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Un hombre busca botellas junto a un supermercado en Kouvola, Finlandia.Getty Images

La tormenta perfecta que ha llevado a Finlandia a liderar el paro en la Unión Europea

La caída de la contratación, el aumento de la población activa y el tirón de la inmigración disparan el desempleo en el país nórdico

Durante décadas, Finlandia ha sido vista como un referente de estabilidad en la Unión Europea. Pero en los últimos meses, el país ha escalado hasta lo más alto del ranking de paro entre los Veintisiete, superando incluso a economías tradicionalmente más castigadas como España o Grecia. La caída de la contratación en un momento de mayor oferta laboral, junto al aumento de la inmigración y de la participación, ha provocado una tormenta perfecta que empieza a tensar las bases del modelo nórdico del bienestar.

Mientras la tasa de paro media de la UE se ha mantenido relativamente estable en torno al 6 % en los últimos años –con una ligera tendencia a la baja tras la pandemia–, Finlandia ha seguido el camino contrario. Tras tocar mínimos cercanos al 6 % en 2022, el desempleo se ha disparado hasta cerrar 2025 por encima del 10 %, un aumento de más de cuatro puntos porcentuales en apenas cuatro años.

El principal motivo se encuentra en la debilidad de la demanda de trabajo. Después de un fuerte repunte de las vacantes en 2021 y 2022 –cuando se alcanzaron niveles récord por encima de los 110.000 puestos–, la contratación se ha desplomado. Desde entonces, el número de ofertas de empleo ha caído hasta mínimos históricos.

En 2025 apenas se registraban unas 27.000 vacantes, un 22 % menos que el año anterior y cerca de un 75 % por debajo del máximo alcanzado tras la pandemia. Como fichas de dominó, los diferentes sectores han sucumbido al problema de desempleo: primero en sanidad y servicios sociales, después en construcción y, más tarde, en los servicios privados. Solo la industria manufacturera ha mostrado una leve recuperación en los últimos meses.

Este enfriamiento ha coincidido con un crecimiento más débil. La economía finlandesa ha avanzado a un ritmo inferior al de la eurozona, lo que ha reducido la necesidad de contratar personal. Según un reciente análisis del Banco de Finlandia, la relación entre crecimiento y empleo –conocida como ley de Okun– muestra que en los últimos dos años la creación de empleo en Finlandia ha sido anormalmente baja incluso teniendo en cuenta la desaceleración económica.

En la eurozona, por el contrario, aunque las vacantes también han disminuido desde 2022, el ajuste ha sido mucho más moderado y el nivel de empleo se ha mantenido en máximos históricos, especialmente impulsado por el sector servicios y el empleo público.

Aumento de oferta

A esta caída de la demanda se ha sumado un aumento de la oferta laboral. La tasa de participación de la población de entre 15 y 74 años se sitúa en torno al 71 %, uno de los niveles más altos de su historia y claramente por encima de la media de la eurozona. Los mayores de 55 años han prolongado su vida laboral, y otros grupos de edad también han incrementado su presencia en el mercado de trabajo.

Pero uno de los factores más importantes ha sido el fuerte aumento de la inmigración tras la pandemia. La población en edad de trabajar, que llevaba años reduciéndose, ha vuelto a crecer principalmente gracias a la llegada de trabajadores extranjeros. Esto ha ampliado el tamaño de la fuerza laboral a un ritmo cercano al 1 % anual, tanto en Finlandia como en la eurozona, aunque con un impacto especialmente visible en el país nórdico.

El problema es que ese aumento de personas buscando empleo no ha venido acompañado por una creación suficiente de puestos de trabajo. Cuando entran más demandantes de empleo de los que el mercado puede absorber, la consecuencia es un aumento del paro, incluso aunque el número de personas ocupadas no se desplome.

El papel de la inmigración

Un análisis del Research Institute of the Finnish Economy (ETLA) apunta a que cerca del 44 % del incremento del desempleo en los últimos años podría explicarse por el crecimiento de la población inmigrante activa.

A finales de 2024, la tasa de empleo entre los inmigrantes rondaba el 59,6 %, frente a aproximadamente el 73 % del conjunto de la población. Aunque los trabajadores extranjeros representan en torno al 7 % de la fuerza laboral, su peso entre los desempleados es proporcionalmente mucho mayor.

Este fenómeno no se interpreta como una «destrucción de empleo» causada por la inmigración, sino como un desfase entre la llegada de nuevos trabajadores y su integración real en el mercado laboral. Muchos inmigrantes –especialmente quienes llegan por razones humanitarias o familiares– tardan más en encontrar trabajo debido a barreras lingüísticas, educativas o al reconocimiento de sus cualificaciones.

Además, el desempleo de origen extranjero se concentra de forma intensa en la región de Helsinki-Uusimaa, donde se encuentra alrededor del 60 % de los parados inmigrantes del país. Esta concentración agrava los problemas de desempleo estructural, al combinar una fuerte competencia por empleos de baja cualificación con elevados costes de vida.

Un problema de encaje

Los expertos del Banco de Finlandia advierten también de que el país arrastra un creciente desajuste entre las habilidades de los trabajadores y las necesidades reales de las empresas.

La digitalización, los cambios tecnológicos y los ajustes en el sector público han reducido ciertos tipos de empleo, mientras aumentan las exigencias de cualificación en otros. Sin formación adecuada y sin dominio de los idiomas –un factor clave en un mercado exigente como el finlandés–, una parte de los nuevos trabajadores queda atrapada en el desempleo de larga duración.

De hecho, varios estudios subrayan que el riesgo de paro se multiplica entre quienes carecen de formación profesional o de una educación básica suficiente, un problema especialmente acusado dentro de la población inmigrante.

Esta combinación de factores ha provocado una «tormenta perfecta» que está deteriorando el llamado modelo nórdico del bienestar, basado en altos niveles de empleo y una amplia cobertura social. Y no se trata de un fenómeno aislado. Otros países del norte de Europa empiezan a mostrar síntomas similares, como Suecia, que ya registra la tercera tasa de paro más alta de la Unión Europea.