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Análisis económicoJosé Ramón Riera

La deuda vuelve a dispararse en noviembre y España roza los 1,7 billones otra vez

Mientras no se ponga frenos y la deuda siga creciendo a un ritmo que ningún país puede sostener sin consecuencias. Y cuando llegue la factura, no la pagarán quienes la han generado

Hay meses en los que uno tiene la sensación de que la economía española vive en un bucle permanente. Noviembre es uno de esos meses. Después de un octubre en el que la deuda parecía dar un respiro, un espejismo más que una tendencia, el Banco de España acaba de confirmar, lo que ya anticipe en mi artículo del pasado día 26 de diciembre: cuando el Banco de España publique sus resultados de la deuda consolidada del Reino de España bajo el Protocolo de Déficit Excesivo, la deuda volverá a los 1,7 billones y efectivamente así ha sido.

El Estado ha vuelto a pisar el acelerador del endeudamiento. La deuda bajo el Protocolo de Déficit Excesivo asciende ya a 1,698 billones de euros, lo que supone un incremento de 77.699 millones en apenas once meses. Y, como siempre, no se preocupen: en diciembre nos colocaremos los 1,7 billones sin necesidad de ningún esfuerzo adicional. Es lo único que este Gobierno hace sin despeinarse.

Lo más llamativo de esta nueva escalada no es la cifra en sí, que ya es suficientemente preocupante, sino el contexto en el que se produce. Igual que he explicado en artículos anteriores, España está registrando ingresos récord, tanto por la vía tributaria como por cotizaciones sociales.

Seguimos sin un solo control serio en nuestras finanzas públicas, pero lo más bonito va a ser ver como María Jesús Montero y sin despeinarse, intentará colocarnos un déficit por entono de los 40.000 millones y el INE ponernos un PIB Nominal muy cerca de los 1,7 billones para que todo le cuadre a nuestro presidente y se pueda montar su Fondo Soberano, para «acongojar» al Ibex 35 con una frase tan sencilla como «ojito que te cambio por otro como ya hice con Pallete.»

Pero veamos como se ha colocado la deuda entre las tres grandes administraciones de nuestro país, la Central, la Autonómica y la Local, más la Seguridad Social. Hay datos que merecen la pena mirarse con una lupa, similar a la Sherlock Holmes, porque aquí claramente hay un asesino de nuestras finanzas públicas:

Los datos del Banco de España no dejan lugar a dudas. La Administración Central es, una vez más, la responsable casi exclusiva del incremento de la deuda, habrá que llevar al jefe de la banda a los tribunales para que le juzguen por ser claramente el culpable. En lo que va de año ha sumado 75.261 millones, un crecimiento del 5,1 %, muy por encima del resto de administraciones.

La Seguridad Social, por su parte, añade otros 10.005 millones, un aumento del 7,9 %, que confirma que su problema ya no es coyuntural, sino estructural. Además que todos los años suma 10.000 millones más y convertirse claramente en cómplice necesario para la muerte de nuestras finanzas.

Mientras tanto, las Comunidades Autónomas apenas incrementan su deuda en 3.184 millones, un modesto 0,9 %, y las Corporaciones Locales vuelven a hacer lo que llevan años demostrando que saben hacer mejor que nadie: reducir deuda. En noviembre recortan 797 millones, un descenso del 3,5 %.

Es decir, lo mismo que vengo explicando desde hace meses: quien está endeudando al país no son las comunidades ni los ayuntamientos, sino el Gobierno de Pedro Sánchez, que ha convertido la deuda en su principal herramienta de gestión. Y lo hace, además, en un momento en el que los ingresos crecen con fuerza, lo que hace aún más incomprensible o preocupante el ritmo al que se está pidiendo dinero prestado.

El PIB Nominal, como siempre, acude al rescate para maquillar la foto. Con un crecimiento del 4,1 %, hasta 1,659 billones (la suma de los 4 últimos trimestres), permite al Gobierno presumir de que la ratio deuda/PIB apenas sube unas décimas, del 101,6 % al 102,3 %. Pero ya sabemos que esta es una imagen tomada con filtro.

Cuando uno utiliza el PIB Real, el que no se infla artificialmente con la subida de precios, la ratio se dispara del 125,9 % al 129 %. Si alguien cree que esta diferencia es irrelevante, conviene recordar que los mercados no prestan dinero a un país por su PIB Nominal, sino por su capacidad real de generar riqueza. La inflación puede maquillar las ratios, pero no paga las deudas.

Otro dato que conviene no perder de vista es la deuda per cápita, que vuelve a subir. Pasamos de 33.332 euros por habitante a 34.603 euros, un incremento del 3,8 %. Es decir, cada español debe hoy 1.271 euros más que hace once meses. Eso sin que nadie les haya preguntado. La deuda per cápita es, probablemente, la medida más honesta para evaluar la sostenibilidad fiscal de un país, porque elimina el efecto distorsionador del crecimiento demográfico y del PIB Nominal. Y en esa medida, España no solo no mejora, sino que empeora de forma constante.

La consolidación entre administraciones, que resta 7.544 millones al total, apenas sirve para amortiguar el impacto del endeudamiento del Estado. El resultado final es un incremento del 4,8 % en lo que va de año.

La pregunta, una vez más, es por qué. ¿Qué está llevando al Gobierno a endeudarse a este ritmo en un año de ingresos extraordinarios? En artículos anteriores ya planteé dos hipótesis: o bien el Ministerio de Economía y Hacienda está haciendo acopio de caja porque sabe que vienen meses complicados, o bien se está preparando para algún movimiento político o económico que todavía no conocemos. A estas alturas, conociendo la trayectoria del Ejecutivo, ninguna de las dos opciones puede descartarse. Lo único cierto es que la caja del Estado está en niveles nunca vistos y que la deuda sigue creciendo sin freno.

España afronta 2026 con una deuda que rozará los 1,7 billones, con una Administración Central que gasta como si no hubiese mañana y con una Seguridad Social que acumula deuda estructural. Mientras no se ponga frenos y la deuda siga creciendo a un ritmo que ningún país puede sostener sin consecuencias. Y cuando llegue la factura, no la pagarán quienes la han generado.