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José María Rotellar

La herencia económica que dejará Sánchez será aún peor que la de Zapatero

Se ha preferido dejar al país sin cuidar de sus infraestructuras ferroviarias, de las carreteras, de los embalses y presas, y con una red eléctrica sometida también a dicho fundamentalismo medioambiental que nos llevó al episodio tercermundista del apagón

Con el presidente Sánchez, España ha dejado de funcionar. Ha incrementado ingentemente el gasto público, gastándose los miles de millones de euros de recaudación adicional derivados de la inflación, tributación silenciosa con la que ha asfixiado más a los ciudadanos, ya de por sí sometidos a una fiscalidad confiscatoria, pero, además de que dicho aumento del gasto es un error, lo ha dedicado a gasto improductivo, a hacer de España un país subsidiados, donde se dan pagas y subsidios sin que en muchos casos sean necesarios, que incentiva la picaresca para no trabajar y vivir a costa de los demás, con supuestos beneficios sociales que paralizan a la economía y suponen un coste imposible para las empresas, especialmente para las pymes, con un igualitarismo salarial que drena salarios a los más preparados, que tienen que emigrar, descapitalizándonos en talento humano, siendo sustituidos por mano de obra poco cualificada, sobre la que no se puede asentar la prosperidad.

Todo ese gasto improductivo ha hecho que no se nutra la inversión, que sólo requería una mínima parte de ese aumento de gasto, pero lo que era necesario, como la inversión, no daba votos a La Moncloa y se ha preferido dejar al país sin cuidar de sus infraestructuras ferroviarias, de las carreteras, de los embalses y presas –algunos, incluso, son derruidos por fundamentalismo medioambiental–, y con una red eléctrica sometida también a dicho fundamentalismo medioambiental que nos llevó al episodio tercermundista del apagón general del pasado veintiocho de abril.

Todo ello, en medio de una inseguridad jurídica creciente, que ahuyenta inversiones envuelta en populismo y en interés personal, todo para mantenerse en el poder, al igual que las concesiones en financiación a los independentistas catalanes, a costa del resto de españoles, las transferencias de competencias en Seguridad Social a los nacionalistas vascos o la regularización de medio millón de inmigrantes, para contentar a Podemos, con su efecto llamada, que constituye un grave problema, con sus costes asociados derivados de la entrada de los mismos en el paraíso del subsidio que ha instalado Sánchez en España.

Como he dicho en diversas ocasiones, hay una España que trabaja y otra que se dedica a holgar a costa de la primera, la cual ya no da más de sí para mantener la economía. El problema es Sánchez y su socialismo extremo, que ha aplicado una política económica nociva para España:

• Ha subido el techo de gasto no financiero en casi cien mil millones.

• Ha subido los impuestos como nunca antes, negándose a deflactar la tarifa del IRPF y consiguiendo un récord de recaudación a base de empobrecer a los agentes económicos, al aprovecharse del incremento de precios para recaudar más al aplicar el mismo tipo sobre una base mayor.

• Ha gobernado sin presupuestos, saltándose la Constitución también en este caso.

• Ha generado inseguridad jurídica, creando impuestos específicos para determinadas ramas de actividad, que detrae inversiones..

• Ha expulsado, con dicha incertidumbre, a la inversión extranjera, de manera que se reciben muchos miles de millones menos que cuando Sánchez llegó al Gobierno.

• Ha descuidado las infraestructuras, como decía, para llevar ese inmenso incremento de gasto que ha aplicado a gasto corriente, empobreciendo a la estructura económica.

• Ha expulsado el talento de nuestras personas mejor formadas, ya que el absurdo igualitarismo salarial hace que las empresas tengan que ajustar costes en las personas más preparadas al estar obligadas a subir el salario de los menos cualificados. Esto hace que sea sustituida mano de obra de gran preparación, que emigra, por mano de obra de baja cualificación.

• Con ello, ha reorientado a la economía hacia los sectores de menor valor añadido, con lo que todavía se deteriora más la productividad española.

• Ha intervenido el mercado de la vivienda, además de no liberalizar suelo, imponer burocracia y fundamentalismo medioambiental, que tensan los precios, dejando sin posibilidad de acceder a una vivienda a los más jóvenes, destruyendo, así, lo que ha sido la base del gran ahorro español.

• Mantiene la protección a los llamados «okupas», que atentan contra la propiedad privada y que perjudica al mercado del alquiler, por la retirada de viviendas del mismo.

• Introduce una bomba de relojería en las pensiones, al no reformarla e incrementar el gasto fiando todo a subida de tipos de cotización.

• Y ha deteriorado a la economía en el medio y largo plazo, a su estructura, para, a base de gasto público, tratar de sostener la economía en el corto plazo.

Ésa es la realidad de la economía que deja Sánchez, más allá de la anestesia del corto plazo. Va a dejar, aunque no se perciba, peor herencia que la pésima que dejó Zapatero en su momento.

  • ​​José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria
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