cuando la inversión se desploma, el deterioro no tarda en aparecer. Y cuando aparece, no lo hace en forma de un titular económico, sino en forma de tragedias humanas.

¿Cómo puede un país asumir una caída del 60 % en inversiones reales y del 88 % en transferencias de capital sin que su red de infraestructuras se resienta?

La respuesta es evidente: no puede. Los resultados están a la vista. Más de cuarenta personas han perdido la vida en accidentes que, según los expertos, se producen en un contexto de infraestructuras tensionadas, envejecidas y con niveles de mantenimiento insuficientes.

Óscar Puente, como Boabdil –el último sultán de Granada, que lloró al perder el último reducto musulmán en España y no supo defender su reino de los Reyes Católicos–, en estos momentos debe de estar llorando por ser tan pelota y vago y no haber sabido defender los intereses de su Ministerio. Por todo ello, la dimisión o el cese deben producirse ya. No hay alternativa.