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Análisis económicoJosé Ramón Riera

El absentismo se dispara y ya estamos en 1,55 millones de empleados que no trabajan

Estamos ante un problema muy serio y si no se actúa, se convertirá en otro grave problema que añadir a la lista de asuntos que España arrastra sin resolver

España está entrando en un territorio peligroso. Un absentismo laboral que crece, se enquista y se normaliza mientras las instituciones responsables actúan como si no fuera con ellas.

Entre enero y octubre de 2025 se han perdido más de 341 millones de jornadas laborales, un 3,2 % más que el año anterior, frente a los 331,3 millones del mismo periodo de 2024. Son 10,5 millones de días más evaporados en solo diez meses.

Si esto lo traducimos a un lenguaje más comprensible, estas cifras equivalen a 1,55 millones de trabajadores ausentes durante un año entero. Estamos en un país de trabajadores «zombis» dentro del país real. Y, sin embargo, no existe nadie en el entorno político capaz de asumir que este problema erosiona la productividad, la competitividad y la sostenibilidad del propio «Estado del bienestar» que sin duda está en su ocaso.

Para que veamos que las cifras son enormemente preocupantes, con los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones he preparado la siguiente tabla:

Los datos del Ministerio muestran que las bajas iniciadas pasan de 7,73 millones a 7,98 millones, un incremento del 3,2 %. Lo relevante no es cuántas bajas hay, sino cómo evolucionan. Lo que evoluciona es la duración.

La media sube ligeramente, de 43,41 a 43,45 días, pero lo hace con un patrón que debería encender todas las alarmas: en mayo, junio, julio y agosto las duraciones se disparan, llegando a superar los 47 días en julio y agosto. Esto podría parecer estacionalidad (julio y agosto), pero desde luego mayo y junio no puede decirse que con medias superiores a 45 días se pueda hablar precisamente de ello, estamos en un sistema que pierde capacidad de control.

El caso de marzo es muy llamativo, las jornadas perdidas crecen un 17,7 %, hasta rozar los 35,3 millones. En junio ocurre algo similar, menos procesos que en 2024, pero más de 34 millones de jornadas perdidas, un 6,7 % más. Cuando un país tiene menos bajas, pero más días perdidos, el problema no es la salud de los trabajadores, sino la salud del sistema.

El absentismo se ha convertido en un espejo incómodo de nuestro modelo laboral y sanitario. Posiblemente lo que está sucediendo puede reflejar puestos de trabajo mal diseñados y climas laborales deteriorados pero, sin lugar a dudas, esto lleva a una sanidad pública saturada con, en 10 meses, 8 millones de procesos iniciados y a los que hay que hacer un seguimiento y desde luego con un sistema de control que carece de eficacia alguna para distinguir entre casos reales y «profesionales del escaqueo».

Pero lo peor de todo es que estamos ante una situación en la que todos los estamentos, tanto los políticos como los médicos, y los inspectores evitan afrontar los problemas.

Tenemos un problema estructural y que hay que cambiar, pero hacerlo exige reformas impopulares y asumir costes electorales. Es más fácil mirar hacia otro lado y dejar que el agujero crezca.

Mientras tanto, España pierde cada mes millones de jornadas laborales como quien pierde agua por culpa de una tubería rota. En agosto, por ejemplo, se esfuman 27,5 millones de días, un 5,8 % más que el año anterior. En octubre, casi 39 millones, otro 2,7 % de incremento. Y así mes tras mes, sin que nadie cierre la llave.

El absentismo no debería ser una estadística más. Porque lo que realmente sucede es que estamos ante un problema muy serio y si no se actúa, se convertirá en otro grave problema que añadir a la lista de asuntos que España arrastra sin resolver: el paro crónico, las pensiones en quiebra, la vivienda inaccesible, la precariedad juvenil, la infrafinanciación de infraestructuras, la corrupción y la parálisis institucional.

La diferencia es que este agujero crece en silencio, a plena luz del día, y sin que nadie en el Gobierno parezca dispuesto a asumir la responsabilidad de frenarlo.