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Chica joven sin llegar a fin de mes

Chica joven sin llegar a fin de mesGetty Images/Kiwis

La precariedad de los jóvenes adultos: casi cuatro de cada diez reciben apoyo económico de sus mayores

España afronta un profundo cambio demográfico marcado por el envejecimiento de la población y el hecho de que cada vez haya menos jóvenes. Esta nueva realidad ha modificado el papel de los diferentes grupos de edad en la economía española.

Los jóvenes tienen una alta dependencia económica de sus familias y del Estado; los españoles de entre 30 y 54 años son el motor productivo, ya que financian una buena parte del consumo público y de las prestaciones sociales; y los mayores de 55 años son el grupo con mayor ahorro medio por persona.

Así se refleja en el informe Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). En él también se observa que las transferencias internas entre miembros de un mismo hogar alcanzan los 130.000 millones de euros al año y «fluyen fundamentalmente desde los adultos y los seniors hacia niños y jóvenes para financiar su consumo hasta su incorporación plena al mercado laboral».

Al margen de este estudio, la Fundación Mapfre publicó hace unas semanas el VI Barómetro del Consumidor Sénior de Fundación Mapfre, en el que se puede observar un cambio de tendencia: más de la mitad de los españoles mayores de 55 años presta apoyo económico de forma regular a su entorno.

El saldo neto de transferencias del grupo sénior es negativo, lo que significa que entregan más de lo que reciben de otros miembros del hogar. «Destacamos esto para desmentir el prejuicio de que las personas mayores solo consumen recursos, cuando se demuestra que siguen siendo pilares fundamentales de sus familias», asegura en declaraciones a El Debate Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre.

Este apoyo se da, en mayor medida, a adultos entre 31 y 54 años. Concretamente, el 38 % de los beneficiarios tienen entre 31-40 años. Este porcentaje baja al 32 % en el grupo de entre 41 y 54 años. Es llamativo, porque, en teoría, estas generaciones deberían poder sostenerse por si mismos.

Esta situación podría empeorar si no se revierte la actual crisis de vivienda que asola el país. Actualmente el 85 % de los mayores de 55 años tiene su vivienda en propiedad, según el Barómetro de la Fundación Mapfre. Pero «si los que hoy tienen entre 30 y 40 años siguen encontrando dificultades para comprar, es muy probable que en el futuro el concepto de ingresos por vivienda sea menor en ese colectivo y las transferencias seguirán al alza», vaticina Fernández Palacios.

A la tensión en el mercado de la vivienda se suman otros factores que merman la capacidad adquisitiva de las familias, como es el caso del encarecimiento de los alimentos y servicios.

Gracias a estas transferencias se evitan situaciones de vulnerabilidad, y el consumo se sostiene. Aunque este último aumenta en la última etapa de la vida, y representa un 39,3 % del total.

Esta situación tiene un impacto directo en la configuración de los mercados y en el desarrollo de la llamada economía sénior, cada vez más relevante en un país donde la longevidad gana peso demográfico y económico.

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