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Un estand durante el primer día de la 46ª edición de Fitur.EP

Fitur, más allá del escaparate: el verdadero motor económico del turismo

La feria madrileña funciona como un punto de inflexión comercial que mueve millones en actividad, contratos e inversión para el turismo español

Unos días al año no hacen daño. Al menos, no cuando se trata de Fitur. La Feria Internacional de Turismo, que acaba de cerrar su 46.ª edición, vuelve a situar Madrid como uno de los grandes escaparates mundiales del sector y confirma un fenómeno muy español: el de posicionar el turismo en la conversación nacional con la misma facilidad con la que lo convierte en tractor económico cada ejercicio.

No obstante, el brillo que envuelve a estos macroeventos complica lo esencial: separar el negocio del relato. Entre la escenografía, la foto oficial y los discursos de «marca país», no siempre es fácil discernir si el alcance de Fitur se traduce en acuerdos e inversión o si su mejor rendimiento se estanca en los titulares y en la autoestima institucional.

A corto plazo, el impulso a la actividad es notable y muy positivo, sobre todo a nivel local. La última edición dejó una huella económica estimada de 505 millones de euros en «la comunidad de la libertad», que diría Ayuso, congregando a más de 255.000 asistentes –de los cuales 155.000 fueron profesionales; un perfil más generoso en términos de gasto, que activa una cadena de valor que trasciende el ocio–.

Por el contrario, el panorama en el largo plazo es más exigente y no se mide ni por la afluencia ni por el aplauso, sino por lo que ocurre cuando se apagan las luces de Ifema. A partir de ese momento, la Feria se juega su condición de motor económico, la cual se determina en las reuniones que se convierten en contratos, en las oportunidades que maduran en inversión y en la demanda que se consolida semanas después.

Rudolf Rannegger, subdirector general de la agencia global de eventos MCI Spain, es contundente y defiende que Fitur funciona como un acelerador de decisiones. «La feria es la plataforma que consolida una demanda que, actualmente, cumple récords. España cerró 2025 con 97 millones de turistas y 135.000 millones de euros en gasto», puntualiza. El retorno, sostiene, se percibe después, cuando baja el ruido. A lo largo de los tres meses posteriores, las peticiones de presupuesto (RFPs) crecen y se activa la tracción comercial. Esta última no tiene la amplificación mediática que generan los cinco días de evento, pero es la que llena la nevera de los más de 3 millones de trabajadores que la industria emplea en temporada alta.

Fitur opera como punto de consolidación y coordinación, acogiendo a los actores globales del turismo en un mismo espacio y acortando los plazos de procesos que, de otro modo, se alargarían durante meses. Los destinos que llegan con propuesta, agenda y capacidad comercial suelen salir con algo más que material promocional: se vuelven con interés inversor y solicitudes de proyecto sobre la mesa. «Existe un patrón claro: los destinos con presencia activa durante las jornadas despiertan un mayor atractivo de inversión en infraestructura hotelera y servicios», explica el directivo. «Su valor reside en concentrar a los decisores clave para cerrar contratos que se ejecutan durante el resto del año».

Cuando se recogen los stands

La feria marca la hoja de ruta del sector y, a día de hoy, está ensanchando su ambición más allá del turismo vacacional. Históricamente, había estado enfocada al ocio, pero el segmento MICE (reuniones, incentivos, congresos y ferias) se ha convertido en su nueva frontera estratégica. La magnitud de la apuesta es relevante: este tipo de turismo ya genera más de 14.000 millones de euros al año a nivel nacional y mueve un gasto medio diario cercano a los 380 euros por viajero (3,5 veces más que el turista de ocio), según el Spain Convention Bureau.

En la práctica, «Fitur permite que ciudades como Madrid, reconocida internacionalmente como destino líder para reuniones y conferencias, den visibilidad a su infraestructura técnica y capten grandes citas internacionales que desestacionalizan la economía». En otras palabras: incorporar el perfil corporativo no es un guiño de agenda, sino una pieza clave para sostener actividad de alto valor durante todo el año, complementando la oferta vacacional tradicional.

A lo largo de los pabellones coinciden gobiernos, aerolíneas, operadores y empresas tecnológicas

El alcance de estas cinco jornadas explica buena parte de su influencia: a lo largo de los pabellones del recinto madrileño coinciden gobiernos, aerolíneas, operadores y empresas tecnológicas; actores cuyos intereses rara vez convergen en tiempo y forma. Una confluencia –anómala en sí misma– que refuerza el peso político y económico de la feria. La cadena hotelera Fergus Group también reconoce Ifema como testigo de nuevos «partnerships entre instituciones públicas y privadas». Un papel que se suma a su rol como plataforma dinámica de conocimiento y termómetro del estado del turismo.

«Desde su creación en 1981, Fitur no era solo un evento de relaciones públicas, sino que constituía el verdadero mercado donde se garantizaba la ocupación de la temporada», analiza David González, director Comercial de la compañía mallorquina. «Con el tiempo, ha dejado de centrarse únicamente en los aspectos ejecutivos, como la firma de contratos, y se ha convertido en un imprescindible para quienes buscan estar a la vanguardia del turismo mundial».

Fitur no se explica solo por lo que ocurre dentro de Ifema, sino por la narrativa de país que proyecta y que permea el conjunto de los siguientes ejercicios turísticos. El encuentro líder para los mercados emisores y receptivos de Iberoamérica no garantiza resultados, pero sí condiciona el terreno de juego y actúa como un engranaje económico de alto impacto para Madrid. Lo que se decide en la capital en enero (y entre más de 10.000 empresas de 161 países) acaba influyendo, para bien o para mal, en cómo se comporta el turismo español el resto del año.