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Óscar Puente, en la reunión de ministros de Transportes celebrada en Luxemburgo

Óscar Puente, en la reunión de ministros de Transportes celebrada en LuxemburgoMinisterio de Transportes

Puente se queja en Bruselas de los trenes europeos tras amagar con comprarlos en China para Renfe

El ministro critica que los nuevos convoyes tardan hasta ocho años en ponerse en circulación tras su compra

Óscar Puente lleva a Bruselas la presión sobre los fabricantes europeos de trenes. Según denunció el titular de Transportes en la reunión celebrada este lunes con sus homólogos comunitarios, «en ningún caso en los últimos años se han entregado a tiempo los trenes contratados a los principales fabricantes europeos».

Según el ministerio, los convoyes fabricados en Europa arrastran un retraso medio de dos años y medio, que se alarga hasta los tres años en España. Esto implica que los nuevos conjuntos tardan en ponerse en circulación aproximadamente ocho años desde su adquisición.

La queja de Puente llega además cuando el operador público Renfe ha tenido que ampliar en dos semanas el plazo para que los fabricantes ferroviarios participen en la nueva licitación de trenes de alta velocidad, para el corredor Madrid - Barcelona. Un contrato en el que, según El Economista, suenan como principales candidatos Siemens, Hitachi y Alstom, pero no Talgo, sancionada por la compañía dependiente de transportes por los retrasos y problemas de la gama 106 «Avril».

En diciembre Puente viajó a China, siguiendo los pasos del presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, para interesarse por el producto y los plazos de los fabricantes ferroviarios chinos. En una entrevista, a El Periódico, concedida poco después, declaró estar abierto a comprar material ferroviario a empresas chinas, un anuncio que no se ha concretado seis meses después, pero que tampoco se descarta con la licitación aún abierta.

Según Transportes, las causas del retraso de los constructores europeos «son múltiples». Entre ellas, la alta demanda de trenes; procesos de certificación complejos y no unificados; falta de estandarización en la fabricación o inexistencia de un circuito de pruebas a nivel europeo son algunas de las señaladas por el ministro.

«Una multiplicidad de factores que debe abordarse con también múltiples respuestas, adoptadas siempre coordinadamente en el seno de la UE», según el departamento.

Para el ministerio, la solución pasa por celebrar «un diálogo de alto nivel» con altos representantes de todos los agentes sociales, económicos y políticos involucrados en la industria ferroviaria como son los Estados, los fabricantes de trenes o la propia Agencia Europea del Ferrocarril, del que surjan «propuestas concretas que sirvan para revertir este problema que está lastrando la competitividad del sector».

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