Unos de los trenes involucrados en el accidente de Adamuz
Mario Samper, superviviente del accidente de Adamuz: «Nadie ha asumido responsabilidades. Me siento abandonado»
Los afectados por el accidente de Adamuz van a formar una asociación para pedir responsabilidades por el accidente ferroviario
«De momento no. No me lo planteo ni ahora ni nunca», así de tajante se muestra Mario Samper a quien un mes después de que el Alvia en el que viajaba descarrilara en Adamuz (Córdoba) la simple idea de volver a subir a un tren le resulta «demasiado traumática».
Para él, el viaje no terminó aquel domingo 18 de enero. A día de hoy se despierta «en el tren» y se acuesto «en el tren. Esa es la situación», comenta en una entrevista con EFE en la que se evidencia el trauma que ha dejado en este superviviente una tragedia que se cobró la vida de 46 personas, 28 residentes en la provincia de Huelva.
Samper regresaba de Madrid tras un fin de semana de ocio con su pareja; viajaba en el vagón cuatro del tren Alvia que descarriló tras chocar con un Iryo que se había salido de la vía, y recuerda que lo despertó un golpe «mediano» e «inmediatamente se va la luz, nos quedamos a oscuras y empieza un traqueteo inusual que no era normal».
«El traqueteo fue en aumento y estuvimos, no sé al menos 20 o 25 minutos, una eternidad, parando el tren, que cuanto menos velocidad tenía más se movía, porque claro estaba descarrilando y estaba fuera de las vías», señala.
Hubo un momento, añade, en que «el traqueteo se tornó increíble. Estaban volando maletas, volando personas».
Pese a ello, la ayuda no llegó rápido, asegura que las autoridades tardaron más de una hora en socorrerles porque no tenían constancia de que el Alvia también había siniestrado; «fui yo, junto con otra persona, los que nos dirigimos al tren Iryo a pedir ayuda», explica.
Allí se cruzaron con la Guardia Civil 45 minutos después del accidente: «Pensaban que nosotros estábamos despistados del Iryo y les tuvimos que indicar que no, que éramos del Alvia, que también había descarrilado. Ahí se enteraron».
A pesar de estos primeros momentos, Samper destaca la «maravillosa» labor de los efectivos a pie de vía: «Fue impresionante ver cómo desalojaban a los viajeros con un orden y una capacidad de organización increíbles. Me quedé maravillado con el triaje de los médicos».
«Vamos todos los días al tren»
Un mes después, las secuelas psicológicas son la norma entre los supervivientes. «Tengo constancia de que todos los pasajeros que iban en el tren, al menos con los que tengo relación, estamos bajo tratamiento psicológico», afirma Samper.
«Fue muy fuerte y la mayoría vamos todos los días al tren otra vez. Yo me despierto en el tren y me acuesto en el tren. Esa es la situación. Estamos en tratamiento y bueno, intentando superarlo», remarca.
Sin embargo, ese proceso de recuperación se ve lastrado por lo que define como un vacío de responsabilidad: «Nadie ha asumido responsabilidades, nadie nos ha pedido perdón ni nos ha dado una explicación. Ni desde el Gobierno, ni desde la oposición, ni desde la Junta se han puesto en contacto con nosotros. Me siento un poco abandonado».
Asociación para pedir responsabilidades
Para combatir ese silencio, los afectados han formado una plataforma a través de un grupo de WhatsApp que pronto se constituirá oficialmente como asociación.
Sus objetivos, precisa Samper, son claros, en un primer momento asistencia inmediata a quienes aún no saben cómo gestionar determinadas cuestiones, que los sigue habiendo; pero, fundamentalmente, con esta asociación se persigue buscar la verdad.
«Saber qué pasó, pedir responsabilidades y poner nuestro granito de arena para que no vuelva a ocurrir», eso es lo que persiguen, «queremos ir con una sola voz y pedir explicaciones de qué es lo que ocurre», concluye Samper.