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El exministro de Defensa, Eduardo Serra, en El DebateFoto y vídeo: Alfonso Úcar

Eduardo Serra: «Sánchez no tiene categoría para ser presidente de un país»

Hablamos con el exministro sobre el panorama nacional e internacional en defensa y asuntos exteriores: Estados Unidos, Trump, Europa, España, Marruecos o Indra, entre otras cosas

Eduardo Serra (Madrid, 1946) fue subsecretario de Defensa en el Gobierno de Adolfo Suárez, secretario de Estado de Defensa en el de Felipe González y ministro del ramo en el de José María Aznar. Más tarde fundó y presidió el Real Instituto Elcano, Airtel (hoy Vodafone) y presidió UBS y el Real Patronato del Museo del Prado. Desde el año 1987 está relacionado con el llamado tercer sector: el de las fundaciones.

En la actualidad preside Transforma España, que tiene como objetivo trabajar con y desde la sociedad civil en soluciones que cimenten el camino hacia la España del Futuro. Estos días conversa con dos posibles socios para una fusión que les convertirá en una entidad más grande para hacer más fuerza en la sociedad civil. La operación podría cerrarse en este semestre. Hablamos con él para preguntarle sobre la situación en España y en el mundo.

—¿Cómo ve nuestro país?

—España tiene una vocación europeísta clarísima, pero Sánchez no tiene categoría para llevar un país. Comparado con otros presidentes como Aznar o González, no tiene talla. Lo suyo es más una impostura que otra cosa. Va contra Israel porque es popular. Subordinar la política exterior a la interior es un error garrafal. Para ser respetado en el exterior, has de tener una línea continuista, y para ello las decisiones en política exterior han de tomarse consensuadamente con la oposición. Aquí se ha hecho un movimiento estratégico que no digo que sea confundido, pero hay que negociarlo: el viraje con Marruecos y Argelia. No puedes hacer lo que se te ocurra. Estás arriesgando que dentro de dos años o dos meses haya otro que diga lo contrario, e inmediatamente tu prestigio baja. A lo mejor Israel te resulta poco simpático, pero tus principales armas tienen componentes israelíes. El Gobierno, la oposición y el mundo empresarial tienen que negociar.

A lo mejor Israel te resulta poco simpático, pero tus principales armas tienen componentes israelíes

—El prestigio cuesta recuperarlo, especialmente con Estados Unidos. ¿Pueden cambiarnos por Marruecos?

—Para analizar esta cuestión, hay dos niveles. El más superficial, que es el nivel político, cambia cada cuatro años. Ahora está Trump, y después vendrá otro. Hay otro nivel, más profundo, que no cambia en cuarenta años. ¿Quién ha decidido el despliegue de las Fuerzas Armadas norteamericanas? No lo decide un presidente; ni siquiera Eisenhower. Estados Unidos tiene algo así como sesenta bases en el resto del mundo, y esa decisión es producto de unos señores que estudian al detalle por qué deben estar donde están. ¿Por qué en Mongolia? ¿Por qué en Kenia? Se tienen en cuenta una infinidad de factores que permanecen en el tiempo. A la luz de esa profundidad, España es un país europeo, cristiano y democrático. Marruecos no es europeo, cristiano ni democrático. Yo creo que Estados Unidos no nos cambiará por Marruecos. No obstante hay que recordar cosas que suelen olvidarse: Marruecos fue el primer país que reconoció la independencia de Estados Unidos. En los Pactos de Abraham fue el primer país árabe en reconocer a Israel. Se lleva bien con Estados Unidos, y ojalá que se siga llevando bien.

España es un país europeo, cristiano y democrático. Marruecos no es europeo, cristiano ni democrático. Creo que Estados Unidos no nos cambiará por Marruecos

—No peligra nuestra base de Rota, entonces.

—Alemania e Italia perdieron la II Guerra Mundial, que terminó en 1945. En 1949 se creó la Alianza Atlántica. El primer cuartel aliado se puso en Ramstein, en Alemania, y el segundo, en Nápoles. Mi opinión personal es que hoy Rota es más importante que Nápoles. Son cosas que están por encima de la superficie política de ahora. Desde ese punto de vista, creo que a España le interesa la amistad íntima con Marruecos, pero hay que hacerlo consensuándolo. El principal riesgo que tenemos con Marruecos es que pierda la estabilidad. Nosotros tenemos una gran estabilidad, que en buena medida la da la monarquía. Ellos tienen unas reivindicaciones y nosotros tenemos capacidad de sobra para defendernos.

—¿Cómo ve Europa?

—Europa tiene un mérito extraordinario. Con solo un 7-8 % de la población y el territorio del mundo, lleva 500 años mandando. Ahora, como dice una vieja teoría, se seguiría la línea del sol: después de haber mandado Europa, le toca el turno a América, y dentro de América, a Estados Unidos. Europa está pasando hoy por unas horas tan bajas como no lo eran desde el siglo XIV. Hace ya muchos años que dejó de ser una potencia militar, luego dejó de ser una potencia tecnológica y ahora está dejando de ser una potencia económica. En los años 80 el PIB de la Unión Europea era similar al de Estados Unidos. Ahora el de Estados Unidos está acercándose al doble. Eso parece anunciar un pesimismo. Recuerdo cuando en los años 80 iba a Estados Unidos a vender la Transición. Acababa diciendo que teníamos el país más joven de Europa. Ya no hay nada de eso. Dentro de la Unión, España va perdiendo peso, a pesar de que el Gobierno dice que la economía va como un cohete. La realidad es diferente. Lo vemos en la cesta de la compra. Los tiempos duros son malos porque son duros, pero forjan los caracteres de las personas y las sociedades. La juventud española está viendo que no va a vivir mejor que sus padres. Son la primera generación que ha perdido el complejo de inferioridad que hemos tenido las generaciones mayores. Viajan y ven cosas evidentes: que no somos más tontos que nadie. Se ve en personalidades españolas que están al frente de empresas muy grandes. Con ellos puede estar empezando un renacer, y hay que darles ánimo y guía de por dónde pueden ir los tiros.

El Gobierno dice que la economía va como un cohete, pero en la cesta de la compra se ve que no es así

Por otro lado, creo que hay un elemento positivo. Lo primero que hace falta en la Unión Europea para que actúe como una unidad es alguien que mande. Europa fue un acuerdo de tres grandes potencias: Alemania, Reino Unido y Francia. Alemania y Francia hicieron la Unión Europea por razones opuestas. Francia estaba harta de que los alemanes les pegaran un bofetón cada cincuenta años. Alemania estaba harta de ese juego continuado de los franceses. Mi experiencia en la Unión Europea y la OTAN es que no mandaba ninguno. Mandaban los tres, y cuando mandan tres, no manda nadie. Ahora hay una posibilidad de que mande el único país que hoy puede mandar en Europa, que es Alemania. El problema es que tiene que saber mandar o liderar. Hasta ahora sus dos intentos han sido una catástrofe. Si lo logran ahora, hay una posibilidad de que Europa juegue un papel importante. Trump está denigrando y expoliando Europa. En los últimos cincuenta años nos hemos abandonado en defensa y hemos confiado en Estados Unidos. Estados Unidos tiene sus propios intereses, y está muy claro hacia dónde van. Trump dijo desde el principio America First. Eso está haciendo que Europa espabile. Alguien ha dicho que Europa ya se ha despertado, pero tiene que levantarse. Puede ser.

La Unión Europea necesita alguien que mande, y tiene que ser Alemania. Solo así podrá jugar un papel importante.

—No se ve a Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, con mucho marchamo de líder.

—No. Que los chinos y americanos estén pensando en el espacio exterior y la bomba de fisión y nosotros estemos con los tapones de las botellas, indica claramente dónde estamos.

Eduardo Serra, durante la entrevista con El Debate

—¿Cómo ve a Estados Unidos y a su presidente Trump?

—Estados Unidos no es solo el líder de las democracias mundiales: es, desde el comienzo, el único país que ha nacido con la democracia. Achaqué a eso que pensaran que la democracia brotaría en Iraq cuando retiraron al tirano. Votan en los consejos escolares, la gente se subleva contra los malos tratos... En el otro plato de la balanza está Trump. No le conozco personalmente, pero me parece que no es un político habitual, y tampoco un empresario. Creo que es más bien un negociante. Cuando pones un una balanza un disruptivo imprevisible como Trump y en el otro una democracia sólida, asentada y secular como Estados Unidos, no tengo dudas de que al final se va a imponer Estados Unidos. Trump está haciendo mucho daño, pero al mismo tiempo está haciendo cosas que me parecen muy bien, como lo de Maduro.

—¿Qué le parece su estrategia internacional, que quiera hacerse con Groenlandia, los problemas en Irán, Ucrania...?

—Tenemos un paisaje poco alentador. Hemos tenido un mundo en el que a mediados del siglo pasado terminó la II Guerra Mundial, y tuvimos la Guerra Fría hasta casi mitad de siglo. En la Guerra Fría había dos poderes enfrentados por razones ideológicas, y el resto del mundo estaba más o menos ordenado. Las tecnologías han traído la globalización. Después de veinticinco años, y con la irrupción no solo de Trump, sino también de China y Rusia, creo que el mundo pronto se va a regionalizar. A lo mejor volvemos a una dinámica de bloques como en la Guerra Fría, algo que no sería bueno. Si el mundo se regionaliza, va a emerger la doctrina Monroe: América para los americanos. Venezuela está en América. Está abriendo la puerta a China y tiene una corriente de inteligencia rusa enorme. Está alimentando a Cuba. Hay fábricas de aparatos de drones en Venezuela que alcanzan a Miami. No me cuesta pensar que en el Pentágono se piense que Venezuela no puede seguir así. La decisión y publicitación de eso la hace Trump, que es capaz de hacer muchas locuras, pero también de hacer cosas razonables. Prescindiendo de la extracción de Maduro, Venezuela me parece un indicio de que van a decir que América para los americanos. Ya hemos visto cómo han puesto sus barbas a remojar los colombianos y los mexicanos. Estados Unidos va y nosotros estamos en una zona de ir. Europa occidental es Occidente. Europa oriental, hay que ver de quién es. África se la han quedado los chinos sin que nos demos cuenta. Asia es más zona de influencia de Rusia o de China.

Parece sensato que alguien de Venezuela pilote la transición hacia la democracia

—¿Le parece bien la actitud de Estados Unidos con Corina Machado?

—Me parece más sensato, más pragmático y menos idealista poner a alguien que vaya conduciendo una transición hacia una democracia. No puedes poner a una persona que los militares y las fuerzas de seguridad probablemente no hayan elegido.

—Siempre que esté bien controlada.

—Claro. La cuestión es que la tercera etapa de las que dijeron, la democratización, llegue cuanto antes. Me parece que, sin ser un experto, en Venezuela hay una banda que se lo ha llevado crudo. En Irán son unos tiranos convencidos. No digo que estén robando, pero el trato a la mujer es incompatible con el mundo de hoy. El petróleo de Irán es esencial para China. Venezuela e Irán son radicalmente distintos. Es demasiado pronto para Venezuela y para que se vaya a Irán, más allá de destruir las instalaciones nucleares. No me encajaría.

—Con este contexto que nos describe, ¿le parece que estamos bien protegidos y que invertimos el dinero suficiente en defensa?

—Cada país tiene que ver cuáles son las amenazas contra su seguridad y estabilidad, y actuar en consecuencia. A unos les sobrará con invertir el 3 % del PIB y a otros les sobrará con el 5 %. No es lo mismo un país centroeuropeo que nosotros, que estamos no solo al borde de una civilización, sino en la frontera del Estrecho, que separa a los dos ámbitos más diferentes del mundo, más que Río Grande al sur de Estados Unidos con México. Aquí las diferencias económicas, religiosas, culturales y políticas son más profundas. A España le interesa muchísimo que la frontera pase del Estrecho al Sahara: alejar el riesgo de la frontera. Por suerte tenemos los océanos. En el Norte está Europa. España ha dicho durante muchos años en la Alianza: Miren ustedes al sur, porque el riesgo puede venir de allí. De esto se deriva que Estados Unidos haya sido consciente del riesgo del sur y de África, con todo tipo de movimientos desestabilizadores, y que desde hace muchos años hayan estado robusteciendo Rota. Debemos tener muy buenas relaciones con Marruecos, y tenemos muchas cuestiones que hablar con ellos, desde la pesca a la inmigración.

A España le interesa muchísimo que la frontera pase del Estrecho al Sahara: alejar el riesgo de la frontera

—¿Está nuestro ejército bien equipado?

—Con el franquismo teníamos un ejército característico de un país poco desarrollado: muy numeroso, ya que hemos llegado a tener 500.000 efectivos, pero muy poco armado. Eso se cambió muy rápidamente. Ya los primeros ministros de Defensa se dieron cuenta de que había que hacerlo. Hoy tenemos un ejército pequeño, bien instruido, preparado y dotado, pero muy pequeño. Necesitamos más unidades, y luego hay que tener en cuenta que está en marcha una revolución tecnológica. Hace más de cien años se hablaba de tres espacios militares: tierra, mar y aire. Hoy hay cinco, añadiendo el espacio exterior y el ciberespacio. No estamos como debiéramos en el ciberespacio. En el espacio exterior, algo hemos hecho con Hispasat, pero ahí hay que desarrollarse. Hay que agrandar y actualizar. Esas son las dos necesidades hoy de la defensa en España.

—¿Le parece apropiada la apuesta por Indra como campeón nacional?

—En los años 90 se hablaba de campeones nacionales, y nosotros no teníamos buenos campeones nacionales. Teníamos, que venían del siglo XVIII, Bazán y Santa Bárbara, y luego teníamos Construcciones Aeronáuticas, las tres en el INI -Instituto Nacional de Industria-. Eran empresas más nacionales que modernizadas, pero no había un campeón nacional. Una era tierra, otra mar y otra aire. Indra venía a solventar eso. Se creó en 1987 juntando tres microempresas que tenía el INI: Equipos Electrónicos, Experiencias Industriales y la Empresa Nacional del Uranio, y una privada que estaba dando un resultado extraordinario, que se llamaba Ceselsa. Hoy es tal la velocidad con la que avanza la tecnología que para seguir esa velocidad es mejor un zorro que un elefante. Hoy no veo tan necesarios los campeones nacionales, pero Indra tiene una cualidad: una especialización que la hace buena y servir en tierra, mar y aire. En cuanto a centrar y focalizar en Indra, hay que tener cuidado: cuando a uno le das preferencia, al final le das la mano y se coge el brazo. Primero hay que vigilar. Segundo, con las cosas que estamos viendo de que el presidente dice que hay que comprar la empresa que tenía antes, eso no resiste un análisis. Por un lado me parece bien lo de Indra, pero por otro lado no me parece tan bien. Por primera vez en decenios, es la hora de las industrias de defensa, y habría que organizarlo bien.